domingo, 20 de noviembre de 2011

VERDADES QUE POCO SE PREDICAN Y MENOS SE PRACTICAN


“No queráis amar al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en la caridad del Padre. Porque todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida, lo cual no viene del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, y también sus concupiscencias; mas el que hace la voluntad de Dios permanece eternamente” (Apóstol San Juan 1a. Carta, 2, 15-17).

"El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su alma: y las otras cosas sobre la haz de la tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es creado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin; y tanto debe quitarse de ellas, cuanto para ello le impiden; por lo cual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido: en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos creados". (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, Principio y fundamento).

¡SERVIRTE! Siempre y en todo. Conocerte más. Amarte mucho más... entregarme a ti totalmente. No he sabido hacerlo. Tomad ahora, Señor, y recibid toda mi voluntad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi libertad... Siempre vaya en aumento la solicitud en tu servicio. Crecer más y más en tu amor. Sea por siempre.

¡AMARTE! Para eso me has creado: para amarte cada día más. Hoy más que ayer, pero menos que mañana. Lo he de aumentar con tu ayuda porque para eso me has creado.

Y ayúdame a despegarme de lo que tanto me cautiva: mis costumbres, mis gustos, mi casa...todo desaparecerá para mí algún día, quizá no tan lejano. Ayúdame a no apegarme tanto a todo esto, Señor, pues al fin lo he de dejar.

SALVAR MI ALMA. Hoy casi nadie habla de esto. La mayoría de los católicos actuales parece que lo dan por supuesto. Si es porque sirven de verdad al Señor, ojalá sea así, ¿lo será?, ¿o será inconsciencia o presunción?...

¡Bendito y alabado seas, Señor, en las personas, en todas las criaturas, en mí. ¡Ayúdame a poner los medios para mi salvación!

Has querido, Señor, no solo que te sirvamos; has querido darnos la salvación. ¡El gran negocio divino! Reinar y gozar eternamente. ¡Poseerte para siempre! Dadme, Señor servirte ahora cada vez más y mejor.

Señor: aumenta mi amor por ti, día con día.

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