jueves, 30 de diciembre de 2010

MARÍA, SEGURA ESPERANZA


Hoy que vemos tantos santuarios profanados, tantas herejías propagadas por los medios de comunicación y hasta en prensa y libros que dizque se califican como "católicos", hoy que la Verdad es escarnecida y ocultada, hoy que una apostasía mundial nos sofoca y oprime cada día más, hoy que muchos que debieran dar un pan ofrecen una serpiente, hoy que prevalece la dictadura del relativismo, hoy que pululan infiltrados en la Iglesia los falsos pastores que Cristo nos advirtió, hoy que la liturgia es desacralizada, hoy que en nombre de una falsa modernidad se acalla la imperiosa necesidad del reinado social de Cristo, hoy ante la traición de muchos y el silencio temeroso y cobarde de tantos que debieran hablar y callan, hoy más que nunca levantamos la mirada a la Santísima y dulcísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, con tanto amor y admiración, con tanta esperanza y alegría, porque en Ella saludamos nuestra única victoria completa sobre el Mal y la desgracia.

Es, María, la única que nació sana donde todos nacemos enfermos; la única llena de Gracia, donde todos nacemos desgraciados; la única y total Armonía en un mundo lleno de sollozos y de perdición.

Nos llena su figura de suavidad porque si Dios hizo con Ella la gran excepción y la puso fuera de las fuerzas del Mal, fue esto un designio suyo de gran misericordia que a todos nos alcanza.

Como la suavidad de la luna y el fulgor de la estrella matutina, María es el tesoro de todos sus hijos. Es prenda de bienes imperecederos. Es dulce y segura esperanza del triunfo final de la verdadera Iglesia de su Hijo.

"Venid y vamos todos"
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