miércoles, 24 de noviembre de 2010

RUINIDAD DE LOS MEDIOS PARA DESINFORMAR SOBRE LA POSTURA DE LA IGLESIA RESPECTO AL PRESERVATIVO

"Las perspectivas de la Humanae Vitae siguen siendo válidas...la Iglesia no ve a los preservativos como una solución real y moral": Benedicto XVI
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Con relación a las frases de Benedicto XVI sobre el preservativo en la entrevista proporcionada a Peter Seewald para el libro "Luz del Mundo" y publicadas parcialmente y fuera de contexto, y -además- mal traducidas por L´Osservatore Romano, se ha causado un gran revuelo mundial y una confusión de grandes proporciones dirigida contra la enseñanza moral de la Iglesia Católica que condena cualquier método artificial de control natal.

La prensa mundial y las grandes agencias informativas han orquestado toda una campaña de confusiones, de manera mal intencionada, aprovechando los errores de diario oficioso del Vaticano. Se ha hecho creer maliciosamente que la Iglesia Católica puede modificar su postura en asuntos morales y que aprueba ya el uso de los preservativos.

Veamos los HECHOS:

EL PAPA NO HABLA, EN ESTE CASO, COMO SUPREMO PASTOR DE LA IGLESIA

En primer término, se trata de una simple entrevista ofrecida por Benedicto XVI a un periodista y no un acto formal del magisterio de la Iglesia Católica, pues éste se expresa por otros conductos. Es decir, se trata de opiniones personales de Benedicto XVI que no encierran el ejercicio magisterial supremo del Romano Pontífice ni conllevan la prerrogativa de la infalibilidad pontificia.

En la misma entrevista Benedicto XVI señala:

"Obviamente el Papa puede tener opiniones personales equivocadas. Pero como he dicho: cuando habla como Pastor Supremo de la Iglesia, en la conciencia de su responsabilidad, entonces ya no expresa su opinión, lo que pasa por su mente en ese momento. En ese momento él es consciente de su gran responsabilidad y, al mismo tiempo, de la protección del Señor; por lo cual, con tal decisión, no llevará a la Iglesia al error sino que, por el contrario, garantizará su unión con el pasado, el presente y el futuro, y sobre todo con el Señor. Este es el nudo de la cuestión y esto es lo que perciben también las otras comunidades cristianas".

Como se puede notar por lo expresado por Benedicto XVI, la doctrina definida infaliblemente por el magisterio estará siempre en plena sintonía con el pasado, el presente y el futuro sin contradicción alguna. Algo muy distinto que cuando sólo "expresa su opinión", esto es "lo que pasa por su mente en ese momento", como sucedió al momento de dar esa entrevista. Por ello también señala en la misma: "Las perspectivas de la Humanae Vitae siguen siendo válidas".

¿QUÉ FUE LO QUE "PASABA POR LA MENTE" DE BENEDICTO XVI CUANDO HABLÓ DEL PRESERVATIVO EN ESA ENTREVISTA?

Esto fue lo que declaró como su opinión personal. Responde, así, a la pregunta del entrevistador:

“El viaje a África fue totalmente desplazado en el ámbito de las publicaciones por una sola frase. Me habían preguntado por qué la Iglesia católica asume una posición irrealista e ineficaz en la cuestión del sida. En vista de ello me sentí realmente desafiado, pues la Iglesia hace más que todos los demás. Y sigo sosteniéndolo. Porque ella es la única institución que se encuentra de forma muy cercana y concreta junto a las personas, previniendo, educando, ayudando, aconsejando, acompañando. Porque trata a tantos enfermos de sida, especialmente a niños enfermos de sida, como nadie fuera de ella.

"He podido visitar uno de esos servicios y conversar con los enfermos. Ésa fue la auténtica respuesta: la Iglesia hace más que los demás porque no habla sólo desde la tribuna periodística, sino que ayuda a las hermanas, a los hermanos que se encuentran en el lugar. En esa ocasión [vuelo a África en marzo de 2009] no tomé posición en general respecto del problema del preservativo, sino que, solamente, dije -y eso se convirtió después en un gran escándalo-: el problema no puede solucionarse con la distribución de preservativos. Deben darse muchas cosas más. Es preciso estar cerca de los hombres, conducirlos, ayudarles, y eso tanto antes como después de contraer la enfermedad.

