miércoles, 9 de febrero de 2022

HACE 94 AÑOS FUE MARTIRIZADO EL ARANDENSE LUIS MAGAÑA SERVÍN


 Hoy celebramos el asesinato del Beato Luis Magaña Servín, mártir mexicano y adorador nocturno. 

 Nació en Arandas, Jalisco, el 24 de agosto de 1902. Fue un cristiano íntegro, esposo responsable y solícito; mantuvo sus convicciones cristianas sin negarlas, aun en tiempos de prueba y persecución. Fue miembro activo de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana y de la archicofradía de la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, en su parroquia. 

 Contrajo matrimonio con Elvira Camarena Méndez el día 6 de enero de 1926; tuvo dos hijos, Gilberto y María Luisa, que no conoció. El día 9 de febrero de 1928, un grupo de soldados del Ejército Federal, capitaneado por el general Miguel Zenón Martínez tomó la población de Arandas. 

 De inmediato dispuso fueran capturados los católicos que simpatizaran con la resistencia activa en contra del Gobierno; uno de ellos fue Luis. Cuando llegaron a su domicilio, no pudieron aprehenderlo por haberse ocultado debidamente; fue reemplazado por su hermano menor. 

 Al enterarse del acto, Luis se presentó ante el mismo general Martínez, solicitando la libertad de su hermano a cambio de la suya. Estas fueron sus palabras: "Yo nunca he sido rebelde cristero como ustedes me titulan, pero si de cristiano se me acusa, sí, lo soy, y si por eso debo ser ejecutado, bienvenido y en hora buena. ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!". 

 Sin mayores preámbulos, el militar decretó la muerte de Luis; momentos antes de ejecutarse la sentencia, en el atrio de la iglesia parroquial, Luis pidió la palabra: "Pelotón que me ha de ejecutar: quiero decirles que desde este momento quedan perdonados y les prometo que al llegar ante la presencia de Dios será por los primeros que pediré"; dicho lo cual, exclamó con voz potente: "¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!". Eran las tres de la tarde del 9 de febrero de 1928. Fue beatificado el 20 de noviembre de 2005.

sábado, 5 de febrero de 2022

CARTA QUE ESCRIBIÓ SAN FELIPE DE JESÚS UNA NOCHE ANTES DE MORIR


 Nagasaki, Japón, 4 de Febrero de 1597 

 Queridos padres y amigos:

 La noche pasa rápida. Mañana moriré ejecutado en la cruz, pero no tengo miedo. 

 Mi pensamiento vuelva hacia ustedes y a mi patria querida. 

 Ahora que estoy para recibir el bautismo de sangre, recuerdo que fui bautizado en la Catedral de México, y las veces que asistí a misa en San Franciasco de Plateros. 

 Lamento los años que perdí buscando mis apetitos, egoísta y disipado. Bendito sea Dios que vino en mi ayuda y comprendí que no valía la pena vivir para eso. Quise ser misionero, pero ahora Dios me premia antes del trabajo, concediéndome dar mi vida para probar mi amor. 

 Lamento no haber vuelto a México, aún cuando apenas fuese un día; pero volveré. Estoy cierto de que volveré para decirles a todos, que la verdadera vida por la que vale la pena vivir, es la vida eterna. 

 Paz y bien 

Fray Felipe de Jesús.

Oración:

 “¡Por la cruz en que expiraste, San Felipe de Jesús, haz que el pueblo mexicano su gloria encuentre en la Cruz!”

VOLVER A LA TIERRA

"Las ciudades destruyen las costumbres" 
José Alfredo Jiménez


 Señor, soy un labrador. Mi piel tiene el sabor y el color de la tierra. He visto durante más de setenta años nacer el sol. La tierra ha bebido miles de veces el sudor de mi frente y de mis brazos. Pero he sentido también el gozo de saborear las cosas genuinas. Y en ellas me ha parecido encontrar todavía el frescor de la creación.

 ¿Me equivocaré Señor, cuando te siento presente en todo lo que me regala mi tierra no contaminada por la vil explotación del consumo?

 Yo me he sentido vivo en el agua limpia de mis fuentes y de mis arroyos. En el pan amasado por mi mujer, cocido en el horno de mi pueblo: un pan sólo pan; en el vino hecho con las uvas de mi viña madura y fecunda como un poema bíblico.

 Te he sentido al saborear el fruto de mis cerezos y de mis manzanos, de mis perales y de mi huerta. Son frutos que no han perdido el sabor del sol ni de la lluvia.

 A los setenta años de comunión con todo lo que me regala la creación, hoy me encuentro en la ciudad, donde nadie se acuerda de nuestras tierras, donde a nadie le interesa ya nuestro pan-pan y nuestro vino-vino.

