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martes, 8 de septiembre de 2026

MILLONES DE CONCIENCIAS CORROMPIDAS



Y a la pregunta de Dios "¿Dónde está tu hermano?" Hemos repondido: 

"No sé. ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?"

Al igual que sucedió con Caín, Dios nos hace responsables de la sangre de nuestros hermanos los más pequeños asesinados en el vientre de sus madres. A diferencia de otros crímenes, en el aborto participan casi todos: la madre y el padre que engendraron, los abuelos que lo consintieron, los amigos que lo recomendaron, los que fabricaron el material quirúrgico, los doctores que lo ejecutaron, los políticos que lo impulsaron a ley, los jueces que lo despenalizaron, los que lo promueven, los laicos católicos que lo apoyan, los sacerdotes que no denuncian este crimen, los que opinan que está justificado en ciertas circunstancias y los que guardan silencio.

Por ello el aborto es el crimen más execrable de todos, porque no solo mata millones de seres humanos, también corrompe millones de conciencias. Hablamos de millones de almas perdidas cada día.

Lo que Dios nos envíe lo tenemos bien merecido...

lunes, 17 de agosto de 2026

EL ABORTO: LA FRONTERA QUE SIEMPRE SE MUEVE


Massachusetts amplía nuevamente las fronteras del aborto. Pero detrás de las semanas, las excepciones y las consignas existe una pregunta anterior a todas las demás: ¿qué es aquello cuya vida termina?

Massachusetts vuelve a ampliar las fronteras legales del aborto.

Para quienes apoyan estas medidas, se trata de autonomía, acceso y libertad médica. Para quienes defendemos la vida humana desde su comienzo, significa algo muy distinto:

Se amplían las circunstancias en las que la ley permite terminar deliberadamente una vida humana antes de nacer.

Pero quizá llevamos demasiado tiempo discutiendo semanas, excepciones y fronteras.

Antes de preguntar cuándo puede realizarse un aborto, debemos responder una pregunta mucho más elemental.

¿QUÉ ES AQUELLO QUE MUERE?

La realidad biológica constituye el punto de partida.

Lo que se desarrolla dentro del vientre materno es un organismo humano vivo en una etapa prenatal de su desarrollo.

Cigoto, embrión y feto son términos que designan distintas etapas de ese desarrollo, como recién nacido, niño, adolescente y adulto designan etapas posteriores.

Ninguno de nosotros apareció repentinamente durante el parto.

El adulto que hoy lee estas palabras es el resultado de un proceso continuo de desarrollo que comenzó mucho antes de que pudiera hablar, pensar, recordar o sobrevivir independientemente.

Por eso, la controversia fundamental no debería consistir en preguntar si pertenece a la especie humana. La verdadera pregunta es ésta:

Si estamos ante un ser humano vivo en desarrollo, ¿qué característica tendría que faltarle para que pierda el derecho más elemental que reconocemos a los demás seres humanos: que nadie termine deliberadamente con su vida?

¿El tamaño? ¿La edad? ¿El grado de desarrollo? ¿La conciencia? ¿La capacidad de sentir? ¿La posibilidad de sobrevivir independientemente? ¿El hecho de ser deseado?

Cada respuesta exige justificar por qué esa característica —y no nuestra condición humana— debería determinar quién merece protección.

La biología nos dice qué está allí.

La cuestión moral consiste en decidir qué le debemos porque está allí.

MASSACHUSETTS: LA FRONTERA VUELVE A MOVERSE

Massachusetts acaba de ampliar nuevamente el margen legal para el aborto, incluso después de las 24 semanas.

La frontera vuelve a moverse: mayor margen de decisión y menos restricciones específicas.

Desde una perspectiva provida, eso significa ampliar las circunstancias en las que la ley permite provocar deliberadamente la muerte de seres humanos antes de nacer.

Pero sería un error pensar que nuestro problema comienza a las 24 semanas.

No comienza cuando el niño puede sobrevivir fuera del vientre.

No comienza cuando alcanza determinado tamaño.

No comienza cuando su apariencia hace más fácil reconocerlo como uno de nosotros.

Comienza con la existencia del nuevo organismo humano.

Por eso, Massachusetts no debería llevarnos solamente a preguntar:

“¿Hasta cuándo permitirán el aborto?”

La pregunta verdaderamente difícil es:

¿Por qué debería existir una etapa de la vida humana durante la cual terminar deliberadamente esa vida sea considerado un derecho?

A LAS 24 SEMANAS LA CONTRADICCIÓN SE HACE VISIBLE

Imagine un niño que nace extremadamente prematuro.

Médicos y enfermeras corren para salvarlo. Una incubadora mantiene su temperatura. Un respirador puede ayudarlo a respirar. Sus padres contemplan cada movimiento.

Cada hora importa.

Cada gramo ganado se celebra.

Y la medicina hace bien en luchar por él.

Los avances de la medicina neonatal permiten que algunos niños nacidos alrededor de las 24 semanas sobrevivan.

Ahora imaginemos otro ser humano de edad gestacional semejante que continúa dentro de su madre.

¿Qué ha cambiado en su naturaleza humana?

Su ubicación.