"Y la realidad es que, siempre que alguien lo requiere, se tienen preservativos a disposición. Pero eso solo no resuelve la cuestión. Deben darse más cosas. Entretanto se ha desarrollado, justamente en el ámbito secular, la llamada teoría ABC, que significa: “Abstinence-Be faithful-Condom!” [Abstinencia-Fidelidad-Preservativo], en la que no se entiende el preservativo solamente como punto de escape cuando los otros dos puntos no resultan efectivos. Es decir, la mera fijación en el preservativo significa una banalización de la sexualidad, y tal banalización es precisamente el origen peligroso de que tantas personas no encuentren ya en la sexualidad la expresión del amor, sino sólo una suerte de droga que se administran a sí mismas. Por eso, la lucha contra la banalización de la sexualidad forma parte de la lucha porque la sexualidad sea valorada positivamente y pueda desplegar su acción positiva en la totalidad de la condición humana.

"Podrá haber casos fundados de carácter aislado, por ejemplo, cuando un prostituto utiliza un preservativo, pudiendo ser esto un primer paso hacia la moralización, un primer acto de responsabilidad a fin de desarrollar de nuevo una consciencia de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere. Pero ésta no es la auténtica modalidad para abordar el mal de la infección con el VIH. Tal modalidad ha de consistir realmente en la humanización de la sexualidad".

-Pregunta al Papa: ¿Significa esto que la Iglesia Católica no está por principio en contra de la utilización de preservativos?

-Respuesta de Benedicto XVI: "Es obvio que ella no los ve como una solución real y moral. No obstante, en uno u otro caso pueden ser, en la intención de reducir el peligro de contagio, un primer paso en el camino hacia una sexualidad vivida de forma diferente, hacia una sexualidad más humana".

(Fragmento del libro-entrevista Luz del mundo en el que Benedicto XVI aborda la cuestión del uso del preservativo, páginas 130 a 132).

Recuérdese que son frases coloquiales que expresan las opiniones personales que pasan por la mente en el momento de una simple entrevista y no son un acto predeterminado del Romano Pontífice que manifieste la postura del magisterio de la Iglesia.

¿QUÉ PUBLICÓ L´OSSERVATORE ROMANO?

En el último párrafo donde Benedicto XVI responde a la primera pregunta, L´Osservatore Romano traduce ERRÓNEAMENTE la palabra alemana “männliche Prostituierte” que significa en realidad “prostituto” y no prostituta, como traduce el diario oficioso del Vaticano; y es necesario puntualizar que Benedicto XVI está hablando del preservativo como herramienta contra el SIDA y no del preservativo como herramienta de anticoncepción, pues se refiere a la prostitución homosexual masculina donde es imposible la concepción de una vida en un acto contra natura -sólo entre varones- que es intrínsicamente perverso conforme a la moral católica y, además, en sí mismo estéril (esterilidad que no se presentaría siempre y necesariamente en el caso de una prostituta mujer). 
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PRECISIONES QUE SE HAN REALIZADO A ESTAS DECLARACIONES.

Autor: Lucrecia Rego de Planas

Fuente: Catholic.net
Señores periodistas: el Papa NO ha justificado el uso del preservativo

Para que el Papa pudiera aprobar el uso del preservativo, tendría primero que anular mediante un decreto magisterial (y no en una entrevista coloquial) la Humanae Vitae, la Casti Connubi, la Evangelium Vitae, el Catecismo de la Iglesia Católica y todo el Magisterio (N. de la R: lo cual está fuera de sus facultades que son las de preservar el Magisterio ya definido)..

Gran trifulca desataron en los medios los periodistas (siempre ávidos de escándalo), debido a un muy desafortunado artículo publicado en L’Osservatore Romano, que violando el periodo de embargo establecido por los editores, presentó algunos párrafos descontextualizados del nuevo “libro-entrevista” de Benedicto XVI titulado “La luz del mundo” realizado por el periodista alemán Peter Seewald y que saldrá a la luz el próximo 23 de noviembre.

Lo que desató el escándalo fue una parte sacada de contexto de la respuesta que dio el Santo Padre a Seewald, ante la pregunta acerca del uso del preservativo en la lucha contra el SIDA.

El párrafo publicado por L’Osservatore Romano dice así:

"Puede haber casos justificados singulares, por ejemplo, cuando una prostituta (sic) utiliza un preservativo, y éste puede ser el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad para desarrollar de nuevo la conciencia sobre el hecho de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere. Sin embargo, este no es el verdadero modo para vencer la infección del VIH. Es verdaderamente necesaria una humanización de la sexualidad".

