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viernes, 17 de octubre de 2025

EL DERECHO A MORIR O LA MUERTE DEL DERECHO



Por Óscar Méndez Oceguera

El nuevo laboratorio de la muerte legalizada

El 10 de octubre de 2025, Uruguay se convirtió en el primer país de América Latina en legalizar la eutanasia y el suicidio asistido. Con una mayoría estrecha, el Senado aprobó la norma que permite a los médicos provocar o facilitar la muerte de quien padezca “sufrimientos insoportables” o “enfermedades incurables”.
La prensa lo anunció como un hito histórico, un avance moral, un paso más hacia la libertad. Los discursos oficiales repitieron el catecismo moderno: autonomía, dignidad, compasión.

Pero detrás de esas palabras se oculta una sustitución mucho más profunda que una ley: la del orden natural por la voluntad; la del ser por el deseo. Se ha promulgado una norma que destruye el fundamento mismo del Derecho, pues convierte en objeto de disposición lo que constituye su principio. La vida —fuente de todo derecho— se ha convertido en materia de contrato.


Una secuencia global cuidadosamente ensayada

El gesto uruguayo no es aislado. Forma parte de una secuencia cuidadosamente ensayada en Europa y Norteamérica: se comienza invocando la piedad hacia los enfermos terminales, y se termina justificando la eliminación de quienes “ya no pueden disfrutar”.
Países Bajos, Bélgica, España, Canadá, Portugal… todos siguieron el mismo itinerario, con idéntico lenguaje emocional y resultados cada vez más radicales.

En cada caso, la promesa de una excepción humanitaria a personas terminales se transformó, por lógica imparable y progresiva reinterpretación, en un sistema de eliminación legalmente administrada que hoy alcanza a personas con trastornos mentales o que simplemente están “cansadas de vivir”.
La muerte dejó de ser un límite y se convirtió en servicio público, cada vez más amplio.

Y ahora, América Latina comienza a replicar esa arquitectura. En México, la llamada Ley Trasciende copia casi palabra por palabra los argumentos uruguayos: “libertad de decidir”, “muerte digna”, “compasión médica”. Ninguna de esas fórmulas se refiere a fortalecer los cuidados paliativos o el acompañamiento espiritual: todas apuntan a institucionalizar el poder de suprimir la vida en nombre de la autonomía.


La libertad confundida con dominio

La primera confusión de nuestro tiempo consiste en creer que la libertad es dominio. El hombre moderno, obsesionado con ser dueño de sí, ha olvidado que la libertad no consiste en poder hacer cualquier cosa, sino en poder hacer el bien.
No es propiedad, sino participación.

La libertad sin verdad no libera, disuelve. Y cuando la voluntad deja de reconocerse subordinada al bien, se vuelve poder sin medida. La voluntad que mata deja de ser libre: es esclava del miedo, del dolor o del hastío.
Por eso, no hay acto más contradictorio que el suicidio asistido: es la negación de la libertad en nombre de la libertad misma.


El error metafísico de la propiedad del ser

El error proviene de una raíz metafísica: la idea de que el hombre posee su ser (su substancia) del mismo modo en que posee sus bienes (sus accidentes).
Pero nadie puede ser propietario de aquello que lo constituye. No tengo mi vida como tengo mis cosas: soy mi vida (mi esse).

Y aquello que soy, no puedo legítimamente destruirlo.
La relación del hombre con su existencia no es de dominio, sino de custodia ontológica. Disponer de la vida no es ejercer un derecho, sino traicionarlo.
La vida no pertenece al individuo: le ha sido confiada. No es objeto de soberanía, sino de responsabilidad.

Quien convierte la vida en propiedad introduce la semilla del nihilismo jurídico: si todo lo que poseo puedo destruirlo, entonces todo lo que existe puede ser eliminado.


La ley que deja de ser ley

De este extravío deriva el colapso del Derecho.
Porque la ley, si ha de ser justa, debe fundarse en el bien y no en la voluntad. La vida es el bien primero, el presupuesto de toda norma. Sin ella, no hay justicia posible.

Por eso, una ley que autoriza la supresión de la vida no es ley, sino ficción de legalidad. Sustituye el orden por el procedimiento, la verdad por la mayoría.
Es la forma perfecta del desorden: un sistema que legisla contra su propio principio.

