lunes, 11 de abril de 2011

CUANDO DIGO QUE SOY CATÓLICA...


Cuando digo que soy católica, no estoy gritando lo perfecto que estoy viviendo. Estoy susurrando que estaba perdida, pero he recuperado la brújula.

Cuando digo que soy católica, no hablo sobre esto con soberbia. Estoy confesando que tropiezo y que necesito a N.S. Jesucristo y a su Santísima Madre, la Virgen María, para que sean mis guías.

Cuando digo que soy católica, no estoy tratando de ostentar que soy fuerte. Estoy declarando que soy débil y que necesito Su Fuerza para sostenerme.

Cuando digo que soy católica, no estoy alardeando de mis éxitos. Estoy admitiendo que fallo y que necesito a Jesús para que limpie mi vida desordenada.

Cuando digo que soy católica, no estoy afirmando que soy perfecta. Mis faltas son muy visibles, pero Dios cree que valgo la pena, pues derramó su sangre por mí en el patíbulo de la cruz.

Cuando digo que soy católica, de mi parte aún siento el aguijón del dolor. Aún tengo tristezas y algunas veces incertidumbres, pero se calman cuando lo llamo: ¡Padre Nuestro!

Cuando digo que soy católica, no digo que soy una santurrona. Ni niego que soy tentada y que poseo una naturaleza caída. Ni me creo superior a nadie. Sólo digo que soy una simple pecadora que recibe la GRACIA de DIOS, cuando arrepentida cae de rodillas en el confesionario.

Cuando digo que soy católica, me reconozco imperfecta, pero sé que si pongo de mi parte, Cristo y su dulcísima Madre me ayudarán a mejorar mi vida y a enriquecerla espiritualmente, pues si no me creo santa sé que debo aspirar a serlo.

Cuando digo que soy católica, sé que no lo merezco pero agradezco a Cristo permitirme ser parte de la verdadera institución -fundada por Él-  que conserva la fe revelada, que nos enseña el camino de la Bienaventuranza eterna y nos otorga los medios para alcanzarla.  

Cuando digo que soy católica, recuerdo que debo suplicar a nuestra Santísima Madre: ¡Ayúdame a imitarte, conserva mi fe y protégeme de los falsos pastores!

Cuando digo que soy católica, sólo puedo añadir: ¡Gracias, Señor! no permitas que nunca me aleje y haz que pueda perseverar en tu fe y en tu Iglesia, hasta el final de mi vida en esta patria pasajera.

Nota de CATOLICIDAD: Si bien este escrito fue elaborado para la mujer, lo mismo -exactamente- puede decir un varón católico.
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