De estas palabras del Papa, los medios alrededor del mundo no tardaron en redactar grandes titulares que decían, con unas u otras palabras, que el Papa había aprobado el uso del condón.

Lo primero que hay que revisar es la traducción al español de lo que realmente respondió el Papa en alemán a la pregunta de Seewald.

En el texto original, en alemán, el Papa habla de “männliche Prostituierte” que significa “prostituto” (no prostituta) y vale puntualizar que el Santo Padre está hablando del preservativo como herramienta contra el SIDA y no del preservativo como herramienta de anticoncepción.

Misteriosamente el término “männliche Prostituierte” conserva el género masculino en la traducción en inglés, en donde se habla de “male prostitute”, pero se cambia de manera arbitraria al femenino en las traducciones al español, italiano y francés. Ignoro si el error es de L’Osservatore o de las editoriales que publicarán el libro, pero creo que tendrán que arreglarlo.

Lo que dice el Papa, si tomamos sus palabras originales en alemán, es simple y sencillamente que si un prostituto homosexual (masculino) utiliza un condón (con el objetivo único de no contagiar ni contagiarse de SIDA), esto puede ser señal de un inicio de moralización, de que el hombre se está dando cuenta (en su interior) de que no puede hacer con su sexualidad lo que le venga en gana.

L’Osservatore Romano no publica la siguiente pregunta-respuesta, en la cual el Papa aclara que la Iglesia jamás podrá aprobar el uso del condón como algo moral.

Seewald: ¿Quiere decir, entonces, que la Iglesia Católica en realidad no se opone en principio a la utilización de los condones?

Benedicto XVI: Ella [la Iglesia], por supuesto, no lo considera como una solución real o moral, pero, en este u otro caso, puede haber, sin embargo, la intención de reducir el riesgo de infección, como un primer paso hacia una forma distinta y más humana de vivir la sexualidad.

No quiero pensar que haya sido una omisión voluntaria de L’Osservatore Romano.

Resulta extraordinariamente ridículo lo que han publicado los medios por el simple hecho de que no toman en cuenta que para que el Papa pudiera aprobar el uso del preservativo, tendría primero que anular mediante un decreto magisterial: encíclica, carta, bula, motu proprio, etc (y no en una entrevista coloquial) la Humanae Vitae, la Casti Connubii, la Evangelium Vitae, el Catecismo de la Iglesia Católica y todo el magisterio anterior que habla sobre moral sexual y conyugal, incluyendo las Sagradas Escrituras (N. de la R: Lo que es absolutamente imposible, pues no tiene ese poder).

En fin, señores periodistas, pues nada, que el Papa no ha justificado el uso del condón, ni para las prostitutas ni para nadie: Lucrecia Rego de Planas – lplanas@catholic.net

ACLARACIONES DE LOMBARDI:

El Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, explicó que el Papa Benedicto XVI no ha cambiado la visión católica sobre el uso del preservativo.

Indicó, además, que "a la luz de esta visión amplia y profunda de la sexualidad humana y de su problemática hodierna, el Papa reafirma que ‘naturalmente la Iglesia no considera los preservativos como la solución auténtica y moral’ del problema del SIDA".

Agregó que "el Papa no reforma o cambia la enseñanza de la Iglesia, sino que la reafirma".

SEÑALAMIENTOS DE MASSIMO INTROVIGNE:

Massimo Introvigne, un sociólogo italiano, fundador y director del Centro de Estudio sobre las Nuevas Religiones (CESNUR). En un artículo publicado este lunes en su sitio web, titulado "El Papa, el preservativo y los imbéciles" explica que el origen en la confusión tras lo dicho por el Santo Padre está en la traducción hecha al italiano presentada por L’Osservatore Romano, y recuerda que sobre este tema el Pontífice no ha modificado las enseñanzas de la Iglesia.