Lo que antes se llamaba homicidio hoy se llama derecho; lo que antes se llamaba piedad, hoy se llama eliminación compasiva.
Así muere el Derecho: no cuando se cometen injusticias, sino cuando se las codifica.


La dignidad falsificada

Los defensores de la eutanasia invocan la dignidad, pero la confunden con la comodidad.
Creen que un cuerpo débil o doliente deja de ser digno, como si la dignidad dependiera del vigor o de la utilidad.
Sin embargo, la dignidad humana no se gana ni se pierde: es inherente al ser.

La enfermedad no la degrada, la revela. Porque en la fragilidad se manifiesta la grandeza de lo que somos: criaturas racionales, dependientes y abiertas al amor.
La verdadera indignidad no está en sufrir, sino en ser abandonado.

Por eso, la ley que ofrece la muerte en lugar del acompañamiento no es expresión de compasión, sino de cansancio social.
Es la renuncia organizada de una sociedad que ya no soporta mirar la vulnerabilidad y prefiere ocultarla bajo el nombre de libertad.


La compasión traicionada

Tampoco hay compasión en matar para evitar el dolor.
La compasión auténtica no elimina al que sufre: lo acompaña. Lo abraza, lo sostiene, lo eleva.

La compasión moderna, en cambio, es sentimentalismo desesperado: incapaz de dar sentido al dolor, lo suprime borrando al doliente.
El médico deja de curar para administrar la desesperanza.
El hospital deja de ser casa del alivio para convertirse en despacho de eutanasias.

Lo que se presenta como acto de piedad es, en realidad, la forma más fría del abandono.


La medicina del alma: los cuidados paliativos

Y mientras se promulgan leyes de muerte, los cuidados paliativos —la verdadera respuesta humana al sufrimiento— siguen siendo escasos y precarios.
Allí donde se aplican, la petición de morir desaparece casi por completo.
Porque el enfermo que se siente acompañado ya no desea morir: desea vivir bien.

El enfermo no pide la muerte, pide no estar solo.
Por eso, legislar la eutanasia sin garantizar los paliativos no es compasión, sino negligencia institucional.
Es ofrecer una jeringa en lugar de una mano.


El sufrimiento como revelación del ser

El sufrimiento, lejos de ser un error que deba extirparse, es el lugar donde el hombre se encuentra con su límite y con su alma.
El dolor revela la verdad del ser: su dependencia, su fragilidad, su apertura al otro.
En ese borde donde se toca la finitud, el hombre aprende la humildad y la gratitud.

Allí donde el cuerpo se quiebra, el espíritu puede crecer.
Por eso, las culturas que sabían acompañar el dolor eran más humanas que las que lo eliminan.
La nuestra, en cambio, ha hecho del bienestar su único valor, y por eso considera inútil todo lo que no produce placer.

De ahí nace la idea monstruosa de los humanos desechables: vidas que, al perder funcionalidad, se consideran carentes de sentido.
El anciano que se siente carga, el enfermo que teme arruinar a su familia, el pobre que no quiere ser peso del Estado… todos ellos son empujados, con dulzura burocrática, a desaparecer.
La sociedad del confort ha convertido la muerte en gesto de eficiencia.


La negación del fin y la corrupción de la justicia

La raíz última de este fenómeno es la negación de la finalidad.
Cuando se pierde la noción de fin natural, todo se reduce a técnica.
El dolor deja de tener sentido, la muerte deja de ser tránsito y la vida deja de ser misión.

El hombre, reducido a productor y consumidor, se mide por su utilidad, no por su ser.
Pero el Derecho no puede sobrevivir en esa lógica: si no reconoce fines intrínsecos, solo regula apetitos.
Y donde la norma se vuelve servidora del deseo, la justicia muere.

La eutanasia, en su aparente neutralidad, consagra este nihilismo final: la idea de que el hombre no tiene destino más alto que su propio consentimiento.


El Estado neutral que decide quién muere

El Estado, que debería proteger la vida, se disfraza de neutral y termina arbitrando quién puede morir.
En nombre de la autonomía, administra la autonegación.

