martes, 8 de septiembre de 2026
MILLONES DE CONCIENCIAS CORROMPIDAS
lunes, 17 de agosto de 2026
EL ABORTO: LA FRONTERA QUE SIEMPRE SE MUEVE
martes, 11 de agosto de 2026
EL MILAGRO DE LA VIDA por Jérôme Lejeune
miércoles, 5 de agosto de 2026
EL CÁNTICO DEL HIJO NO NACIDO (La Sangre que clamó antes de conocer la luz)
viernes, 19 de junio de 2026
jueves, 9 de abril de 2026
IMPORTANTE TESTIMONIO MÉDICO (No dejes de leerlo).
miércoles, 25 de marzo de 2026
sábado, 11 de octubre de 2025
domingo, 28 de septiembre de 2025
lunes, 11 de agosto de 2025
UN SER HUMANO SOLO PUEDE CONCEBIR OTRO SER HUMANO Y NO UN SIMPLE MONTÓN DE CÉLULAS
Un mes despues de la concepción, un ser humano mide de largo un sexto de pulgada. El diminuto corazón ya ha comenzado a latir desde hace una semana, y los brazos, piernas, cabeza y cerebro ya han comenzado a tomar forma. A los dos meses, el niño ya cabe en una cáscara de nuez: acurrucado, la persona mide poco más que una pulgada. Dentro de tu puño cerrado, la persona sería invisible, y podrían aplastarlo sin tener intención de ello incluso sin darte cuenta. Pero si abres tu mano, la persona está prácticamente completa, con manos, pies, cabeza, órganos internos, cerebro, todo en su sitio. Todo lo que necesita es crecer. Mirando incluso más cerca con un microscopio estándar, puedes ser capaz de ver sus huellas dactilares. Todo lo necesario para establecer su identidad ya está en su lugar.
-Jerome Lejeune. Genetista Moderno.
sábado, 9 de agosto de 2025
EL DERECHO A MATAR: ENTRE LA CÁNULA, EL PAÑUELO Y LA DECLARACIÓN DE DERECHOS HUMANOS
miércoles, 30 de julio de 2025
SE ES HUMANO DESDE EL MOMENTO MISMO DE LA CONCEPCIÓN
Nacer no lo convirtió en ser humano. Ya lo era, desde el momento de su concepción. Nacer no convirtió a su progenitora en madre. Ella fue madre desde el momento de la concepción. Por eso, la vida y dignidad humanas de los no natos deben respetarse, porque tienen igual valor que la de cualquiera de nosotros.
jueves, 5 de junio de 2025
GANÓ LA VIDA EN EL ESTADO DE GUANAJUATO
viernes, 14 de marzo de 2025
viernes, 7 de marzo de 2025
EL VIENTRE Y EL ALTAR: SANTUARIOS DE VIDA
Dios le ha otorgado una dignidad inmensa al vientre de una mujer, que solo se compara con el Altar. En el Altar, la hostia, al momento de la Consagración, adquiere la Vida de Cristo (se realiza la transubstanciación del pan por el Cuerpo de Cristo), y el vientre, luego de la concepción, adquiere una nueva vida humana; en ambos lugares ocurre un milagro, el milagro de la Vida.
El Altar es sagrado porque allí Jesús se hace presente real y verdaderamente en la Eucaristía. El vientre materno es sagrado porque allí Dios infunde un alma inmortal a un nuevo ser. Despreciar el don de la maternidad es olvidar que Dios mismo quiso encarnarse en el seno de María.
Honremos la vida en todas sus formas y defendamos estos santuarios donde Dios obra maravillas.
I. A.
viernes, 28 de febrero de 2025
EL GRITO SILENCIOSO: UNA HISTORIA DE DOLOR Y ESPERANZA
La madrugada envolvía el hospital en un silencio pesado cuando Clara llegó, sintiendo que cada paso la sumergía más en un abismo de incertidumbre. Había pensado que, al tomar una decisión, la tormenta interna cesaría, pero cada latido de su corazón parecía intensificar sus dudas.
¿Realmente iba a hacerlo?
Las voces a su alrededor eran ensordecedoras. Su pareja, con indiferencia, le había dicho: “Haz lo que creas mejor”. Sus amigas insistían en que era su derecho. Su madre, con tono severo, le recordó: “Un hijo ahora arruinará tus planes”. En todos lados, el mensaje era claro: “No es nada. Es tu cuerpo, tu elección”.
Sin embargo, en lo más profundo de su ser, una voz susurraba lo contrario. Si realmente no era nada, ¿por qué sentía ese nudo en el estómago?
Se abrazó a sí misma, intentando contener el temblor que la recorría. Las sombras del pasillo parecían cerrarse sobre ella, y el pánico la invadió. ¿Y si lo que llevaba dentro era una vida real?
Trató de desestimar esos pensamientos, repitiéndose lo que otros le habían dicho: que solo era un conjunto de células, que no había conciencia, que no importaba. Pero recordó lo que había leído en algún lugar:
• El corazón comienza a latir alrededor de la tercera semana de gestación.
• La actividad cerebral se detecta desde la sexta semana.
• Para la semana doce, el feto puede responder a estímulos.
Si un feto puede responder, ¿cómo podría ser “nada”?
Apoyó la frente contra la pared fría, buscando claridad. No podía pensar con claridad. Cada argumento chocaba con su miedo, su vergüenza y la desesperación de no saber qué camino tomar.
“No estás preparada”, le decía una voz interna. “Esto arruinará tu vida. No tienes los recursos ni el apoyo. ¿Cómo criarás a un niño cuando apenas puedes contigo misma?”
Pero otra voz, más suave, le susurraba: “Si dentro de ti hay un corazón latiendo, un cerebro funcionando, un ser con ADN único… ¿tienes derecho a decidir su destino?”
Tragó saliva, sintiendo la opresión en el pecho. ¿Y si estaba a punto de cometer un error irreversible?
El miedo se transformó. Ya no era solo temor a tener al bebé, sino miedo a las consecuencias de no tenerlo.
Una enfermera se acercó con una carpeta en mano.
—Clara González. Es tu turno.
La miró, paralizada. Todo su ser le pedía que se levantara, que huyera, que protegiera lo que llevaba dentro. Pero el miedo la mantenía inmóvil.
Instintivamente, llevó las manos a su vientre. En ese gesto, una imagen de su infancia emergió: la Virgen María, con su manto azul, llevando en su seno al Salvador.
Si María hubiera considerado su embarazo como un obstáculo, si hubiera cedido al miedo… ¿qué sería de nosotros?
El pensamiento la sacudió. Si el Hijo de Dios vino al mundo a través de una mujer, ¿cómo podía ella rechazar el don que se le había confiado?
Un escalofrío recorrió su cuerpo, y por primera vez en mucho tiempo, sintió una presencia reconfortante.
No estaba sola. Nunca lo había estado.
En un susurro, sus labios pronunciaron: “Mater Dei, ora pro nobis.”
El miedo comenzó a desvanecerse, dando paso a una determinación desconocida.
Se puso de pie, dejando atrás la sombra de la desesperanza. Atravesó el pasillo del hospital, y al salir, el amanecer pintaba el cielo con tonos dorados, como si la creación misma celebrara su decisión.
Había elegido la vida.
Aunque el futuro era incierto, sabía que había abrazado el plan de Dios.
Y en ese vientre que casi fue negado, en ese santuario donde Dios depositó un alma inmortal, una nueva luz seguía latiendo. Un latido que resonaba con el amor eterno, perteneciente tanto a ella como al Creador que lo había concebido desde la eternidad.
OMO






















