martes, 13 de julio de 2010

¿HACIA UNA DEFINICIÓN INFALIBLE POR PARTE DE S.S. BENEDICTO XVI?


Se ha dicho que las reuniones para el diálogo convocado por S.S. Benedicto XVI, entre la FSSPX y Roma, constituyen la más alta tribuna en la que han sido escuchadas las denuncias doctrinales que se han realizado referentes a la actual crisis de la Iglesia. Las cuales, por el hecho mismo de ser analizadas ahí y prolongarse en el tiempo, adquieren una legitimidad que difícilmente pudieran tener a los ojos de muchos católicos de otra manera. De ahí que Roma haya solicitado que los teólogos de la FSSPX preparasen sus exposiciones con la mayor precisión teológica.

Estos encuentros se han realizado con mucha prudencia y discreción de ambas partes; por lo mismo ha habido poca información al respecto, de ahí que resultan interesantes los conceptos que manifestó el obispo Richard Williamson, quien recientemente estuvo junto con los otros tres obispos de la FSSPX (Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais y Alfonso de Galarreta) durante las ordenaciones sacerdotales que se realizan anualmente en Econe, desmintiendo con ello una supuesta división entre ellos.

Ahí y con anterioridad se ha tratado el asunto del diálogo con Roma que encabeza Mons. Alfonso de Galarreta, quien informó a Mons. Williamson cómo se han desarrollado esas discusiones.

Mons Williamson comentó, con base en lo anterior, que muchos de los que "se encuentran preocupados por las discusiones que hoy en día acontecen entre Roma y la Fraternidad de San Pío X podrían sentirse algo tranquilizadas si pudieran escuchar, como lo hice yo hace dos meses, a Monseñor de Galarreta exponiendo las razones por las cuales estas discusiones deben de continuar hacia su fin designado...Éstas presentan poco peligro y varias ventajas".

Agregó que "después de la reunión introductoria en octubre del año pasado, se han llevado a cabo discusiones en enero, marzo y mayo de este año. Cada encuentro tiene un antes, un durante y un después. Antes de la reunión, el equipo de cuatro representantes de la FSSPX somete a los cuatro teólogos Romanos una declaración de doctrina Católica sobre el asunto en cuestión", asimismo señalan los problemas suscitados por la doctrina impugnada.

El obispo precisó que "durante la reunión misma, los Romanos dan sus respuestas, y la discusión oral subsiguiente es grabada. Después la FSSPX realiza por escrito un resumen de la discusión grabada". Hasta el momento únicamente la liturgia y la libertad religiosa han sido discutidas, pero el Obispo prevé que todas las demás discusiones consideradas necesarias lleguen a su fin para la primavera del año próximo.

A continuación se refiere a que Mons. de Galarreta, "al evaluar estas discusiones, él distingue entre el simple hecho de que se estén llevando a cabo y su contenido. Por lo que respecta a su contenido, dice que el equipo de la FSSPX está desilusionado con las discusiones orales porque, de acuerdo a lo que me comentó otro miembro del equipo, "Ellas carecen de precisión teológica. Dos líneas de pensamiento que no pueden encontrarse producen no un diálogo sino dos monólogos. Sin embargo, los Romanos son amables con nosotros, y así es que las reuniones se parecen menos al vinagre que a la mayonesa. Decimos lo que pensamos. No nos estamos dejando guiar por ilusiones". Pero el Obispo sí comenta que el producto escrito de las discusiones del antes y del después de las reuniones constituirá un expediente valioso para la demarcación de la Verdad Católica".

Refiriéndose a lo informado por el obispo Alfonso de Galarreta, agregó: "Por lo que respecta al simple hecho de las discusiones, el Obispo ve varias ventajas adicionales. En primer lugar, es bueno para los Romanos el que conozcan a los representantes de la FSSPX, y viceversa... En segundo lugar el simple hecho de que Roma en su nivel más alto está seriamente discutiendo la doctrina que expone la FSSPX otorga a la FSSPX crédito a los ojos de muchos sacerdotes de buena fe que forman parte de de la corriente dominante, y que de otra manera estarían inaccesibles a la Tradición. Y en tercer lugar, algunos de los mejores cerebros de Roma son ocasionalmente parados en seco por los argumentos católicos antiguos refrescados por la FSSPX".

El obispo finalizó haciendo un llamado a tener confianza sin límites en la Providencia de Dios que dirige su Iglesia y a rezar a la Madre de Dios "para que mantenga en cada uno de nosotros el amor de esa Verdad que solo puede salvar nuestras almas, y sin la cual no se puede restaurar la Autoridad Católica".

Estas declaraciones que revelan los detalles poco conocidos y los entretelones de esas discusiones teológicas se dan en un contexto interesante: Señala el vaticanista Sandro Magister que existen diversas voces que solicitan al Sumo Pontífice un documento donde se pronuncie de una manera definitiva sobre aquellas doctrinas que han causado severas discusiones sobre si conservan o no su continuidad con la Tradición y la fe de la Iglesia. Así, por ejemplo, se encuentra el libro "Concilio Ecumenico Vaticano II. Un discorso da fare" del teólogo tomista Brunero Gherardini, de 85 años de edad, canónico de la basílica de San Pedro, profesor emérito de la Pontificia Universidad Lateranense y director de la revista "Divinitas". El libro de Gherardini tiene al comienzo dos prefacios: uno de Albert Malcolm Ranjith, arzobispo de Colombo y ex secretario de la Congregación vaticana para el Culto Divino, y el otro de Mario Olivieri, obispo de Savona. Éste último afirma que se une "toto corde" a la súplica al Santo Padre.

Por su parte, en su reciente epílogo a "Zibaldone" de Romano Amerio (+), el profesor Enrico María Radaelli -discípulo de Armerio- recoge la propuesta de monseñor Gherardini. La obra de Amerio, filólogo y filósofo de primer nivel, se ha vuelto conocida en todo el mundo a causa de su ensayo publicado por primera vez en 1985 y traducido a muchos idiomas, titulado: "Iota unum. Studio delle variazioni della Chiesa cattolica nel secolo XX". Este autor dedicó medio siglo a la redacción de "Iota unum". Y también el tercer volumen -que tiene por título "Zibaldone"- de la "opera omnia", ha sido escrito en un lapso muy amplio, desde 1935 hasta 1996.

De ahí que no sería difícil que diversos grupos y personalidades católicas se sumaran a la petición de que el Papa definiese -de manera infalible- la doctrina tradicional católica en aquellos temas que fuese necesario, pues un documento de menor rango no terminaría con las disputas y posturas que favorecen el error modernista.
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