El sociólogo señala que "un ‘prostituto’ que tiene una relación mercenaria con un homosexual –a decir verdad, cualquiera que tenga una relación sexual con una persona del mismo sexo– comete desde el punto de vista católico un pecado mortal. Pero, si siendo consciente de tener SIDA, infecta a su cliente sabiendo que lo hace, además de pecado mortal contra el sexto mandamiento comete uno contra el quinto, porque se trata de homicidio, al menos intento de él. Cometer un pecado mortal o dos no es lo mismo, e incluso en los pecados mortales hay una gradación. La inmoralidad es un pecado grave, pero la inmoralidad unida al homicidio lo es más".
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OTROS GRAVES SEÑALAMIENTOS:

Por otra parte, se han manifestado también diversos criterios en el sentido de considerar que las opiniones expresadas coloquialmente por Benedicto XVI han sido inoportunas al no preverse la muy probable manipulación que se haría de ellas por la prensa anticatólica (como sucedió), por un lado, y por el otro que hasta el propio diario oficioso del Vaticano las presentó fuera de contexto y mal traducidas, lo cual ha resultado sospechoso como una posible acción del modernismo que desde el interior de la Iglesia busca su "autodemolición", según el término utilizado por Pablo VI. Más aún, considerando lo explicado por el propio Benedicto XVI y citado anteriormente ("Obviamente el Papa puede tener opiniones personales equivocadas...,etc.") otros estiman que presentar y subrayar la mera eventualidad de considerar el uso del preservativo entre prostitutos homosexuales varones como "un primer acto de responsabilidad a fin de desarrollar de nuevo una consciencia de que no todo está permitido", resulta una expresión confusa y extraña que puede inducir -a quien la lee- a error, al suponer que, por ejemplo,  resulta virtuoso que se busque fundamentalmente la preservación de la salud física, cuando por regla general no es realmente con miras a una eventual y futura conversión moral, como supone de manera demasiado optimista Benedicto XVI, sino todo lo contrario: para mejor pecar nuevamente del mismo modo ofendiendo de forma gravísima a Dios y que, además, de manera secundaria, esta opinión no considera que el preservativo falla, pudiendo un prostituto varón con sida contagiar a otro, lo cual no parece -en nada- una actitud responsable desde un punto de vista meramente profano. 
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Por otra parte, el uso del condón nunca supone la elección del mal menor, porque siempre existe la posibilidad de rechazar el acto desordenado in toto.  Cristo dijo a la pecadora que salvó de la lapidación: "Vete y no peques más". Ciertamente hoy NO le diría: "Vete, peca y usa el preservativo".

EN RESUMEN:

Hemos presentado los hechos, es decir, las declaraciones de Benedicto XVI, las traducciones erróneas publicadas tanto por L´Osservatore Romano como por la prensa mundial que maliciosamente ha querido inferir de ellas que la Iglesia Católica, contradiciéndose a sí misma, aprueba el uso de métodos artificiales de control natal como el preservativo. Asimismo, hemos publicado -para información de nuestros lectores- algunas reacciones, opiniones y precisiones que se han realizado.

Lo fundamental es considerar que la Iglesia no puede modificar la moral católica que se fundamenta en la Ley Natural creada por Dios. Que los pecados contra la naturaleza -como la homosexualidad- siguen siendo gravísimas ofensas al Señor que todo católico debe evitar, siguiendo la máxima de primero morir antes que, de cualquier modo, pecar mortalmente. Que el preservativo no tiene el aval de la Iglesia. Que todo acto sexual en el que de manera artificiosa se busque evitar la fecundación es gravemente contrario a la moral. Que todo lo anterior es sostenido por el Papa y la Iglesia. Que las respuestas de Benedicto XVI sobre el preservativo usado por un prostituto (y con mayor razón si se hablase también o indistintamente de una prostituta) expresadas en una entrevista son, como reconoce el propio Pontífice, OPINIONES PERSONALES (y como tales falibles y analizables) y no definiciones doctrinales derivadas de un acto del magisterio infalible.
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Los católicos debemos saber que un Pontífice no puede ni tiene el poder para modificar la doctrina de la Iglesia. Ésta sigue plenamente vigente en todos los tiempos. Y que independientemente de la presencia o ausencia de oportunidad o acertividad en lo que "pase por la mente (del Papa) en el momento" de dar una coloquial entrevista "el Romano Pontífice, como todos los fieles, está subordinado a la Palabra de Dios, a la fe católica, y es garante de la obediencia de la Iglesia y, en este sentido, "servus servorum". No decide según su arbitrio, sino que es portavoz de la voluntad del Señor, que habla al hombre en la Escritura vivida e interpretada por la Tradición; en otras palabras, la "episkopé" del Primado tiene los límites que proceden de la ley divina y de la inviolable constitución divina de la Iglesia contenida en la Revelación". Cita tomada del documento "EL PRIMADO DEL SUCESOR DE PEDRO EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA", texto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmado por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger.

