domingo, 11 de enero de 2015

LA HUMILDAD, CONDICIÓN PARA ENTRAR AL CASTILLO INTERIOR

Las Moradas del Castillo Interior (o más simplemente:
 Las Moradas) es el último libro que escribió Santa
 Teresa de Jesús . Según muchos, su mejor obra; y una
 de las cumbres de la mística cristiana y de la prosa
 española del Siglo de Oro. 

El deseo de orar es bueno, el gusto en la oración es señal de Dios, el intento de provocar el sentimiento de consolación, ya no hay seguridad de que de Dios sea, porque lo de Dios es gratuito.

Hay una actitud para iniciar y consolidar la vida de oración y el camino espiritual: la humildad. Lo que no esté ungido de humildad puede estar infectado de vanidad, orgullo, afán pretencioso.

Santa Teresa de Ávila nos instruye, como maestra de oración, en la necesidad de practicar la humildad, aun en las más altas estancias del Castillo Interior.

HUMILDAD

“Verdad es que no en todas las moradas podréis entrar por vuestras fuerzas, aunque os parezca las tenéis grandes, si no os mete el mismo Señor del castillo. Por eso os aviso, que ninguna fuerza pongáis, si hallareis resistencia alguna, porque le enojaréis de manera, que nunca os deje entrar en ellas. Es muy amigo de humildad” (Moradas VII, 4, 2).

“La humildad siempre labra como la abeja en la colmena la miel, que sin esto todo va perdido. (Moradas I, 2, 8)

“Mientras estamos en esta tierra no hay cosa que más nos importe que la humildad”. (Moradas I, 2, 9)

El Señor os lo dará a entender, para que saquéis de las sequedades humildad y no inquietud, que es lo que pretende el demonio (Moradas II, 1, 9).

“Y creedme que no está el negocio en tener hábito de religión o no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo, y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad, sino la suya. Ya que no hayamos llegado aquí ­como he dicho­ humildad, que es el ungüento de nuestras heridas; porque, si la hay de veras, aunque tarde algún tiempo, vendrá el cirujano, que es Dios, a sanarnos” (Moradas III, 2, 6).

En el discernimiento espiritual, para saber si algo es de Dios o no, una nota importante es descubrir si va en humildad. “Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante ­a mi parecer sin considerarlo, sino de presto­ esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad (Moradas VI, 10, 7).

Ángel Moreno.

¿DE QUÉ TRATA "LAS MORADAS DEL CASTILLO INTERIOR" DE SANTA TERESA?



Comienza con una metáfora que explica sus dos títulos: “.… considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas…y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma… la puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración…”.

Desgrana la oración en 7 moradas (frente a las cuatro etapas que comenta en el Libro de la Vida).

Después de describir con detalle cada grado de oración y los efectos que dejan en el alma con refuerzo de virtudes, y lo que podemos hacer de nuestra parte para que el Señor quiera darnos las gracias místicas hay dos importantes conclusiones.

La primera es que estas gracias: “… no piense alguna que es sólo para regalar estas almas, que sería grande yerro; porque no puede su Majestad hacernos mayor regalo que es darnos vida que sea imitando a la que vivió su Hijo tan amado; así tengo yo por cierto que son estas mercedes para fortalecer nuestra flaqueza –como aquí he dicho alguna vez– para poderle imitar en el mucho padecer. Siempre hemos visto que los que más cercanos anduvieron a Cristo nuestro Señor fueron los de mayores trabajos…” (Moradas 4,4 y 4,5).

O dicho más resumido, los favores y gracias místicas: “…procuremos alcanzar, y no para gozar, sino para tener estas fuerzas para servir.” Moradas (4,12).

La segunda habla de la prevención a los que pretenden ser muy espirituales: “… poco me aprovecha estarme muy recogida a solas haciendo actos con nuestro Señor, prometiendo y proponiendo de hacer maravillas por su servicio, si en saliendo de allí, que se ofrece la ocasión, lo hago todo al revés.” (Moradas 4,7).

Y esta otra advertencia, aún más dura: “… ¿Sabéis qué es ser espirituales de veras?: hacerse esclavos de Dios, a quien, señalados con su hierro que es el de la †, porque ya ellos le han dado su libertad, los pueda vender por esclavos de todo el mundo… así es que, hermanas, para que lleve buenos cimientos, procurad ser la menor de todas y esclava suya…”.(Moradas 4,8).

Las Moradas son una alegoría de los grados de la vida espiritual, yendo desde la ascética hasta la mística. Una doctrina segura, vivida; y en la pluma salerosa de Teresa de Jesús la grande, Teresa la santa de Ávila.

LEE AQUÍ O DESCÁRGATE LA OBRA: El Castillo Interior o las Moradas de Sta. Teresa

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