El nacimiento transforma muchas cosas, pero no crea nuestra humanidad.

El niño que sale del vientre ya era humano antes de salir.

Podemos emplear extraordinarios recursos humanos y tecnológicos para salvar a uno mientras la legislación permite, bajo ciertas condiciones, terminar deliberadamente con la vida de otro que permanece dentro del útero.

La situación jurídica cambia.

La ubicación cambia.

La naturaleza humana del individuo no.

Y aunque los abortos tardíos constituyan una pequeña proporción del total, eso tampoco resuelve el problema.

La estadística responde:

¿Con qué frecuencia ocurre?

No responde:

¿Qué ocurre?

La rareza de una conducta no determina si es justa.

Pero tampoco debemos cometer el error contrario y preocuparnos únicamente por los abortos tardíos. Si el individuo que observamos a las 24 semanas es humano, ese mismo individuo también era humano semanas antes.

El tamaño no concede dignidad.

La edad tampoco.

¿Y LOS CASOS EXTREMOS?

Violación, incesto, abandono, pobreza, enfermedad y diagnósticos devastadores.

Es fácil escribir esas palabras. Es mucho más difícil vivir esas realidades.

Una mujer violada merece justicia y su agresor, todo el peso de la ley. Una madre enferma merece la mejor medicina disponible. Una mujer abandonada necesita apoyo material, psicológico y familiar. Una familia enfrentada a un diagnóstico terrible necesita acompañamiento, medicina y, cuando corresponda, cuidados paliativos perinatales.

No hay nada provida en abandonar a una mujer en semejantes circunstancias.

Pero una tragedia modifica las circunstancias; no modifica la naturaleza del hijo.

El crimen del padre no convierte al hijo en culpable.

La pobreza no convierte al pobre en menos humano.

Una discapacidad no elimina la dignidad.

Una enfermedad tampoco.

También debemos distinguir entre provocar deliberadamente un aborto y sufrir una pérdida espontánea del embarazo.

Una cosa es no poder salvar una vida. Otra muy distinta es proponerse terminarla.

“MI CUERPO, MI DECISIÓN”

El cuerpo de una mujer le pertenece.

Pero el hijo no es un órgano de su madre.

Está dentro de ella y depende extraordinariamente de ella, pero dependencia no significa identidad ni ausencia de dignidad.

Un recién nacido depende completamente de otros. Una persona con discapacidad profunda puede depender de otros durante toda su vida. Un anciano con demencia puede necesitar asistencia incluso para alimentarse.

No concluimos que cuanto mayor es su dependencia, menor es su derecho a vivir.

Deberíamos sostener precisamente lo contrario:

Cuanto más vulnerable es un ser humano, mayor debería ser nuestra obligación de protegerlo.

¿Por qué ese principio tendría que invertirse antes del nacimiento?

¿Y LA MUJER?

Ésta es una pregunta necesaria.

Hay mujeres aterrorizadas ante un embarazo. Mujeres pobres. Mujeres abandonadas. Mujeres que temen perder sus estudios, su empleo o el futuro que habían imaginado. Mujeres enfrentadas a enfermedades y diagnósticos terribles.

Ellas importan.

Una sociedad que se proclama provida y después abandona a la madre ha entendido solamente la mitad de su obligación.

Hay que acompañarla, ayudarla materialmente, exigir responsabilidad al padre, facilitar alternativas reales, mejorar los procesos de adopción y ofrecer atención médica y psicológica.

Y esa responsabilidad no termina con el nacimiento.

Pero la pregunta “¿y la mujer?” tiene otra dimensión que casi nunca escuchamos:

¿Y LAS NIÑAS QUE NUNCA PUDIERON NACER?

Entre los seres humanos abortados también hay seres humanos de sexo femenino.

¿Dónde quedan ellas cuando hablamos de los derechos de las mujeres?

Una niña que muere antes de nacer nunca podrá marchar por sus derechos. Nunca votará. Nunca irá a la universidad. Nunca podrá descubrir cuál habría sido su vocación.

Nunca sabremos si habría sido médica, abogada, maestra, científica, religiosa, empresaria, madre o simplemente una mujer corriente que habría amado y sido amada.

Pero tampoco necesitaba convertirse en ninguna de esas cosas para tener valor.

Su dignidad no dependía de lo que algún día pudiera hacer.

Dependía de quién era.

La madre importa.

La hija también.

La respuesta humana no debería consistir en enfrentar una contra la otra, sino en decir:

“Tu vida importa. Y la de tu hijo también. No abandonaremos a ninguno.”

NI DESEADO NI INDESEADO: HUMANO

Un hijo puede haber sido esperado durante años. Otro puede llegar inesperadamente.

Uno puede ser concebido en un hogar estable. Otro, en circunstancias terribles.

Uno puede recibir un nombre desde la primera ecografía. Otro puede ser considerado un problema desde el primer instante.

Pero el hijo deseado y el no deseado no pertenecen a especies diferentes.

La voluntad de otra persona puede modificar sus circunstancias.

No puede modificar su naturaleza humana.

Si nuestra dignidad depende de que alguien nos quiera, nos considere convenientes o autorice nuestra existencia, entonces no poseemos verdaderos derechos.

Tenemos permisos.