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12 comentarios:

  1. Una opinión moral errónea Mié, 24/11/2010 - 6:55am
    El libro entrevista de Peter Seewald a Benedicto XVI se ha puesto hoy a la venta. Ya podemos leer lo que realmente dice sobre el uso del preservativo sin necesidad de especular sobre la maldad de los medios de comunicación. Una vez más ha vuelto a suceder.

    En medio de la equivocidad habitual de las enseñanzas postconciliares, de vez en cuando, nos topamos con alguna afirmación que se resiste a ser forzada hacia los cánones de la doctrina tradicional. He aquí una primera consideración, tras la lectura del texto impreso.

    La cosa es bastante más sencilla de lo que se ha querido ver. Los casos a los que se refiere BXVI al hablar del uso del condón son, todos ellos, gravemente inmorales, todos pecados mortales en sí mismos, todos contra natura.

    El texto menciona, con vaguedad, el uso del artefacto, por ejemplo, en los actos venéreos y venales, sin especificar si con persona de diferente o del mismo sexo.
    Los últimos son actos contra natura y que claman al cielo por sí mismos, y por eso mismo, formalmente inhábiles para la procreación. En ellos, la razón de corrupción no es el impedimento del fin procreativo, pues no son actos de sexualidad propiamente humana. No han faltado “exégetas” que afirman que, al no tratarse de actos aptos para la generación, en ellos el uso del condón es lícito si con ello se obtiene la evitación de un mal físico.

    El problema es que ignoran, quienes así se expresan, que la abominable gravedad de estos actos proviene del impedimento del fin de la misma naturaleza humana y por eso mismo, ningún factor reductivo puede rebajar la gravedad del acto, aunque se le puede, eso sí añadir malicia.

    Los actos venéreos con cómplice del mismo sexo, en sí mismos siempre gravemente ilícitos (mortalmente), se convierten en contra natura (onanísticos) por medio del uso del preservativo, luego se agrava su inmoralidad, mudando la especie del acto.

    En unos casos, los sodomíticos, el recurso al condón (con miras a la evitación de un contagio) no muda la perversidad del acto ya constitutivamente contrario a la naturaleza. Pero de ninguna marera se puede hablar por esa razón de que el recurso al adminículo con el fin de obtener un fin que es un bien físico (profilaxis) reduzca la iniquidad del acto, que se mide por la violación de la finalidad de un orden infinitamente superior. Ni tampoco, por tanto, será legítimo hablar de aceptación, conveniencia o licitud de su uso por ese título. Hablar así es incurrir en un argumento sofístico: como se mata el alma, pero se aspira a preservar el cuerpo, el acto tiene alguna razón de bondad.
    Continua

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  2. Hay, además, un factor añadido que redunda en el sentido contrario. El uso del preservativo en tales actos subjetivamente aumenta la maldad, puesto que si se busca la preservación de la salud física no es con miras a una eventual y futura conversión moral, como deja entender BXVI, sino todo lo contrario: para mejor pecar nuevamente del mismo modo. Así, el uso del preservativo en las uniones sodomíticas, que busca evitar las consecuencias naturales -justicia inmanente- de tales atrocidades, instala a los que así obran en el espejismo de la liviandad de sus actos y les aleja de la conversión: en la práctica supone disociar los actos contra natura de toda consecuencia física, cegando espiritualmente, todavía más, a los actores ante las inevitables consecuencias espirituales.

    El recurso al condón en la fornicación entre personas del mismo sexo convierte a ésta, por eso mismo, en contraria a la naturaleza y, por lo tanto, en sí mismo tal recurso se erige en factor no sólo de agravamiento, sino de mudanza en la especie del pecado, haciéndolo siempre onanístico.
    Quienes razonan diciendo que la única unión sexual lícita es la matrimonial (ciertamente) y que por eso todos los actos sexuales extraconyugales son desordenados y por lo mismo no debieran tratarse como aptos para la generación, argumentan sofísticamente también. La razón es que la finalidad del uso de la sexualidad está dada para la naturaleza humana toda, no para tal o cual individuo o tales personas entre sí. La naturaleza exige el marco del vínculo matrimonial, que es natural, como factor indispensable para que se realice la finalidad de la procreación ordenada (no la mera procreación). Sin embargo, eso no impide que la ordenación general al bien de la especie esté presente en todos los individuos y que en todo ejercicio de la facultad procreativa prime el bien de la especie (fin reproductivo, aun desordenado) sobre el personal (en los casos que nos ocupan, moralmente hablando, un mal: la comisión de un grave pecado, la muerte espiritual). Por eso, impedir el fin procreativo agrava el mal ya gravísimo de la unión sexual furtiva.

