sábado, 18 de septiembre de 2010

A CRISTO REY


A CRISTO REY

Oh Príncipe absoluto de los siglos,
oh Jesucristo, Rey de las naciones:
Te confesamos árbitro supremo
de las mentes y de los corazones.

La turbamulta impía vocifera:
"No queremos que reine Jesucristo";
pero en cambio nosotros te aclamamos,
y Rey del universo te decimos.

Oh Jesucristo, Príncipe pacífico:
Somete a los espíritus rebeldes,
y haz que encuentren el rumbo los perdidos
y que en un solo aprisco se congreguen.

Para eso pendes de una cruz sangrienta,
y abres en ella tus divinos brazos;
para eso muestras en tu pecho herido
tu ardiente corazón atravesado.

Para eso estás oculto en los altares
tras las imágenes del pan y el vino;
para eso viertes de tu pecho abierto
Sangre de salvación para tus hijos.

Que con honores públicos te ensalcen
los que tienen poder sobre la tierra;
que el maestro y el juez te rindan culto
y que el arte y la ley no te desmientan.

Que las insignias de los reyes todos
te sean para siempre dedicadas
y que estén sometidos a tu cetro
los ciudadanos todos de la patria.

Glorificado seas, Jesucristo,
que repartes los cetros de la tierra;
y que contigo y con tu eterno Padre
glorificado el Paráclito sea.
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