lunes, 28 de septiembre de 2026

SOBRE LA PUREZA DE LA JUVENTUD (TEXTOS DE SU SANTIDAD PÍO XII)



Varias veces, en diversas ocasiones, Su Santidad Pío XII ha recordado al mundo cristiano, especialmente a la juventud de hoy, las enseñanzas de la Iglesia sobre la castidad. 

En un mundo que muy frecuentemente ha perdido el sentido y la estima de la pureza, bueno será releer y meditar algunas de las palabras con que el Sumo Pontífice supo exaltar esta virtud a los ojos de la juventud de nuestro tiempo. 

Su obligación es siempre actual.

 «Nos, declaramos... a los educadores y a los mismos jóvenes: el mandamiento de la pureza de alma y cuerpo es valedero para la juventud de hoy día, la cual tiene la obligación moral y, con la gracia de Dios, la posibilidad de conservarse pura. Rechazamos, pues, como errónea la afirmación de   quienes consideran como inevitables las caídas durante los años de la pubertad, de las cuales no habría que hacer mucho caso, como si no fuesen culpas graves.

»Por el contrario, es una regla sabia y obligatoria para el educador, el inculcar claramente el mandamiento como tal y su importancia como ley divina, sin por eso dejar de representar ante los jóvenes las nobles cualidades de la pureza, de forma que los lleven a amarla y desearla por sí misma.» (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Unidos todos con una generosa emulación, esforzaos por reintegrar y restaurar la honestidad y la pureza de costumbres en todos los órdenes: en la educación de los niños, en la formación de una juventud pura, sincera, fiel y celosa de su virtud; en todos los órdenes de la vida del trabajo, en las diversiones, esparcimientos y en el deporte. Si no hacéis esto, hay que dar por perdido el honor del pueblo cristiano, hay que dar por perdida la dignidad humana, porque Dios «no nos ha llamado a la impureza, sino a la santidad» (I Thess., 4, 7). (Al pueblo de Roma, 18 de marzo de 1945.) 

Sus motivos profundos.

a) La dignidad humana y cristiana reclama respeto al cuerpo.

«No olvidéis nunca que, por la gracia, lleváis a Dios en vuestra alma; no olvidéis que esta divina presencia os constituye, no solo en cuanto al alma, sino también en cuanto al cuerpo, en templos santos.

»¿No sabéis —escribía San Pablo en su primera carta a los corintios— que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿No sabéis que vuestros miembros son el santuario del Espíritu Santo, que habita en vosotros, el cual habéis recibido de Dios y que ya no os pertenecéis?» (I Cor., VI, 15 y 19).

«El pensamiento consciente de esta inhabitación divina, esta incorporación a Cristo, ha hecho nacer y desarrollarse a través de los siglos, en los pueblos dóciles al Evangelio, un religioso respeto hacia el cuerpo, que se traduce en un conjunto formado   por la compostura de la persona, las maneras,   actitudes, palabras sabiamente compuestas y mesuradas: la modestia... La conciencia y la gracia infunden en el alma como un sentido que vigila contra los peligros que amenazan a la pureza». (A las jóvenes de Acción Católica, 6 de octubre de 1940.)

b) La verdadera libertad cristiana y la alegría.

«Grabad en la conciencia de los jóvenes el concepto puro de la verdadera libertad, digna y característica de una criatura hecha a imagen de Dios, que es algo muy distinto de la corrupción y el desenfreno... La verdadera libertad hace que uno mismo se decida a querer el bien y a realizarlo, enseñoreándose de sus propias facultades e instintos». (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Otros jóvenes, la inmensa mayoría, son llamados por Dios a ser sus cooperadores en la procreación de nuevas vidas. Haced que conozcan la belleza del amor cristiano; y para prepararlos a la formación de una familia honesta y dichosa, haced que sepan apreciar las alegrías de una pureza sin mancha». (A la J. A. C., 8 de septiembre de 1953.)

c) La condición de toda formación cristiana.

«El Jacismo se ha impuesto como tarea la formación de las jóvenes del ambiente rural. Ahora bien: en el primer plano de esta acción educativa hemos de mencionar la regeneración de la institución familiar. Ya en esa edad las condiciones han de ser las siguientes: la reforma de costumbres demasiado libres, el respeto a la joven, la seria preparación para el matrimonio». (A la J. A. C., 7 de mayo de 1950.)

d) La condición para un hogar feliz.