Y quien concede un permiso también puede retirarlo.

Precisamente para impedir eso existen los derechos humanos: para que la dignidad del débil no dependa exclusivamente de la voluntad del fuerte.

“ABORTION IS HEALTH CARE”

Es una consigna frecuente en nuestra época.

Pero ninguna consigna puede sustituir una pregunta:

Health care, ¿para quién?

La madre es una paciente. Su salud importa. Su vida importa. Su sufrimiento importa.

Pero dentro de ella existe también otro ser humano vivo en desarrollo.

Podemos modificar las leyes y cambiar las palabras con las que describimos una realidad.

Lo que no podemos hacer es modificar esa realidad mediante el lenguaje.

Una ley puede declarar lícita una conducta.

Eso no demuestra automáticamente que sea justa.

Legalidad y moralidad nunca han sido sinónimos.

Si lo fueran, jamás habría existido una ley injusta que necesitara ser cambiada.

LA PREGUNTA QUE QUEDA

Eso es lo que hace relevante a Massachusetts.

No necesitamos imaginar conspiraciones ni atribuir intenciones ocultas a cada persona que piensa diferente.

Basta observar el resultado:

La frontera legal vuelve a ampliarse.

Y cuando una frontera se mueve debemos preguntarnos quién queda al otro lado.

A las seis semanas el ser humano es diminuto. A las doce está más desarrollado. A las veinticuatro sus capacidades son distintas. Después del nacimiento dependerá completamente de otros.

Cambian el tamaño, las capacidades, la apariencia y el grado de dependencia.

Lo que permanece es la continuidad del mismo organismo humano que se desarrolla.

Por eso, la cuestión no termina en Massachusetts.

Ni en 24 semanas.

Ni en doce.

Ni en seis.

Termina en una pregunta que nuestra generación debe responder:

Si sabemos que está vivo y sabemos que es humano, ¿qué circunstancia puede convertir en justo terminar deliberadamente su vida simplemente porque todavía no ha nacido?

La mujer merece nuestra ayuda.

La madre merece nuestra protección.

La víctima de violencia merece justicia.

La mujer enferma merece la mejor medicina posible.

La madre que enfrenta un diagnóstico devastador merece acompañamiento y compasión.

Y el ser humano que depende completamente de ella también merece ser protegido.

También si es pequeño.

También si está enfermo.

También si fue concebido en circunstancias terribles.

También si nadie lo esperaba.

También si todavía no puede hablar.

Porque los derechos humanos adquieren su significado más profundo precisamente frente al ser humano que carece del poder para exigirlos.

La madre importa.

El hijo importa.

Una sociedad verdaderamente humana debería ser suficientemente grande para defender a ambos.

No deberíamos exigirle a un ser humano que primero sea grande, fuerte, independiente o deseado para reconocer que ya es uno de nosotros.

RMO

martes, 11 de agosto de 2026

EL MILAGRO DE LA VIDA por Jérôme Lejeune



"Un mes despues de la concepción, un ser humano mide de largo un sexto de pulgada. El diminuto corazón ya ha comenzado a latir desde hace una semana, y los brazos, piernas, cabeza y cerebro ya han comenzado a tomar forma. A los dos meses, el niño ya cabe en una cáscara de nuez: acurrucado, la persona mide poco más que una pulgada. Dentro de tu puño cerrado, la persona sería invisible, y podrían aplastarlo sin tener intención de ello incluso sin darte cuenta. Pero si abres tu mano, la persona está prácticamente completa, con manos, pies, cabeza, órganos internos, cerebro, todo en su sitio. Todo lo que necesita es crecer. Mirando incluso más cerca con un microscopio estándar, puedes ser capaz de ver sus huellas dactilares. Todo lo necesario para establecer su identidad ya está en su lugar".

-Jérôme  Lejeune. (Montrouge, 13 de junio de 1926 - París, 3 de abril de 1994) fue un famoso médico pediatra, francés, reconocido como una gran eminencia como genetista por ser el investigador principal en el descubrimiento de la trisomía 21 (causa del síndrome de Down).

miércoles, 5 de agosto de 2026

EL CÁNTICO DEL HIJO NO NACIDO (La Sangre que clamó antes de conocer la luz)



Por Óscar Méndez Oceguera 


I — EL LATIDO QUE TODAVÍA NO TENÍA NOMBRE

Antes de que mis ojos
aprendieran el color de tu rostro,
antes de que mis manos
buscaran la forma de las tuyas,
antes de que mi voz
pronunciara una sola sílaba,
yo vivía.

No como promesa vacía.
No como posibilidad incierta.
No como sueño suspendido.

Vida verdadera.
Alma recibida.
Ser querido desde la eternidad.

“No era recuerdo.
No era proyecto.
Era alguien.”

No conocía el viento.
No conocía la lluvia.
No conocía el alba.

Pero ya conocía tu sangre.

Porque en ella
había comenzado mi historia.


II — EL SANTUARIO HERIDO

No existe templo más oculto
que aquel donde un hombre comienza.

No de piedra.
No de cedro.
No levantado por manos.

Carne que resguarda carne.
Vida que hospeda vida.

