jueves, 2 de abril de 2026
AL ALMA, EN LA NOCHE DEL JUEVES SANTO
No busques consuelos, luces ni discursos.
Entra en silencio: el Amor se dispone a entregarse, y no lo reconocerás si no vas desnuda.
Donde hay caridad, allí está Dios.
No donde hay palabras, ni fervores, ni gestos bien compuestos.
Donde el corazón deja de buscarse, donde el querer propio cede, donde amar cuesta y no se retira… ahí, sin ruido, Dios habita.
No fuiste tú quien comenzó.
Fue su Amor el que te reunió.
Andabas dispersa, dividida en mil deseos; y Él, sin que lo merecieras, te trajo a esta mesa.
No te unas a ti misma: déjate unir por Él.
Gózate —pero no como el mundo.
Gózate en Él.
No en lo que sientes, ni en lo que entiendes, ni en lo que posees.
El gozo verdadero no se derrama: se recoge.
Nace donde el alma deja de pedir y comienza a descansar.
Tiembla, pero ama.
Es Dios vivo el que está delante.
No lo hagas pequeño para no temerlo.
No lo vuelvas cercano para no rendirte.
Ama con reverencia; porque sólo ama de verdad quien sabe ante Quién está.
Y mira ahora cómo amas.
No con palabras suaves, sino con verdad.
Ama con corazón sincero.
Sin doblez, sin medida, sin buscarte.
No ames para ser visto, ni para ser respondido.
Ama como Él: sabiendo… y entregándote.
Guárdate de la división interior.
No dejes que el juicio escondido, la sospecha o la herida ocupen tu pensamiento.
La ruptura comienza en lo secreto.
No te dividas por dentro, porque entonces, aun estando presente, ya te habrás ido.
Deja las contiendas.
No sostengas lo que nace de ti.
No defiendas tu lugar, ni tu razón, ni tu imagen.
Hay disputas que no buscan verdad, sino victoria.
Y esas nacen del yo que no ha muerto.
Cesen en ti las luchas que no son de Dios.
Y entonces, en ese vacío que queda, pon a Cristo en medio.
No en los bordes, no como consuelo, no como idea.
En medio.
Que sea Él el centro de tu mirar, de tu amar, de tu sufrir.
Cuando Él ocupa el centro, todo se ordena, aunque todo parezca quebrado.
Quédate.
No huyas.
Permanece en esta noche.
Vela con Él.
Mira cómo ama sin escudo y se entrega sin reserva;
cómo empieza a retirarse del mundo justo cuando más hondo se queda.
Y si la noche te parece amarga, no rehúses su amargura.
Ahí trabaja el Amor con mayor pureza que en todo consuelo.
No se te pide entender.
Se te pide rendirte.
No se te pide abrazar:
se te pide dejarte tomar.
Porque este Amor que ahora se te da, no sólo te visita: te transforma.
Y si perseveras, si consientes en ser purificada,
si aprendes a amar sin poseer, entonces —en lo secreto— comenzarás a ver.
No aún con los ojos, sino con un saber oscuro y cierto.
Y un día, cuando todo haya pasado, cuando la caridad haya consumido en ti lo que no era de Él,
verás su Rostro.
Y el gozo que ahora apenas tocas en pobreza, será entonces inmenso, verdadero, sin fin.
Y entenderás —al fin— que donde hubo caridad, aunque fuese pequeña, aunque fuese herida, aunque fuese en la noche… allí estaba Dios.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)










No hay comentarios:
Publicar un comentario