«La educación de la juventud en la castidad de pensamientos y afectos, en la continencia antes del matrimonio, no es el fin último al que tiende la pedagogía cristiana, sino la prueba de su eficacia para formar el espíritu contra los peligros que amenazan su virtud. El joven que se enfrenta con la dificultad y lucha victoriosamente por la pureza, guardará los demás mandamientos de Dios y será apto para fundar una familia conforme a los designios de Dios».

«¿Cómo esperar castidad y fidelidad conyugales de un joven que nunca sabe vencerse a sí mismo, dominar sus pasiones, rechazar las invitaciones pérfidas y los malos ejemplos y que antes del matrimonio se ha permitido toda clase de desórdenes?» (Al clero y predicadores de Roma, 22 de febrero de 1944.)

La estima que hay que tener.

«Prometed a María ser una juventud pura. 

»A vosotros toca el hacer surgir en pos de vosotros una generación nueva, que presente al Creador sobre el altar, el día de la boda, el tesoro de su pureza intacto e incontaminado.

»Ofreced, pues, a María siempre Virgen y Madre, vuestra inquebrantable promesa de santa pureza. Y que Ella, con su todopoderosa protección, os ayude a observarla fielmente hasta el fin». (A la juventud femenina de Roma, 12 de mayo de 1946.) 

Peligros a que está expuesta en el mundo actual.

 «Se puede decir que es unánime la opinión de que la moralidad de mucha gente está en decadencia. Y no solamente de la juventud de las ciudades. También en el campo, donde antaño florecían sanas y vigorosas las buenas costumbres, la degradación moral ha hecho sus estragos; pues muchos elementos que en las ciudades arrastran al lujo y al placer, tienen ya entrada libre en los mismos pueblos. 

»Es superfluo recordar hasta qué punto se ha usado y abusado de la radio y del cine...; hasta qué punto la radio y el cine, el libro malo, la revista licenciosa ilustrada, el espectáculo indecente, el baile inmoral, la inmoralidad de las playas, han contribuido a aumentar la libertad, la mundanidad, la sensualidad de la juventud.

«Los informes que tenemos de otras regiones, muy diversas entre sí, nos señalan en todo esto hogares en que la juventud ha abandonado toda moral y religión. De todo ello el primer responsable es la   destrucción del   matrimonio, cuya funesta consecuencia ha sido el descenso moral de la juventud». (A la Unión de Mujeres Católicas, 24 de julio de 1949.)

 Condiciones para salvaguardarla. 

a) Huida de las ocasiones próximas. 

«El educador cristiano estimulará a la juventud a evitar las ocasiones próximas de impureza...» (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.) 

«Padres y madres de familia: ¿estáis dispuestos a comprometeros solemnemente a velar, en cuanto podáis, sobre vuestros hijos e hijas, para prepararlos y defenderlos contra todos los peligros que los acechan y para alejarlos de los sitios en que puedan ser arrastrados a la impiedad y a la perversión moral?» (Alocución en la canonización de María Goretti, 24 de junio de 1950.)

b) Hábitos de esfuerzo, de sacrificio y de dominio de sí mismo.

«El educador cristiano animará a los jóvenes a la lucha, sin ocultar la dureza de la misma; los incitará a realizar con valentía los sacrificios que exige la virtud, y los exhortará a perseverar, para no exponerse a abandonar las armas desde el principio sucumbiendo sin resistencia a los malos hábitos». (A la Acción Católica Italiana, 20 de marzo de 1952.)

«Educad a la juventud en la pureza. Ayudadla cuando necesita una palabra de explicación, un consejo, una dirección. No olvidéis, sin embargo, que una buena educación que abarque toda la vida, que enseñe sobre todo el dominio personal, es también la mejor formación para la castidad». (A las mujeres de la Acción Católica Italiana, 24 de julio de 1949.)

«El pastor de almas... debe formar, hacer crecer e instruir en las luces de la fe a una generación que ya desde sus primeros años ha aprendido a pensar santamente, a vivir castamente y a dominarse a sí misma». (Al clero y predicadores de Roma, 22 de febrero de 1944.)

«Al inmoderado afán de placeres y a la indisciplina moral que trata de invadir las filas de la juventud católica, haciéndola olvidar que lleva en sí una naturaleza caída, triste herencia del pecado original, oponed la educación del dominio personal, del sacrificio y del renunciamiento, la educación de la pureza, en especial durante los años en que el desarrollo va llegando a su madurez«.
  (Radiomensaje al Congreso de Educación Católica de Bolivia, 6 de octubre de 1948.) 

c) La modestia o el pudor cristiano.