“Todo el universo
con sus montañas,
sus mares
y sus estrellas,
nunca fabricó un recinto
más digno que un vientre materno.”

Allí
la sangre debía alimentar.

El corazón debía custodiar.

El cuerpo debía proteger.

Pero el refugio
aprendió el lenguaje del rechazo.

“La casa
conoció el miedo del huésped.”

“El nido
olvidó para qué fueron hechas las alas.”

Y donde la naturaleza
había escrito hospitalidad,

el hombre escribió expulsión.


III — LA INVERSIÓN DEL ORDEN

El árbol
no devora su semilla.

La fuente
no bebe su propio cauce.

El río
no asciende hacia la montaña.

La tierra
no rechaza la lluvia.

Todo cuanto existe
custodia aquello
de donde nace la vida.

Sólo el hombre
aprendió a levantar la mano
contra su propio principio.

“Lo que debía alimentar,
hirió.”

“Lo que debía cubrir,
desnudó.”

“Lo que debía decir:
vive,
pronunció:
desaparece.”

No fue la naturaleza.

Fue su negación.

No fue el instinto.

Fue su corrupción.

No fue necesidad del ser.

Fue ruptura del amor.


IV — EL SILENCIO DE LOS QUE NO LLORARON

Cuando cae un soldado,
las campanas responden.

Cuando muere un rey,
la historia detiene la pluma.

Cuando desaparece una ciudad,
las generaciones conservan su memoria.

Pero cuando un hijo
es arrancado del lugar
donde comenzaba su existencia,

el mundo
aprendió a callar.

“No hubo duelo.”

“No hubo nombre.”

“No hubo sepultura.”

Sólo una ausencia
administrada como si fuera progreso.

Sólo una estadística
que sustituyó un rostro.

Sólo un lenguaje
capaz de esconder
lo que las manos hacían.

“La palabra
cubrió la sangre.”

“El argumento
ocultó el grito.”

“La técnica
silenció la conciencia.”

Y el silencio
terminó pareciendo paz.


V — LA MADRE QUE TAMBIÉN LLORA

Ningún corazón
fue creado
para olvidar a su hijo.

Puede convencerse.

Puede justificarse.

Puede endurecerse.

Pero no puede dejar
de haber sido madre.

“Hay lágrimas
que no encuentran los ojos.”

“Hay duelos
que se esconden
dentro del pecho
durante toda una vida.”

La memoria
permanece donde la razón
cree haber vencido.

Porque el amor
es más antiguo
que todas las ideologías.

Y la sangre
recuerda
lo que las palabras
quisieron borrar.


VI — EL PADRE AUSENTE

También hubo un hombre.

No siempre violento.

No siempre cruel.

Muchas veces
simplemente ausente.

El que debía permanecer,
huyó.

El que debía proteger,
calló.

El que debía responder,
entregó su autoridad
al miedo.

“Muchos hijos
murieron
porque primero
murió el padre.”

No el cuerpo.

La responsabilidad.

No la fuerza.

El coraje.

Y cuando el padre
abandona su lugar,

el mundo entero
queda un poco
más huérfano.


VII — EL CIELO QUE NO OLVIDA

Ningún nombre
se pierde delante de Dios.

Lo que el mundo
registró como procedimiento,

el cielo
lo llamó por su verdadero nombre.

Lo que los hombres
redujeron a decisión,

el Amor eterno
lo conoció
como una persona.

“Ninguna vida
desaparece en la nada.”

“Ninguna alma
es olvidada
por quien la llamó al ser.”

La tierra
puede negar una tumba.

La historia
puede negar una página.

Los hombres
pueden negar un rostro.

Pero Dios
no olvida
aquello
que amó desde siempre.


VIII — EL RECLAMO

¿Quién devolverá
el primer abrazo?

¿Quién enseñará
a aquellos labios
el nombre de su madre?

¿Quién pondrá
en aquellas manos
el pan que nunca tocaron?

¿Quién devolverá
los cumpleaños
que jamás amanecieron?

¿Quién responderá
al silencio
de millones
de hijos sin memoria?

“No preguntan con odio.”

“No acusan con venganza.”

Sólo esperan
que el hombre
recuerde
quién era
antes de aprender
a llamar derecho
a lo que destruye la justicia.


Porque ninguna civilización
permanece
cuando convierte
el santuario
en matadero.

Ninguna libertad
permanece
cuando rompe
la primera alianza
del amor.

Ningún progreso
merece ese nombre
si comienza
por borrar
al más pequeño.


“Toda madre
fue creada
para decir:
vive.”

“Todo padre
fue creado
para responder:
yo te guardaré.”

“Todo hijo
fue creado
para escuchar,
algún día,
la primera palabra
que ninguna ley
podrá sustituir:

Bienvenido.”


Y mientras exista
un solo niño
a quien se le niegue
la aurora,

la tierra
seguirá esperando
que el hombre
vuelva a aprender
el significado
de una palabra
más antigua
que todas las constituciones,
más alta
que todos los imperios,
más fuerte
que toda voluntad de poder:

Padre.

Y otra,
que sostiene
al mundo entero
desde el principio:

Madre.
 

jueves, 9 de abril de 2026

IMPORTANTE TESTIMONIO MÉDICO (No dejes de leerlo).