Es el mismo principio que permitió el aborto y que prepara la ingeniería genética: la pretensión de poseer el cuerpo como cosa.
Pero el cuerpo no es objeto, es forma del alma.
No lo tenemos, lo somos.

Tratarlo como propiedad es confundir la persona con la materia y abrir la puerta a su manipulación total.
De ahí al totalitarismo sanitario solo hay un paso: el poder de decidir quién debe vivir por razones de utilidad, costo o comodidad.


El Derecho que muere de autonegación

El Derecho, reducido a voluntad de mayorías, deja de ser racional.
Una ley que legitima el suicidio asistido convierte al Estado en cómplice del nihilismo.
Y una sociedad que llama derecho a la destrucción de su principio vital, se prepara para desaparecer como civilización.

Porque el Derecho muere no cuando se transgrede, sino cuando se desnaturaliza.
Su esencia no está en el consenso, sino en la verdad.


El sentido purificador del límite

El sufrimiento, en cambio, guarda un sentido que trasciende toda ley humana.
Quien lo atraviesa con amor descubre la grandeza que el placer nunca enseña.
El que acompaña a un moribundo aprende más sobre la vida que quien huye del dolor.

El que soporta con esperanza su límite purifica su alma y la prepara para lo eterno.
En esa escuela silenciosa se forman las virtudes que sostienen el mundo: la paciencia, la compasión, la humildad, la fe.
Suprimir esa experiencia es suprimir el aprendizaje moral de la humanidad.

La eutanasia, más que una ley médica, es una amputación del espíritu.


Barbarie con rostro clínico

No hay civilización posible si el hombre no acepta que la vida tiene un sentido que lo supera.
Quien destruye el límite destruye la medida; quien elimina el dolor elimina la conciencia; quien convierte la ley en instrumento de muerte firma el acta de defunción de la justicia.

La única modernidad que merece ese nombre no es la que acelera la muerte, sino la que enseña a morir con humanidad.
Legislar la eliminación de los débiles no es progreso: es barbarie con rostro clínico.


La decisión final

La vida, incluso doliente, sigue siendo bien.
La ley que la niega no libera, esclaviza; no consuela, abandona; no protege, destruye.
Cuando una civilización convierte la muerte en derecho, abdica de su razón y de su alma.

Porque el Derecho vive mientras exista la convicción de que la vida merece ser defendida por sí misma.
Cuando esa convicción se pierde, lo que queda no es libertad, sino desierto moral.

De esa elección depende todo lo que entendemos por humanidad.
Porque una sociedad se define no por cómo trata a sus más fuertes, sino por cómo mata a sus más débiles, incluso si lo hace en nombre de la libertad.


En este impasse se juega el Derecho, el respeto a la naturaleza e incluso el alma.

viernes, 27 de enero de 2012

EL CONSEJO DE EUROPA APRUEBA UNA RESOLUCIÓN CONTRA LA EUTANASIA

Resolución provida histórica

El Consejo de Europa aprobó el miércoles, 25 de enero de 2012, una resolución en la que se dictamina que «la eutanasia, en el sentido de la muerte intencional, por acción u omisión, de un ser humano en función de su presunto beneficio, debe estar prohibida siempre». Asimismo, el texto indica que «en caso de duda, la decisión siempre debe ser pro-vida y a favor de la prolongación de la vida».
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El Consejo de Europa ha dictado varias resoluciones pro-vida que no dejan de sorprender. De las recientes:
Ahora también afronta la cuestión de la eutanasia, y en la resolución 1859 (2012), del 25 de enero de 2012 dictamina que (la traducción no es oficial):
"5.- Esta resolución no tiene la intención de afrontar los problemas de la eutanasia o el suicidio asistido. La eutanasia, en el sentido de la muerte intencional, por acción u omisión, de un ser humano en función de su presunto beneficio, debe estar prohibida siempre. Esta resolución se limita a la cuestión de las «voluntades anticipadas», testamentos vitales y poderes de representación permanente".
Pero aún hay más.

