domingo, 3 de mayo de 2015

EL CELO AMARGO por el papa san Pío X

  • LA CARIDAD ES UNA PARTE DE LA VERDAD REVELADA QUE NO SÓLO DEBEMOS CREER Y PREDICAR, SINO TAMBIÉN PRACTICAR
  • TENER LA RAZÓN O LA VERDAD NO NOS PERMITE VIOLAR ESTA VIRTUD
  • INCREPAR CON ACRITUD O REPRENDER CON VEHEMENCIA RESULTA DAÑOSO Y CONTRAPRODUCENTE
"Oh Dios mío!, dadme un celo discreto, prudente, a fin de que obre en todas las cosas fortiter et suaviter, con fortaleza, pero al propio tiempo suavemente, con mansedumbre con una santa prudencia". San Antonio María Claret.


“¿A quién se le oculta, Venerables Hermanos, ahora que los hombres se rigen sobre todo por la razón y la libertad, que la enseñanza de la religión es el camino más importante para replantar el reino de Dios en las almas de los hombres? ¡Cuántos son los que odian a Cristo, los que aborrecen a la Iglesia y al Evangelio por ignorancia más que por maldad! De ellos podría decirse con razón: Blasfeman de todo lo que desconocen. Y este hecho se da no sólo entre el pueblo o en la gente sin formación que, por eso, es arrastrada fácilmente al error, sino también en las clases más cultas, e incluso en quienes sobresalen en otros campos por su erudición. Precisamente de aquí procede la falta de fe de muchos. Pues no hay que atribuir la falta de fe a los progresos de la ciencia, sino más bien a la falta de ciencia; de manera que donde mayor es la ignorancia, más evidente es la falta de fe. Por eso Cristo mandó a los Apóstoles: Id y enseñad a todas las gentes.

“Y ahora, para que el trabajo y los desvelos de la enseñanza produzcan los esperados frutos y en todos se forme Cristo, quede bien grabado en la memoria, Venerables Hermanos, que nada es más eficaz que la caridad. Pues el Señor no está en la agitación. Es un error esperar atraer las almas a Dios con un celo amargo: es más, increpar con acritud (aspereza) los errores, reprender con vehemencia los vicios, a veces es más dañoso que útil. Ciertamente el Apóstol exhortaba a Timoteo: Arguye, exige, increpa*, pero añadía, con toda paciencia.

“También en esto Cristo nos dio ejemplo: Venid, así leemos que El dijo, venid a mí todos los que trabajáis y estáis cargados y Yo os aliviaré. Entendía por los que trabajaban y estaban cargados no a otros sino a quienes están dominados por el pecado y por el error. ¡Cuánta mansedumbre en aquel divino Maestro! ¡Qué suavidad, qué misericordia con los atormentados! Describió exactamente Su corazón Isaías con estas palabras: Pondré mi espíritu sobre él; no gritará, no hablará fuerte; no romperá la caña cascada, ni apagará la mecha que todavía humea.

“Y es preciso que esta caridad, paciente y benigna se extienda hasta aquellos que nos son hostiles o nos siguen con animosidad. Somos maldecidos y bendecimos, así hablaba Pablo de sí mismo, padecemos persecución y la soportamos; difamados, consolamos. Quizá parecen peores lo que son. Pues con el trato, con los prejuicios, con los consejos y ejemplos de los demás, y en fin con el mal consejero amor propio se han pasado al campo de los impíos: sin embargo, su voluntad no es tan depravada como incluso ellos pretenden parecer. ¿Cómo no vamos a esperar que el fuego de la caridad cristiana disipe la oscuridad de las almas y lleve consigo la luz y la paz de Dios? Quizás tarde algún tiempo el fruto de nuestro trabajo: pero la caridad nunca desfallece, consciente de que Dios no ha prometido el premio a los frutos del trabajo, sino a la voluntad con que éste se realiza”.

San Pío X, E Supremi Apostolatus, primera encíclica de su pontificado. 4 de octubre de 1903.

*Increpar en su sentido de reprender con severidad

3 comentarios:

  1. Ahí les hablan sedevacantistas.

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    1. Ya le respondimos en Facebook que si bien CATOLICIDAD no concuerda con esa postura (sedevacantismo), no pongamos dedicatorias exclusivas, pues éste es un defecto (el celo amargo) tan común y generalizado ¡en tantos!. Analicemos cada uno, con sinceridad ante nuestra conciencia y ante Dios, si no es nuestro propio caso y recemos con caridad por los que incurren en él. ¡Qué Dios nos abra los ojos a todos! Recordemos cuál es el signo para reconocer a los discípulos de Jesús: que se aman unos a otros. Hasta el error debe ser combatido CON FIRMEZA, pero sin quebrantar la caridad. Si amas corregirás al que yerra, pero sin celo amargo.

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      CATOLICIDAD

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  2. Sostener TODA la doctrina católica no es andar de "flores y rosas", como alguien comentó en Facebook. Se puede pecar tanto de omisión (no defender la Verdad virilmente cuando es ésta una obligación de todo católico) como contra la caridad, cuando lo que se busca no es la conversión del errado sino hacer notar que los que tenemos la razón somos nosotros. Toda lucha que no busca advertir el error por el bien del prójimo, no busca la salvación de las almas sino la exposición de nuestros criterios. Hoy en día se peca por ambos lados. San Pío X sabía bien lo que decía cuando enseñó: "Es un error esperar atraer las almas a Dios con un celo amargo: es más, increpar con acritud (aspereza) los errores, reprender con vehemencia los vicios, a veces es más dañoso que útil. Ciertamente el Apóstol exhortaba a Timoteo: Arguye, exige, increpa*, pero añadía, con toda paciencia." ¡Cuánta sabiduría de este santo pontífice! Luego, no hay que pecar en ninguno de estos extremos. Ni omisión (como la de tantos clérigos modernistas a los que se les puede etiquetar con las palabras del Evangelio: "perros mudos" porque no dan la voz de alarma para defender a su rebaño) ni falta de amor al prójimo. Nuestra lucha es por la honra de Dios y por la salvación de las almas, no para desahogar nuestro temperamento ni para ostentar que poseemos la verdad y ellos son los errados. Se trata de atraer almas a la Verdad y que logren salvarse. Otro asunto distinto es denunciar a los lobos con piel de oveja que actúan de mala fe. La caridad impele a denunciarlos y advertir al rebaño. El error se denuncia siempre para defensa de la Verdad y de modo tal que ésta pueda ser aceptada y reconocida por quienes yerran para que puedan rectificar. La defensa de la Verdad no debe ser abstracta sino tener un fin y buscar un resultado para el bien y la salvación de las almas.

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