martes, 9 de febrero de 2010

NUESTRA MÚSICA: EL SON JAROCHO


Historia

Los orígenes del son jarocho se remontan al siglo XVIII en donde la música venida de España, primordialmente de la zona de Andalucía y de las Islas Canarias adquiere un carácter muy peculiar en nuestras tierras al mezclarse con las influencias africanas que pululaban la cuenca del caribe en esas épocas y el sustrato indígena que poblaba originalmente estas tierras.

Sones como “El chuchumbé”, “El jarabe gatuno” y otros bien pueden ser los antecedentes directos de los diversos sones que pueblan el territorio nacional, entre los que está el son jarocho. Santiago de Murcia ya recrea en a mediados del siglo XVIII algunos “sones de la tierra” que evidentemente abarcaban los universos afromestizos en los que el son jarocho se estaba forjando.

Sevillanas, fandanguillos, bulerías, garrotines, peteneras desde España ya eran resultado de una mezcla bastante interesante de la música árabe con la tradición gitana, melodías judías y música bizantina.

El siglo XX encuentra al son jarocho conformado en la forma en que lo conocemos actualmente. Para la década de los veinte en pleno auge reformador vasconcelista, la Secretaría de Educación, se dio a la tarea de investigar y recopilar las diversas manifestaciones populares de las diferentes regiones de México y entre ellas estaba por supuesto Veracruz, con lo que el son jarocho empezó a ser conocido en el centro de la república. Personas como el músico español Vicente Ruiz Maza y el mexicano José Acosta en 1925 financiados por la Secretaría de Educación Pública se dedican a rescatar y transcribir en la pauta lo que escuchan.

Entre los integrantes de esta primera ola de músicos jarochos estaban Lorenzo Barcelata y Andrés Huesca. Entre sus aciertos está, sin duda, el de haber establecido el son jarocho, en un ambiente muy cargado hacia el son jalisciense y con una competencia fuerte del son huasteco.

El son jarocho, ampliamente conocido y difundido en todo el territorio mexicano florece en la planicie sur oriental, desde el puerto de Veracruz, los Tuxtlas, Catemaco, hasta Minatitlán y Coatzacoalcos, incluyendo los pueblos de la Cuenca del Papaloapan y la región llanera al sur de Tuxtepec.

La acentuación rítmica del son jarocho es la más compleja dentro del repertorio de sones, lo que probablemente muestra la influencia negra en esta región. El carácter jarocho tiene una alegría y una emotividad que se reflejan directamente en su música. La instrumentación habitual consta de arpa, requinto jarocho y jaranas. En Tlacotalpan se ha estilado el uso del pandero y en la región de los Tuxtlas, el arpa ha desaparecido y ahora se emplea una variedad grande de jaranas que van, en disminución de tamaño, desde la segunda hasta el llamado mosquito.

En las otras regiones acompañan los sones el arpa, el requinto, la jarana y eventualmente una guitarra sexta. La versatilidad del cantante en la improvisación de las coplas y la habilidad de las parejas en el zapateo se agregan para conformar la gracia y la vitalidad del son jarocho.


La Iguana con Lila Downs (voz) y Celso Duarte (arpa):



El Jarabe Loco con Eugenia León y el Trío Los Morales



Balajú con Jorge Negrete y el Trío Calaveras



La Bamba con Mono Blanco


El Aguanieve con Son de Madera


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1 comentario:

  1. No hay como la música de mi Veracruz. Y como dijo el Santo Padre: "¡Sólo Veracruz es bello!".

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