    Así las cosas, ¿cómo hablar de “casos fundados de carácter aislado, por ejemplo, cuando un prostituido (prostituto) utiliza un preservativo, pudiendo ser esto un primer acto de moralización, un primer tramo de responsabilidad a fin de desarrollar de nuevo una conciencia de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere” (página 132 de la edición española)? ¿Cómo va a ser el uso del condón en una unión sodomítica, pecado que clama al cielo, un “primer acto de moralización”? Pensar esto supone un alejamiento impresionante del criterio de finalidad y de bondad o maldad intrínseca de los actos humanos, criterio de la moralidad natural y cristiana.
    Supone considerar que un ingrediente de la acción (uso del condón) que no sólo no rectifica la constitutiva desviación moral del acto, sino que contribuye a que se realice de modo más tranquilo, más asegurado y más repetible tiene algún valor moral distinto y positivo.
    ¿Cómo va a ser el uso del condón, en una unión ilícita entre hombre y mujer, un “primer acto de moralización”, cuando además de lo anterior, semejante recurso precisamente agrava siempre la ilicitud del acto?

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  3. ¿Qué significado puede tener añadir que “ésta no es la auténtica modalidad para abordar el mal de la infección del VIH” y que “tal modalidad ha de consistir realmente en la humanización de la sexualidad”, cuando lo que está en juego es infinitamente superior, la vida y la salvación de las almas y de eso no se hace ni siquiera mención, la más ligera mención?

    En realidad estamos ante una opinión moral, si así puede llamarse, fundamentalmente discordante respecto de la natural y la cristiana. Una opinión que pretende calificar la moralidad de un acto en función de un doble fin, uno nítido, la preservación del bien físico del hombre, y uno vago, la “humanización de la sexualidad” que, por su misma vaguedad, en la práctica se eclipsa ante el fin de la “reducción del peligro de contagio” (por cierto, después de estar tantos años diciendo que el condón multiplicaba el riesgo en vez de reducirlo, algunos tendrán que “formatear” su disco duro…)

    El Brigante

    [P.s. Evitemos el recurso al siempre lábil argumento del mal menor. El limitado uso de este argumento -que no principio- se ciñe a situaciones en las que el origen del mal no está en el sujeto que pretende actuar moralmente. Si decido robar un banco, no puedo aducir que robo sólo mil euros porque es un mal menor respecto de robar un millón, puesto que en mi mano está el no robar nada. La razón es que nunca se puede querer un mal, en todo caso se puede tolerar, pero de nuevo, querer deliberadamente el mal depende de mí, mientras que el mal tolerado no depende de mí. El uso del condón nunca supone la elección del mal menor, porque siempre existe la posibilidad de rechazar el acto desordenado in toto.
    Esto muestra cómo la moral personalista es, además de errónea, derrotista y parte de la fatalidad del fracaso inevitable: “como de todas maneras se va a fornicar…” Realmente evangélico todo esto].

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  4. ERRATA.
    ACLARACIÓN DEL AUTOR:

    Un amable comentarista me señaló (en mi blog) una errata que hacía ininteligible un párrafo. En la frase que comenzaba "Los actos venéreos con cómplice del mismo sexo, en sí mismos siempre gravemente ilícitos (mortalmente), se convierten en contra natur", evidentemente debía decir "cómplice de distinto sexo" para que tuviera sentido y fuera verdadera. El texto de la entrada ya figura corregido en la bitácora. Disculpen la confusión que haya podido generar].

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  5. Una frase del Papa,bien o mal dicha,da para una tesis.
    Atentamente.

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  6. Si algo podemos decir del Papa, de Joseph Ratzinger, ya que el libro-entrevista no es un acto magisterial, es que es un pensador coherente. No afirma en un lugar una cosa y, cuatro páginas más adelante, lo contrario y, menos aun, lo contradictorio.

    Como se ha levantado tanto revuelo con el asunto de los preservativos – ¡ya es desagradable tener que hablar de estos temas! – quiero, en este post, citar algunos extractos del libro, mostrando que hay una secuencia lógica que los conecta entre sí. Sólo teniendo en cuenta esa unidad de pensamiento se podrá entender de modo correcto lo que el Papa, sobre ese particular, dice.