«Teniendo en cuenta la nobleza que Cristo ha conferido al misterio de la maternidad, se puede concluir cuál ha de ser la fuerte, valerosa y firme actitud de la joven católica frente a publicaciones o espectáculos audazmente sensuales, que solo dejan ver intrigas, adulterios, lenguaje equívoco, cuando no escándalos desvergonzados por su crudeza.» 

»En vuestra mano está la mejor arma y más poderosa para oponeros a semejantes manifestaciones; esa arma es la abstención absoluta...

»Educad a las jóvenes en esta alta y santa dignidad, fuente de protección franca y eficaz de la integridad física y espiritual, Esta dignidad, esta nobleza valerosa e indomable es un don precioso... que realza el valor moral de la mujer, la cual, en su integridad, no se entrega sino a su esposo para la formación de una familia». (A las jóvenes de Ácción Católica, 24 de abril de 1943.) 

«Oh madres cristianas, si supierais las angustias   y   peligros   interiores, las dudas mal contenidas, las   vergüenzas mal reprimidas que preparáis a vuestros   hijos   y   vuestras   hijas, acostumbrándolos imprudentemente a vivir apenas cubiertos, haciéndoles perder el sentido delicado de la modestia, enrojeceríais de vergüenza, y os avergonzaríais de vosotras mismas y del daño que estáis causando a esos hijos que el cielo os ha confiado a fin de que los eduquéis cristianamente.

 »Y lo que decimos a las madres lo repetimos a tantas mujeres creyentes y aun piadosas, que siguiendo tal o cual moda atrevida, son con su ejemplo causa de que otras hermanas suyas, a quienes retenían alejadas muchas vacilaciones, sigan una moda que puede ser para ellas causa de ruina espiritual. Mientras ciertas toilettes (prendas de vestir) provocativas sigan siendo el triste privilegio de mujeres de dudosa reputación y como la señal que las distingue de las demás, nadie se atreverá a adoptarlas. Mas el día en que esta toilette (prenda provocativa) aparezca en personas al abrigo de toda sospecha, ya no habrá miedo de seguir una corriente que acaso lleve a las peores caídas.

 "Se ha observado muy justamente que si las cristianas sospechasen las tentaciones y caídas de que son causa en los demás con sus vestidos (provocativos) y familiaridades, a las que en su inconsciencia dan tan poca importancia, se llenarían de espanto a la vista de su responsabilidad». (A las jóvenes de Acción Católica, 6 de octubre de 1940.)

 d)   Recurso   a   las   fuerzas   sobrenaturales   (oración   y   sacramentos).   

«La   general experiencia de ayer, de hoy y de siempre, atestigua que en la educación moral ni la iniciación sexual ni la instrucción presentan ventaja alguna, sino al contrario, que es gravemente malsana y perjudicial, a no ser que vaya unida a una constante disciplina, a   un   vigoroso   dominio   de   sí   mismo,   al   empleo   sobre   todo   de   las   fuerzas sobrenaturales de la oración y de los sacramentos. Todos los educadores católicos dignos de este nombre y de su misión conocen perfectamente el papel preponderante de las energías sobrenaturales en la santificación del hombre, joven o adulto, soltero o casado». (A los padres de familia de Francia, 18 de septiembre de 1951.) 

«No olvidéis nunca que esta meta (la conquista de la pureza) no puede alcanzarse sin la ayuda poderosa de los sacramentos de confesión y comunión, cuyo valor sobrenatural educativo no podrá nunca justipreciarse como es debido». (Radiomensaje a Bolivia, 6 de octubre de 1948.)

 «Enseñadles (a los jóvenes) a rezar y a sacar de las fuentes de la Penitencia y Éucaristía lo que la naturaleza no puede dar: la fuerza para no caer, la fuerza para levantarse». (A la Acción Católica Italiana, 23 de marzo de 1952.) 

«Es claro que el que no quiere dominarse a sí mismo no lo podrá nunca, y que el que cree poder dominarse contando tan solo con sus propias fuerzas, sin buscar con sinceridad y perseverancia el auxilio divino, se engaña miserablemente(*)» (A las comadronas italianas, 29 de octubre de 1951.)

______________
 (*) Estas últimas palabras se referían directamente a la castidad conyugal, pero valen igualmente para la pureza en general.

No hay comentarios:

Publicar un comentario