Por: Dr. Sergio Villarreal 

En los últimos meses he leído en redes sociales algunos argumentos relacionados con el bebé que no ha nacido que quiero comentar. He leído que son solo células. He leído que no es un ser humano. He leído que no es un ser vivo. He leído que no es un ser con conciencia. Y he leído que por todo lo anterior esas células no tienen ningún derecho que debamos respetar. Ante todas esas cosas que he leído, yo quiero dar mi testimonio:

Soy ginecólogo desde hace 30 años. Desde 1988 he dado consulta a muchas mujeres que han depositado su confianza en mí. He cuidado sus embarazos. He atendido los nacimientos de sus hijos. No pocos de esos bebés que recibí ya crecieron y ahora son padres y en algunos casos he atendido ya el nacimiento de sus propios hijos.

En todos estos años, a muchas pacientes les he tomado ultrasonido desde muy temprano en su embarazo, como parte del cuidado médico que les proveo. Pero en el camino he atestiguado muchas otras cosas que van más allá de la sola apreciación médica y se las quiero comentar:

He visto el corazón de los bebés latir desde muy temprano, con fuerza, con tanta fuerza que no es raro que veamos primero el latido que al bebé mismo.

Los he visto a las 7 semanas dar pequeños saltos sobre su espalda.

Los he visto a las 9 semanas mover sus brazos y sus piernas, mover su cuerpo entero, echar maromas, saltar y brincar, ponerse de frente y ver su cara, ponerse de perfil, abrir su boca y hacer tantos gestos tan comunes y familiares para cualquier ser humano.

Los he visto completos, con cerebro y corazón, con ojos, oídos y boca. Los he visto con manos y pies, con líquido en el interior de su estómago, con orina en su vejiga. He visto las cavidades de su corazón bombeando sangre a su cuerpo entero. He visto como se tocan con sus manos, como doblan sus rodillas, como las extienden y se estiran como si estuvieran en un columpio.

Los he visto crecer dentro del vientre, los he visto cuando bostezan y los he visto tener hipo. Los he visto mover sus músculos respiratorios. Los he visto hacer puños con sus manos y los he visto mover sus ojos. Esperando el momento de nacer.

Y ahí, al verlos dentro del vientre, he podido reconocer que son más que solo células, he reconocido un ser vivo, con su propia fisiología, con su propia estructura. He visto un ser humano. He visto un ser de mi especie, solo que menor que yo, un ser que es un continuo en el tiempo con el ser que será en el futuro. Un ser que no es solo potencial, sino que es realidad ya ahí en el vientre de su madre, tal como el niño pequeño que, aunque es potencial para el futuro, ya es realidad en su presente infancia. Cierto, no es un ser humano consciente de su entorno, cómo no lo es el recién nacido, o el niño que tiene unos días o semanas de vida, o como el adulto mayor que ha perdido algunas de sus funciones cognitivas. Pero es un ser humano, tanto como ellos, igual que ellos, simplemente es un ser humano.

He visto a esos embriones convertirse en fetos, y a esos fetos nacer, y los he visto luego venir con sus padres, ya como niños, a mi consulta, a ver el milagro de tener uno, dos o más hermanitos. Y los he visto crecer y hacerse hombres y mujeres de bien. Y los he visto hacerse a su vez madres y padres que aman la vida que les fue dada y la vida que ahora dan.

He visto a muchos padres y madres llorar de alegría al ver a su hijo por primera vez en una pantalla, y los he visto ser inmensamente felices cuando nacen. Y muchas veces los he escuchado cómo ese bebé ha cambiado sus vidas, y cómo están ahora dispuestos a dar su vida por amor a su pequeño. No es retórica. Cualquier padre lo sabe, cualquier madre lo entiende. Dispuesto, dispuesta a morir por amor a su bebé.

Y he visto casos de mujeres que de pronto se encontraron con una realidad que no esperaban, con un embarazo no planeado, con un bebé que no creían se presentara en el camino. A veces ellas solas, y por solas más valientes. Pero cuando han tomado conciencia de lo trascendente que viven y han aceptado la llegada del bebé, y han continuado a mi cuidado, no he visto a una sola mujer arrepentirse de dar vida, no he visto una sola, que después de algunos años, no vea en su hijo o en su hija lo más valioso de su vida. Jamás, jamás he escuchado a una sola decir: “hubiera preferido no tenerlo”.

Después de dar este testimonio, solo espero que quienes piensan diferente lo hagan por ignorancia, ojalá que sea por falta de información.