 Mis hijos pensaban que todo aquí sería mejor, más grande, más divertido, más fácil… Sí, hay más hierro, más cemento, más gente, más coches, más cines, más ruido y más dinero: más iglesias también. Pero poco se puede rezar. 

 Siento la rebelión de mi sangre. No logro dormir porque oigo el lamento angustioso de mi tierra que protesta y llora y se arrastra por las calles y mercados, humillada, escondiendo su vergüenza. 

 Sí, porque la sociedad, por amor al dinero, ha deshonrado lo mejor de tu creación. El hombre, que debería seguir la obra que Tú comenzaste, para hacerla cada día más auténtica y más rica, se ha apoderado de ella para mecanizarla, adulterarla y sofisticarla. 

 Aquí el agua no es el agua que cantó Francisco de Asís: está sucia y contaminada. Aquí el pan no es el pan: es un producto químico. Aquí el vino no se hace con las uvas de nuestras viñas: es agua teñida. 

 Aquí la fruta no tiene sabor a sol: es de plástico. Aquí todo tiene sabor a laboratorio, a medicina: ha perdido el gusto de la tierra. 

 Todo sabe a lucro, a especulación, a explotación. Déjame, Señor, que grite mi dolor. Préstame por un momento la rabia de tus profetas, porque tengo ganas de maldecir. 

 No maldeciría la técnica ni la ciencia, si fueran capaces de servir a la naturaleza para perfeccionarla, de multiplicar el pan sin que deje de ser pan, -como lo multiplicaron tus manos-, de hacer el milagro de que los frutos de la tierra pudieran llegar a todas las mesas pero sin que la manzana dejase de ser manzana y sin que la lechuga perdiese su sabor a tierra y la leche su sabor a hierro. 

 Yo maldigo proféticamente la tierra puesta al servicio del lucro y no de la vida. 

 Ya que nadie me escucha, ya que todos me miran como a un loco, deja que pueda gritar al menos a Ti mi indignación y mi angustia: ¡Nos están envenenando! 

 Tengo miedo de que los hombres acaben comiendo cemento o billetes de banco. 

 Señor, coge de nuevo tu látigo y recorre el gran templo de la sociedad y golpea los nuevos mercaderes: échales fuera, porque están convirtiendo la casa de tu Padre, tu creación, en una cueva de ladrones, donde ya no es posible rezar a Quien nos regala el pan de cada día.

 Perdóname, Señor, pero hoy me marcho: dejo la ciudad, dejo "el progreso". Sacudo el polvo de mis sandalias y me vuelvo pobre a mi tierra.

 No es cobardía, ni evasión, ni nostalgia estúpida. No es condena al verdadero progreso. Es miedo a perder mi dimensión profunda de hombre. Miedo a oler demasiado a cemento y a hipocresía. Miedo a no poder seguir rezando con el lenguaje puro de la tierra, del sol, del viento y de la lluvia. Miedo a olvidarme de que el hombre vale más que lo que construye.

 Y ¿cómo podríamos seguir siendo hombres si prostituimos cada día, sutil pero diabólicamente, la tierra que nos da el ser y el gusto de la encarnación? 

 Desde mi tierra, pobre y solo, no me olvidaré de mi prójimo. Por él te haré cada mañana, al nacer el día, esta oración: 

 "Que los hombres sean capaces de descubrir todavía el sabor a pan".

jueves, 3 de febrero de 2022

EN LA HORA POSTRERA


"¡Oh Señor y Salvador nuestro, ayúdanos en aquella hora con la fuerza de tus Sacramentos y la suavidad de tus consuelos! Que las palabras de absolución desciendan sobre mí, y el santo óleo me unja, y tu Cuerpo sea mi comida, y tu Sangre que rocíe. Que mi dulce Madre María respire sobre mí, y mi ángel me susurre paz, y mi querido padre San Felipe (Neri) me sonría, de modo que yo obtenga el don de la perseverancia y muera, como deseo vivir, en Tu fe, Tu Iglesia, Tu servicio y Tu amor."

 John Henry Newman.

miércoles, 2 de febrero de 2022

VANIDAD


"Vanidad es, pues, buscar riquezas perecederas y esperar en ellas. 
También es vanidad desear honras y ensalzarse vanamente. 
Vanidad es seguir el apetito de la carne y desear aquello por donde después te sea necesario ser castigado gravemente. 
Vanidad es desear larga vida y no cuidar que sea buena. 
Vanidad es mirar solamente a esta presente vida y no prever lo venidero. 
Vanidad es amar lo que tan presto se pasa y no buscar con solicitud el gozo perdurable." 

 Tomás de Kempis