lunes, 3 de mayo de 2010

PALABRAS DE CRISTO ADOLESCENTE: HE DE OCUPARME EN LAS COSAS DE MI PADRE


En la historia de la sagrada familia hay un pasaje que ustedes conocen muy bien, pero cuyo sentido de profunda pedagogía quizás no sea tan claro: me refiero al reencuentro de Jesús con sus padres en el templo, después de tres días de haberlo perdido.

Se hallaba el niño Jesús o el joven Jesús (pues tenía ya doce años) en una parte del templo, donde los rabinos explicaban la ley a la multitud que aquellos días se apretujaba en el lugar santo. Jesús estaba con los maestros de Israel, oyéndoles, preguntándoles y contestándoles a su vez. En estas circunstancias entran María y José. A Ella le saltaría de gozo el corazón al ver a su Hijo, después de las congojas de las pasadas noches, y del corazón le vinieron a los labios estas palabras: Hijo, ¿por qué lo haz hecho así con nosotros?. Mira que tu padre y yo, acongojados, te buscábamos.

Fijémonos en la respuesta del Niño: ¿Por qué me buscabais?, -les dice-: ¿No sabíais que yo he de ocuparme en las cosas de mi Padre?. (1)

¡Respuesta en verdad divina¡ ¡Yo he de ocuparme en las cosas de mi Padre! Y ¿Cuáles son las cosas de su Padre? Son las cosas de Dios. Es el pensamiento de Dios sobre Jesús; son los destinos que por orden de Dios debe llenar Jesús; es la orientación que debe tomar la vida de Jesús, en orden al cumplimiento de la voluntad de Dios.

Pues bien: a mí me parece, padres y madres, que mientras ustedes se afanan por moldear a sus hijos según sus deseos, sin preocuparse quizás del pensamiento de Dios sobre ellos, del fondo del corazón de vuestros vástagos sube una voz que les dice: ¿Por qué se afanan, padres míos en lo que tal vez sea secundario en mi vida, presente y futura? ¿No sabéis que yo he de ocuparme en las cosas de mi Padre? ¿No sabéis que tengo un alma que salvar; que tengo unos caminos que Dios me ha señalado, que no son los de otro, sino que son los míos; que si hallo todas las cosas del mundo pero no hallo a Dios estoy perdido? ¿No sabéis que cada criatura tiene una relación con su Dios, que a cada cual ha señalado Dios una ruta, y que entrar en esa ruta es la gran ciencia del tiempo y de la eternidad? ¿Por qué, padres míos, no me ayudan a hallar la luz de Dios, la ruta de Dios, la fuerza de Dios, ustedes que me dieron el ser como instrumentos de Dios, ustedes que en nuestra casa representan a Dios?

Esta es la voz de Jesús, y esta es la voz de sus hijos, padres y madres. Escúchenla. Consideren su posición ante sus hijos. Pongan manos a la obra. Preocúpense con sus hijos de las cosas de Dios: buscad, para ellos y para ustedes, ante todo, el reino de Dios, les diré con el mismo Jesús, y lo demás se os dará por añadidura.

Tomado de: Cardenal GOMÁ, La Familia. Editorial Casulleras - Barcelona. Sexta Edición. 1952
p. 233 – 235.

(1) Lc 2,48 - 49

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