sábado, 29 de noviembre de 2025
LOS MISTERIOS DE LA ORACIÓN
Una oración debe ser pronunciada estando profundamente conscientes de cada palabra. Las causas de ello se esconden no sólo en el hecho de que, de otro modo, sería una irreverencia ante Aquel a quien ella está dirigida, sino también en lo subsiguiente. La verdadera oración, el verdadero mensaje de la oración, no sólo consiste en las palabras mismas, sino principalmente en la actitud del corazón, en aquello que a partir del corazón atrae hacia Dios.
Si una oración es pronunciada con profunda consciencia, vivida profundamente, podrías considerarlo como si en el alma se abrieran “receptores”: canales que hacen que el alma se haga receptora a las fuerzas de Dios. El alma percibe realmente el significado que se esconde tras las palabras que pronuncian los labios. Con ello nace en el alma un deseo de realización, de hacer realidad las palabras pronunciadas, con lo que el alma reacciona como una flor que tiene hambre de la luz del sol: se abre completamente.
Por esta razón el alma que ora profunda y conscientemente, puede comenzar a sentirse unida con Dios. En ella todo es anhelo por lo celestial, y la luz divina se derrama completamente en esa alma. Este efecto nunca lo experimentará un alma que ora rápidamente y sin sentimiento, mecánica o automáticamente.
Este fenómeno explica por cierto también porqué un alma que ha sido llamada para ello, puede experimentar estados de verdadero éxtasis durante la oración meditativa y contemplativa: Los deseos del alma pueden llegar a ser tan idénticos con los deseos de Dios, que el alma afluye completamente en Nosotros, y así comienza a tomar parte de la perfecta paz de corazón que es característica del corazón de Dios.
La paz de corazón se caracterizará básicamente por el flujo de la voluntad de Dios, en la del alma. Para alcanzar esa paz, el alma debe desear como primer paso la unidad con Dios (y con su Santísima Madre) y esforzarse por dejar escapar de sí toda percepción mundana. Por esta razón el alma debe saber vaciarse, para llegar a una oración fecunda.
Esta circunstancia es también la causa de la realidad de que almas santas reciben ciertas impresionantes concesiones a sus ruegos, si se dirigen a Dios o a la Santísima Virgen. Saben cómo sincronizarse tan totalmente con el corazón de Dios y con el corazón de la Madre, que ambos pueden hacer fluir torrentes de gracias en esas almas, sin ningún impedimento.
Podemos ser instados a comprar un alimento, porque está empacado en una lata que tiene una etiqueta especialmente atractiva. Sin embargo podríamos preguntarnos: El contenido de la lata sabe mejor (o su valor alimenticio es mayor) en la medida que la etiqueta es más atractiva?
Básicamente es para Dios un ofensa cuando el alma le habla con palabras vacías. Se habla de palabras vacías cuando el corazón no participa realmente. No son las palabras de los labios, sino son los sentimientos del corazón los que expresan nuestro deseo de entrar en contacto con Dios. Si el corazón está vacío de amor anhelante, nuestras lindas palabras parecerán antes bien un intento de engañar a Dios en lo que respecta a nuestro amor a Él.
Sin embargo nosotros no podemos reunir todos los días el mismo ardor en la oración, pero lo que cuenta es el deseo y en todo caso el esfuerzo de penetrar realmente en el corazón de Dios.
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