    1º) El Papa recuerda que la sexualidad tiene un sentido interno, y que ese sentido interno – que vale para todo hombre, sea cristiano o no - tiene relevancia teológica. Podríamos decirlo de otro modo: hay una continuidad entre creación y salvación, entre ley moral natural y ley evangélica. Pero voy al texto:

    “Si se lo quiere expresar de este modo, podría decirse que la evolución ha suscitado la sexualidad con el fin de la reproducción de la especie. Eso vale también desde la perspectiva teológica. El sentido de la sexualidad es llevar al hombre y a la mujer uno hacia el otro y, de ese modo, dar a la humanidad descendencia, hijos, futuro. Es una determinación interior que está en su esencia. Todo lo demás va contra el sentido interior de la sexualidad. Tenemos que sostener esto aun cuando no le guste a la época” (p.160).

    2º) El Papa recuerda que hay acciones malas en sí mismas – diríamos, “intrínsecamente malas” – y que el olvido de ese dato ha propiciado enormes errores. Y, con claridad, critica el consecuencialismo. Refiriéndose a los años 70 escribe:

    “Sobre todo se sostuvo la tesis - que se introdujo también en la teología moral católica – de que no hay algo que sea malo en sí mismo, sino sólo cosas ‘relativamente’ malas. Lo malo y lo bueno dependen, se decía, de las consecuencias” (p. 50).

    3º) El Papa recuerda que “bajar el listón”; es decir, ceder en asuntos morales no ayuda a la sociedad:

    “Mantener lo difícil como parámetro con el que los hombres tienen que medirse una y otra vez es una misión necesaria para que no se produzcan más caídas” (p. 153). “La estadística no puede ser ya el parámetro de la moral” (p. 154). “… no deberíamos tomar como instancia contra la verdad el que esa elevada moral [se refiere a la sexualidad humana no separada de la fecundidad] no se viva” (p. 156).


    Con estas premisas, aquí sólo apuntadas, es imposible no comprender más que en un solo sentido lo que, a propósito de la lucha contra el SIDA, dice sobre los preservativos. Ni siquiera realiza una afirmación, sino que propone una hipótesis, una posible consideración digna de ser tomada en cuenta: “Podrá haber casos fundados de carácter aislado, por ejemplo, cuando un prostituido utiliza un preservativo, pudiendo ser esto un primer acto de moralización, un primer tramo de responsabilidad a fin de desarrollar de nuevo una consciencia de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere” (p. 132).

    Es evidente que el acento recae no sobre el objeto de la acción moral, sino sobre la toma de conciencia del sujeto. No es descabellado suponer que, en algún caso aislado, el asumir que no todo está permitido es ya considerar que hay una norma, que sólo se intuye todavía de modo muy lejano, pero que desbarata el “todo vale”.

    La valoración objetiva del uso del preservativo la reitera el Papa con una claridad absoluta – y en plena coherencia con las premisas que antes he recordado - : “Es obvio que ella [la Iglesia] no los ve [se refiere a los preservativos] como una solución real y moral” (p. 132). Recalco el segundo adjetivo: no son una solución “moral”.

    Guillermo Juan Morado.

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  7. TOMADO DEL POST:

    http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com/2010/11/no-al-preservativo.html

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    Gaude dijo...
    No se requiere ir con una prostituta y usar un condón para salvar la vida. Porque basta con no cometer ese pecado mortal (de ir con la prostituta). El uso del condón nunca supone la elección del mal menor, porque siempre existe la posibilidad de rechazar el acto desordenado in toto (esto es: no ir con la prostituta).

    Además, es falso que el riesgo del sida se elimine plenamente con el condón. Como cualquier persona entendida sabe, el preservativo falla. Luego, si una prostituta (o un prostituto) con sida sigue teniendo relaciones con sus “clientes”, sigue cometiendo el crimen de poder infectarlos y posiblemente llevarlos a la muerte.

    26 de noviembre de 2010 01:06
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    Anónimo dijo...
    Claro, no hay tal "responsabilidad" del prostituto(a) al mantener relaciones con preservativo, pues el riesgo de contagiar a otro o contagiarse a sí mismo persiste aunque disminuya, aún cuando use el preservativo.