No argumenten que son solo células, no argumenten que no es un ser vivo, no argumenten que no es un ser humano o que no tiene conciencia. No insulten su propia inteligencia con esos argumentos, que son tan falsos y vacíos que es increíble que un ser humano con conciencia si quiera los tome en cuenta.

lunes, 11 de agosto de 2025

UN SER HUMANO SOLO PUEDE CONCEBIR OTRO SER HUMANO Y NO UN SIMPLE MONTÓN DE CÉLULAS

 

Un mes despues de la concepción, un ser humano mide de largo un sexto de pulgada. El diminuto corazón ya ha comenzado a latir desde hace una semana, y los brazos, piernas, cabeza y cerebro ya han comenzado a tomar forma. A los dos meses, el niño ya cabe en una cáscara de nuez: acurrucado, la persona mide poco más que una pulgada. Dentro de tu puño cerrado, la persona sería invisible, y podrían aplastarlo sin tener intención de ello incluso sin darte cuenta. Pero si abres tu mano, la persona está prácticamente completa, con manos, pies, cabeza, órganos internos, cerebro, todo en su sitio. Todo lo que necesita es crecer. Mirando incluso más cerca con un microscopio estándar, puedes ser capaz de ver sus huellas dactilares. Todo lo necesario para establecer su identidad ya está en su lugar.

-Jerome Lejeune. Genetista Moderno.

sábado, 9 de agosto de 2025

EL DERECHO A MATAR: ENTRE LA CÁNULA, EL PAÑUELO Y LA DECLARACIÓN DE DERECHOS HUMANOS

Puede verse también en:


I. EL INFIERNO, LOS EUFEMISMOS Y LA LITURGIA PROFANA DEL YO

El aborto es un crimen. No hay atenuante posible, ni contexto que lo dignifique, ni retórica que lo suavice. Es, en sí mismo, un acto de injusticia absoluta: la destrucción deliberada del más inocente, del más indefenso, del más irreemplazable. Su malicia no necesita adjetivos para ser monstruosa. Basta el hecho.

Pero como si no bastara con la muerte, la cultura moderna ha añadido el escarnio. Hoy se mata al hijo no sólo en la sombra, sino bajo los reflectores; no con lágrimas, sino con aplausos; no en secreto, sino como espectáculo. Lo que antaño era escondido como pecado, hoy es celebrado como derecho. Y esto no es solamente una aberración añadida: es una consagración del crimen, una liturgia profana del yo, una religión sin Dios cuyo dogma es la autonomía absoluta y cuyo altar es el vientre profanado.

Cada vez que se sacrifica a un inocente en nombre de la “libertad reproductiva”, se perpetra una negación sistemática del orden natural, una subversión del derecho y una blasfemia contra la ley divina. Lo que llaman “interrupción voluntaria del embarazo” no es solamente la extirpación de una criatura: es la afirmación solemne de que el yo se ha vuelto dios, de que el bien y el mal pueden ser definidos por decreto, de que matar puede ser un acto de justicia.

II. LA INVERSIÓN DEL LENGUAJE: DE CRIMEN A DERECHO

La guerra espiritual de nuestro tiempo se libra en el campo del lenguaje. No basta con cometer el mal: es necesario rebautizarlo. Así, el aborto se convierte no solamente en un “derecho”, sino en una “conquista”, en un “acto de amor”, en una “forma de justicia social”. Cada palabra ha sido cuidadosamente trastocada para que el infierno se diga con tonos de dulzura.

Pero el Doctor Angélico enseña que veritas est adaequatio rei et intellectus —la verdad es la conformidad entre la cosa y el entendimiento. Cuando el lenguaje se disocia de la realidad, se disocia también de la verdad. Nombrar al asesinato como “intervención” no lo hace menos homicidio; proclamarlo como “progreso” no lo hace menos pecado. Este es el lenguaje del padre de la mentira, que prometió libertad en el Paraíso y entregó muerte.

III. LA LEGALIDAD COMO MÁSCARA DE LA INJUSTICIA: EL ESTADO COMO SACERDOTE DE LA NUEVA RELIGIÓN

La ley humana, cuando se aparta de la ley eterna y natural, deja de ser ley y se convierte en corrupción de la misma. El Estado moderno, que otrora fue instituido para custodiar la justicia, ha abrazado la apostasía jurídica: no solamente tolera el aborto, lo promueve; no solamente lo permite, lo financia; no solamente lo despenaliza, lo convierte en símbolo de civilización.

Así, el aparato legal se convierte en instrumento de muerte. Y, como enseñaba el Magisterio tradicional, lex iniusta non est lex —la ley injusta no obliga, sino que oprime. El orden jurídico que protege la muerte y persigue la vida ha invertido su finalidad: ya no protege al inocente, sino que protege al verdugo.

IV. EL CUERPO DE LA MUJER COMO CAMPO DE BATALLA IDEOLÓGICA

El feminismo moderno ha sustituido el dogma del amor por el dogma de la revancha. El vientre materno, que debía ser santuario, se ha convertido en trinchera; la maternidad, que debía ser don, se ha vuelto esclavitud; la vida, que debía ser acogida, se ha convertido en enemigo. El cuerpo femenino ha sido reclutado como campo de guerra por una ideología que no busca elevar a la mujer, sino despojarla de su esencia.

La mujer no es liberada cuando rechaza la vida; es desfigurada. El demonio no odia la libertad de la mujer: odia su capacidad de dar vida. Por eso el aborto no es solamente un acto contra el hijo: es una rebelión contra la maternidad misma. Es el grito luciferino: non serviam.

V. LA VÍCTIMA SIN VOZ: EL NO-NACIDO Y LA OMISIÓN DE LOS JUSTOS

El niño por nacer es el más perfecto ícono de Cristo inocente: no tiene poder, no tiene voz, no tiene defensa. Y sin embargo, su muerte es celebrada como si fuera una victoria. La cultura moderna no solamente permite el crimen: lo proclama como virtud.

