jueves, 27 de mayo de 2010

LO QUE CLAMAMOS LOS ADOLESCENTES


Precisamente, la palabra adolescencia significa carecer. Pues nosotros los adolescentes queremos todo aquello de lo que carecemos, de lo que adolecemos. Clamamos por un puente de amor. Desde luego que para entrar a nuestro mundo deberán hacerlo por la inteligencia y por el corazón, para poder conquistar nuestra voluntad. ¡Sólo así podrán ayudarnos!

Padres, necesitamos que nos aconsejen, que podamos ver en ustedes un ejemplo a seguir, que los imitemos en seguir un ideal grande y verdadero, luchando día a día, superando obstáculos, aceptando la voluntad de Dios. Sin mentiras, sin falsedades, sin medias tintas.

Necesitamos, que nos comprendan, que nos vigilen y nos exijan, que recen con nosotros y que nos acompañen en nuestro camino.

¿No recuerdan cómo se comportaron cuando fueron adolescentes? Probablemente también en esta época fueron inconstantes, contradictorios, egoístas, melancólicos, rebeldes, impertinentes a ratos, en fin, a veces insoportables.

¡No podemos tener equilibrio, no lo logramos, pues estamos en constantes sacudidas!.

No hay más remedio, les pedimos paciencia, comprensión y sus oraciones.

Los adolescentes necesitamos saber que nos aman con las palabras, los gestos, las sonrisas, el dolor y el sacrificio. Y necesitamos la mano firme y segura que nos guíe y nos quite tantos pájaros que tenemos en la cabeza.

La vida real a la que nos enfrentamos no es el amparo, la previsión y la seguridad en casa. La vida real es un campo de batalla, una lucha dura, una competencia feroz; por eso les pedimos, padres, que nos preparen para ello, que no nos supriman dificultades ni riesgos.

La adolescencia es una etapa muy bella, pero en la que hay que luchar, a veces tan silenciosamente, que nadie percibe su eco. Todo se transforma de arriba abajo durante esta lucha. Desaparecen cosas ciertas y emergen de las profundidades otras insospechadas. Se presenta un desequilibrio.

Somos muchacho(a)s más frágiles que un niño, tenemos muchas limitaciones y ustedes esperan de nosotros que reaccionemos como hombres, lo cual estamos muy lejos de ser.

Nos sentimos solos buscando algo que no sabemos qué es, el presente, a veces, nos resulta odioso y miramos hacia el futuro con esperanza y temor. Cualquier circunstancia o acontecimiento nos puede alegrar mucho o irritar exageradamente. Depende quien sabe de qué.

Pero a pesar de todo sentimos que no nos caemos, que estamos parados sobre bases firmes -las que ustedes nos dieron de niños- y entonces, a pesar de sentirnos confundidos, tenemos fe y esperanza y eso nos da confianza en el porvenir.

Necesitamos que nos lleven hacia Dios, sabemos que ahí está la verdad y la vida, la paz y la felicidad. Deseamos encontrar a alguien que nos ayude, que nos comprenda y que nos ame. Una persona superior, leal, con un gran corazón y una sólida formación que nos guíe.

Mamá, Papá: ¿Podrían serlo ustedes?

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