    Un prostituto o prostituta con sida siguen exponiendo la vida de sus clientes aunque usen condón, pues éste falla. ¿Dónde está la responsabilidad? ¿Disminuir el riesgo pero seguir exponiendo la vida de esos clientes es responsabilidad verdadera? Algunos -los menos- saldrán contagiados con sida y otros no. ¿Es esto responsable? ¿Es realmente "un primer paso de responsabilidad" el jugar a la ruleta rusa con la vida ajena?

    Piensenlo bien.
    Bendiciones.

    26 de noviembre de 2010 01:38

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  8. No hay tal "primer paso de responsabilidad", como dice en una OPINIÓN PERSONAL Benedicto XVI, ni en el cliente(con o sin sida), ni en la prostituta o prostituto (con o sin sida). Todos de algún modo están jugando con la vida ajena o con la propia a esa ruleta rusa que se menciona. Además, no olvidemos que todo pecado es intrínsicamente irresponsable pues se ofende de manera muy grave nada menos que a Dios mismo.

    Es evidente que en este caso se incurre en lo que el propio Benedicto dijo: "Obviamente el Papa puede tener opiniones personales equivocadas" como en este ocasión que no está en juego el magisterio infalible del Papa sino la OPINIÓN PERSONAL de Ratzinger como hombre particular.

    Sin embargo, aunque su opinión personal es cuestionable, tengamos presente que el Papa NO está aprobando con esta expresión ni la "moralidad" de un acto sexual fuera del matrimonio ni la anticoncepción por medios artificiales, pues dijo: "Es obvio que ella (la Iglesia) no los ve (a los preservativos) como una solución real y moral".

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  9. Veamos:

    "Habla como persona privada"... Veamos si esto es posible:

    De aqui se deduce que "se quita la cachucha" de Papa, y se pone el sombrero de "Persona privada", VOILA!... EN ESE MOMENTO, DEJA DE "SER" PEDRO!, y se vuelve a comvertir en "Joseph"!

    Yo habia entendido que "Joseph", al ser elevado al Cargo, ahora el "ES" Pedro, no que "Trabaja" de Pedro, y que, fuera de 'horas de oficina', sus actos dejan de identificarse con Pedro, pues, fuera de sus 'horas de pedro', el ES, simplemeente, 'Joshep'...

    Me explico? esa explicacion SUPONE que no "ES", sino que "TRABAJA DE": NO EXISTE 'IDENTIFICACION', 'IDENTIDAD' entre 'Joseph' y 'Pedro', puesto que la relacion es ACCIDENTAL (solo mientras sean 'horas de oficina')...

    Algo que opinar?

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  10. La distinción de los diversos grados de autoridad en las enseñanzas de un Papa se realiza en la Iglesia desde hace muchos siglos.

    Y van desde lo que opina como PERSONA PRIVADA (en siglos anteriores lo denominaban como DOCTOR PRIVADO O TEÓLOGO PRIVADO) donde no compromete ni el magisterio ni la infalibilidad de la Iglesia, hasta el grado mayor donde con su suprema autoridad apostólica define y/o enseña infaliblemente una doctrina sobre fe o moral de tal manera que obliga el asentimiento de todos los católicos, al grado de quien negare esa enseñanza estaría negando la fe misma y se colocaría fuera de la Iglesia.

    Esto mismo lo explica el propio Pontífice en su entrevista para el libro "Luz del mundo":

    "Obviamente el Papa puede tener opiniones personales equivocadas. Pero como he dicho: cuando habla como Pastor Supremo de la Iglesia, en la conciencia de su responsabilidad, entonces ya no expresa su opinión, lo que pasa por su mente en ese momento. En ese momento él es consciente de su gran responsabilidad y, al mismo tiempo, de la protección del Señor; por lo cual, con tal decisión, no llevará a la Iglesia al error sino que, por el contrario, garantizará su unión con el pasado, el presente y el futuro, y sobre todo con el Señor. Este es el nudo de la cuestión y esto es lo que perciben también las otras comunidades cristianas".

    El Papa no deja de ser Papa pero sí puede opinar como persona particular en determinado tema. En tal caso podría incurrir en "opiniones personales equivocadas", como explica el propio Benedicto XVI.

    Quien niega esta enseñanza de Benedicto XVI sería más papista que el propio Papa Benedicto XVI que la sostiene.

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  11. En este post veo otros comentarios muy interesantes:

    http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com/2010/11/no-al-preservativo.html#comments

    José Andrés

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