¿Y dónde están los justos? ¿Dónde están los padres, los maestros, los legisladores, los médicos, los clérigos? ¿Dónde están aquellos que debían alzar la voz en defensa del más pequeño? Callan. Porque hablar les costaría prestigio, seguridad o comodidad. Con todo, la historia, en su vaivén, a veces muestra destellos de heroicidad: en medio de la podredumbre moral, aún hay quienes, con una sencilla directriz o “hoja” de intenciones, se atreven a defender la vida del concebido, dando testimonio de que la prudencia política, cuando es recta, puede ser un baluarte contra la tiranía.

Pero el silencio ante la injusticia es complicidad con el mal. Es mejor morir con la Verdad que vivir con la mentira.

VI. LA VENGANZA DE LA NATURALEZA: CICATRICES ESPIRITUALES

El aborto no termina cuando cesa el latido del niño. El alma de la madre —creada para amar, no para destruir— queda marcada. Aunque la ideología diga que ha “decidido libremente”, la naturaleza grita. Los vientres vacíos lloran. Las cunas nunca compradas claman. Las pesadillas no cesan. La culpa no se borra con píldoras.

No solamente se destruye un cuerpo: se hiere un espíritu. No solamente se apaga una vida: se fractura la conciencia. No solamente se suprime al hijo: se oscurece la maternidad.

VII. LA RESPUESTA CATÓLICA: LUZ EN LA TINIEBLA

No bastan argumentos políticos. No bastan estadísticas médicas. No bastan campañas de sensibilización. Contra esta herejía vital, solo hay una respuesta suficiente: el Evangelio íntegro, la ley natural proclamada con claridad, la doctrina católica vivida con fidelidad.

Es necesario que resplandezca de nuevo la verdad eterna: que la vida es sagrada, que el hijo no es enemigo, que la maternidad es un don, que el crimen jamás puede ser derecho. La respuesta no vendrá de las élites ilustradas ni de las ONGs internacionales: vendrá de las almas humildes que han guardado la fe, de los laicos valientes, de los confesores fieles, de los apóstoles del Sagrado Corazón, que aún se atreven a llamar pecado al pecado y gracia a la gracia.

EPÍLOGO: EL DÍA DEL JUICIO Y LA SENTENCIA QUE IMPORTA

Vendrá el día en que los inocentes nos miren desde la eternidad. No preguntarán qué leyes se aprobaron, qué marchas organizamos, qué editoriales firmamos. Preguntarán algo más simple y más terrible: “¿Dónde estabas tú cuando nos mataban?”

Y si nuestro silencio fue cómplice, si nuestra tibieza fue disfraz de prudencia, si nuestra omisión fue más cómoda que nuestra fidelidad… entonces no podremos responder.

La historia juzgará al aborto como juzga hoy a la esclavitud. Pero más allá de la historia, el Justo Juez pedirá cuentas. Y entonces, sólo los que hayan defendido la vida con palabra, con oración y con sacrificio, serán hallados dignos.

Oscar Méndez O.

miércoles, 30 de julio de 2025

SE ES HUMANO DESDE EL MOMENTO MISMO DE LA CONCEPCIÓN


Nacer no lo convirtió en ser humano.  Ya lo era, desde el momento de su concepción.  Nacer no convirtió a su progenitora en madre.  Ella fue madre desde el momento de la concepción.  Por eso, la vida y dignidad humanas de los no natos deben respetarse, porque tienen igual valor que la de cualquiera de nosotros.


jueves, 5 de junio de 2025

GANÓ LA VIDA EN EL ESTADO DE GUANAJUATO


 
Si no se ve el video, puede mirarse en facebook:


Bendito sea Dios. Cabe destacar la valentía de la diputada Itzel Mendo que cambió de opinión al estudiar profundamente el tema y desempató la votación de la sesión anterior. Mujeres así son el orgullo de Guanajuato.

Con un discurso en favor de la vida, la diputada Itzel Mendo, del Partido Verde Ecologista de México, se pronunció en tribuna del Congreso de Guanajuato, lo que derivó en el archivo de las iniciativas del Partido Movimiento Ciudadano, apoyadas por Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde, que buscaban la despenalización del aborto en el estado.

Su intervención provocó una fuerte reacción de colectivas "feministas" presentes en el recinto legislativo, quienes interrumpieron la sesión ordinaria (y las profundas razones que daba la legisladora para rectificar su anterior voto) con consignas, humo verde y morado, y pintas dentro del salón del Pleno. 

 La votación quedó dividida: 19 votos a favor de mantener la penalización del aborto —16 del PAN, 1 del PRD, 1 del PRI y 1 del Partido Verde—, frente a 17 votos en contra —11 de Morena, 2 de Movimiento Ciudadano, 2 del PRI, 1 del Partido del Trabajo y 1 del Partido Verde.

Al mismo tiempo, grupos provida mayoritarios respaldaron a la legisladora con gritos de “¡No estás sola!”, mientras diputados del PAN se colocaron detrás de ella en señal de apoyo.

