miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿QUÉ ES EL MODERNISMO?


Herejía o mejor, compendio de herejías surgido en el seno de la Iglesia a comienzos del siglo XX bajo el influjo de la filosofía y de la crítica moderna, con la (falsa) pretensión de elevar y de salvar la religión y la Iglesia Católica a través de una renovación radical.

Autores principales: en Francia Leroy y Loisy, en Inglaterra Tyrrel*, en Alemania Schell, en Italia los autores (anónimos) del “Programa de los Modernistas”, que no tienen originalidad, pero repiten ideas de otros; obstinado seguidor y defensor del Modernismo fue E. Bonaiuti.

El Papa San Pío X sancionó dos documentos contra el Modernismo: el Decreto del Santo Oficio “Lamentabili” (3 de julio de 1907, DB, 2001 ss.) y la Encíclica “Pascendi” (8 de septiembre de 1907). El primero consiste en una serie de 65 Proposiciones condenadas, la Encíclica es un lúcido y profundo análisis de las teorías modernistas en contraste con la sana filosofía y con el patrimonio de toda la doctrina cristiana. Para hacerse una idea exacta del Modernismo basta leer este documento pontificio, que, no obstante las protestas de los Modernistas, con el pasar de los años, se ha demostrado siempre más objetivo y eficaz. (Asimismo este Papa decretó el juramento-antimodernista).

El Modernismo es una híbrida amalgama de catolicismo verbal con un real racionalismo naturalista, en base a tres falsos sistemas filosóficos:

1) Agnosticismo (del Kantismo), que pone juntos subjetivismo, fenomenismo y relativismo, desvalorizando el conocimiento racional.

2) Inmanentismo, por el cual la conciencia humana lleva en sí virtualmente toda verdad, también aquella verdad divina, que se desarrolla bajo es estímulo del sentido religioso (de la doctrina de Kant y de Schleiermacher).

3) Evolucionismo radical, por el cual la verdadera realidad no es el ser, sino el devenir dentro y fuera del hombre (de Hegel y más todavía de Bergson).

LAS PRINCIPALES HEREJÍAS DEL MODERNISMO

Consecuencias de índole religiosa (son estos errores):

a) Imposibilidad de demostrar un Dios personal, distinto del mundo.

b) La religión y la revelación son un producto natural de nuestro subconsciente y el dogma es la expresión provisoria, sujeta a una perenne evolución.

c) La Biblia no es un libro divinamente inspirado, sino que debe ser estudiado críticamente como libro humano, sujeto a errores.

d) La ciencia no tiene nada que hacer con la Fe: el crítico como tal puede negar aquello que admite como creyente.

e) La divinidad de Cristo no es producto de los Evangelios, sino que es fruto de la conciencia cristiana.

f) El valor expiatorio y redentor de la muerte de Cristo es una opinión de San Pablo.

g) Cristo no ha instituido la Iglesia ni el primado de Pedro, pasado luego a los Romanos Pontífices: la actual organización eclesiástica es la resultante de humanas contingencias y puede cambiarse continuamente.

h) Los Sacramentos fueron instituidos de los Apóstoles, que creían así interpretar las instrucciones del Maestro. Estos Sacramentos sirven solamente a mantener vivo en los hombres el pensamiento de la presencia del Creador siempre benéfica.

i) El dogmatismo rígido de la Iglesia Romana es inconciliable con la verdadera ciencia, que está ligada a la evolución universal y sigue su suerte.

San Pío X concluye justamente que el Modernismo, en razón de estos principios deletéreos, conduce a la abolición de toda religión y, por tanto, al Ateísmo.

Fuente: Pietro Parente, Antonio Piolanti, en “Diccionario de Teología Dogmática”, 1943. Tomado de El Refugio.
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*NOTA DE CATOLICIDAD tomada de R. García de Haro:
Turmel, Loisy, Tyrrell son personalidades complejas y confusas, a menudo desconcertantes: durante años practican -ejemplarmente, en apariencia- una fe con la que han roto del modo más radical en su corazón -así lo confesarán más tarde-, a cuya destrucción consagran todas sus energías. A los once años, contará Houtin, su certificado de estudios había dado a Loisy «la vaga suposición de la gloria a la cual pueden conducir los trabajos del espíritu»; y esta gloria se convirtió para él en una fiebre en la que había de quemar toda su vida. Ya en el Seminario comienza a acariciar el proyecto de una puesta al día del cristianismo. Antes de cumplir los 30 años, entre 1883 y 1886, ha abandonado todas sus creencias teológicas. Sin embargo, se incrusta insinceramente en la Iglesia para reclutar compañeros para su empresa de reformar la Iglesia, cuando opina que es irreformable y ha de ser exterminada como el más grande enemigo del progreso. En una perpetua dualidad, juega siempre a oscurecer su pensamiento con la expresión que le da. Cuando en 1902 publica L"Evangile et l’Église hace cerca de 20 años que no tiene fe: sin embargo, dejará que sus amigos -p. ej., Mons. Mignot- defiendan su sinceridad y su fe, enfrentándose al juicio del Magisterio. Aún a los más íntimos oculta su incredulidad fundamental -sólo una vez, creyéndose a las puertas de la muerte, desvelará su secreto a Houtin-, y mantendrá esta postura hasta salir de la Iglesia. Sus escritos autobiográficos (Choses passées, París 1913; Memoires pour servir a l"histoire religieuse de nótre temps, París 1930-31) revelarán la evolución de su alma: ese secreto brutal que da la clave de una vida de cálculo y de engaño e insinceridad aparentemente al servicio de grandes ideales, que procura teñir con los más nobles colores, pero con un único fin «real aunque inconfesable: su gloria, nada más que su gloria». Por eso, señalará Houtin, sus éxitos no le satisfacieron, porque eran incapaces de cubrir el abismo entre la misión de que se quería investir y la inmensa soledad de su pobreza de alma.
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