Miles de manifestantes (muy superiores en número al de las proabortistas) que se hallaban afuera del recinto esperando el resultado, estallaron en vítores a favor al conocer el triunfo de la vida.

¡Viva la vida!

viernes, 7 de marzo de 2025

EL VIENTRE Y EL ALTAR: SANTUARIOS DE VIDA


Dios le ha otorgado una dignidad inmensa al vientre de una mujer, que solo se compara con el Altar. En el Altar, la hostia, al momento de la Consagración, adquiere la Vida de Cristo (se realiza la transubstanciación del pan por el Cuerpo de Cristo), y el vientre, luego de la concepción, adquiere una nueva vida humana; en ambos lugares ocurre un milagro, el milagro de la Vida.

El Altar es sagrado porque allí Jesús se hace presente real y verdaderamente en la Eucaristía. El vientre materno es sagrado porque allí Dios infunde un alma inmortal a un nuevo ser. Despreciar el don de la maternidad es olvidar que Dios mismo quiso encarnarse en el seno de María.

Honremos la vida en todas sus formas y defendamos estos santuarios donde Dios obra maravillas.

 I. A.

viernes, 28 de febrero de 2025

EL GRITO SILENCIOSO: UNA HISTORIA DE DOLOR Y ESPERANZA


La madrugada envolvía el hospital en un silencio pesado cuando Clara llegó, sintiendo que cada paso la sumergía más en un abismo de incertidumbre. Había pensado que, al tomar una decisión, la tormenta interna cesaría, pero cada latido de su corazón parecía intensificar sus dudas.

¿Realmente iba a hacerlo?

Las voces a su alrededor eran ensordecedoras. Su pareja, con indiferencia, le había dicho: “Haz lo que creas mejor”. Sus amigas insistían en que era su derecho. Su madre, con tono severo, le recordó: “Un hijo ahora arruinará tus planes”. En todos lados, el mensaje era claro: “No es nada. Es tu cuerpo, tu elección”.

Sin embargo, en lo más profundo de su ser, una voz susurraba lo contrario. Si realmente no era nada, ¿por qué sentía ese nudo en el estómago?

Se abrazó a sí misma, intentando contener el temblor que la recorría. Las sombras del pasillo parecían cerrarse sobre ella, y el pánico la invadió. ¿Y si lo que llevaba dentro era una vida real?

Trató de desestimar esos pensamientos, repitiéndose lo que otros le habían dicho: que solo era un conjunto de células, que no había conciencia, que no importaba. Pero recordó lo que había leído en algún lugar:

 • El corazón comienza a latir alrededor de la tercera semana de gestación.

 • La actividad cerebral se detecta desde la sexta semana.

 • Para la semana doce, el feto puede responder a estímulos.

Si un feto puede responder, ¿cómo podría ser “nada”?

Apoyó la frente contra la pared fría, buscando claridad. No podía pensar con claridad. Cada argumento chocaba con su miedo, su vergüenza y la desesperación de no saber qué camino tomar.

“No estás preparada”, le decía una voz interna. “Esto arruinará tu vida. No tienes los recursos ni el apoyo. ¿Cómo criarás a un niño cuando apenas puedes contigo misma?”

Pero otra voz, más suave, le susurraba: “Si dentro de ti hay un corazón latiendo, un cerebro funcionando, un ser con ADN único… ¿tienes derecho a decidir su destino?”

Tragó saliva, sintiendo la opresión en el pecho. ¿Y si estaba a punto de cometer un error irreversible?

El miedo se transformó. Ya no era solo temor a tener al bebé, sino miedo a las consecuencias de no tenerlo.

Una enfermera se acercó con una carpeta en mano.

—Clara González. Es tu turno.

La miró, paralizada. Todo su ser le pedía que se levantara, que huyera, que protegiera lo que llevaba dentro. Pero el miedo la mantenía inmóvil.

Instintivamente, llevó las manos a su vientre. En ese gesto, una imagen de su infancia emergió: la Virgen María, con su manto azul, llevando en su seno al Salvador.

Si María hubiera considerado su embarazo como un obstáculo, si hubiera cedido al miedo… ¿qué sería de nosotros?

El pensamiento la sacudió. Si el Hijo de Dios vino al mundo a través de una mujer, ¿cómo podía ella rechazar el don que se le había confiado?

Un escalofrío recorrió su cuerpo, y por primera vez en mucho tiempo, sintió una presencia reconfortante.

No estaba sola. Nunca lo había estado.

En un susurro, sus labios pronunciaron: “Mater Dei, ora pro nobis.”

El miedo comenzó a desvanecerse, dando paso a una determinación desconocida.

Se puso de pie, dejando atrás la sombra de la desesperanza. Atravesó el pasillo del hospital, y al salir, el amanecer pintaba el cielo con tonos dorados, como si la creación misma celebrara su decisión.

Había elegido la vida.

Aunque el futuro era incierto, sabía que había abrazado el plan de Dios.

Y en ese vientre que casi fue negado, en ese santuario donde Dios depositó un alma inmortal, una nueva luz seguía latiendo. Un latido que resonaba con el amor eterno, perteneciente tanto a ella como al Creador que lo había concebido desde la eternidad.

OMO