Detalla a continuación los principios sobre esos testamentos, que deben ser respetados. También los convenios y acuerdos internacionales. Termina primorosamente:
"7.8 […] y, en caso de duda, la decisión siempre debe ser pro-vida y a favor de la prolongación de la vida."
La resolución no es jurídicamente vinculante, pero sí que ayudará a crear jurisprudencia y criterios de aplicación. La primera prueba la tendremos en el caso Koch contra Alemania que está en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en el que el Sr Koch demandó al estado por no aplicarle la eutanasia a su esposa.

Ojalá se siga por esta senda.

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lunes, 29 de agosto de 2011

ES EUTANASIA DEJAR DE ALIMENTAR O HIDRATAR A UN ENFERMO: Obispo de Huelva

La eutanasia es inmoral y contraria
a la doctrina católica
Tres días después de que la Junta de Andalucía requiriera al Hospital onubense de la Blanca Paloma la retirada de la sonda nasogástrica a la paciente Ramona Estévez, de 90 años de edad, el obispo de la diócesis andaluza, Mons. José Vilaplana, ha publicado un escrito en el que define la decisión tomada como «un acto de eutanasia» ya que «toda acción dirigida a interrumpir la alimentación o la hidratación constituye un acto de eutanasia, en el que la muerte se produce no por la enfermedad, sino por la sed y el hambre provocada».

Comunicado completo de Mons. José Vilaplana

Ante la noticia de la retirada, a petición de los familiares, de la sonda nasogástrica que alimenta e hidrata a Doña Ramona Estévez, enferma en coma como consecuencia de un infarto cerebral irreversible, ingresada en el Hospital Blanca Paloma de Huelva, me siento, como Pastor de la Diócesis, y en comunión con la Conferencia Episcopal Española y con la Asamblea de los Obispos del Sur, que se han pronunciado en varias ocasiones sobre el proceso de la muerte, en la obligación de iluminar las conciencias y de recordar el Magisterio de la Iglesia sobre el debido respeto a la dignidad y a la vida de todas las personas.

- Toda acción dirigida a interrumpir la alimentación o la hidratación constituye un acto de eutanasia, en el que la muerte se produce no por la enfermedad, sino por la sed y el hambre provocada.

- Hay que estar siempre de parte de la vida humana, cualquiera que sea su desarrollo o su situación existencial. Debemos estar a favor de los últimos, de los débiles, de los incapacitados, para hacer valer sus derechos y, sobre todo, el derecho a la vida.

- Al constatar que algunos presentan el caso como un acto de humanidad y de liberación, quiero recordar que el único deber que tiene la sociedad, en relación a la enferma, es ayudarla a vivir. La vida no es algo de usar y tirar. La dignidad de la vida humana no puede venir ligada al estado de conciencia o de inconciencia del enfermo.

- No es deber de un médico suspender la alimentación y la hidratación a una persona que se encuentra en un coma vegetativo, enfermedad crónica que no será la causa de la muerte. Ante esto, es necesario reconocer el derecho a la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios.

- Acompañamos en silencio y con la oración los últimos días de Doña Ramona Estévez.

Con gran humildad, pido al Señor de corazón por los familiares y las personas que la rodean, para que puedan descubrir en ella la fuerza misteriosa de la vida, perceptible también en un cuerpo anciano, en coma y débil, y puedan así repensar sus decisiones, pues la muerte buscada o inducida, como tantas veces ha repetido Benedicto XVI, no es la respuesta al drama del sufrimiento.

Huelva, 26 de agosto de 2011. Fuente: InfoCatólica
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martes, 1 de marzo de 2011

MÉDICO ESPAÑOL DERRIBA MITO: LA EUTANASIA NO ES UN CLAMOR DE LOS ENFERMOS TERMINALES

MADRID, 01 Mar. 11. (ACI). En todos los años que lleva trabajando con enfermos terminales, el médico Jordi Valls -uno de los más destacados expertos españoles en cuidados paliativos- nunca ha recibido un solo pedido de eutanasia.

En una entrevista concedida al diario ABC, Valls relata los desafíos de enfrentar a diario la muerte de sus pacientes, todos enfermos terminales, desde la Fundación Instituto San José, de los Hermanos de San Juan de Dios, donde dirige el equipo de atención psicosocial para enfermos avanzados de la Obra Social de La Caixa, que ya ha atendido a once mil pacientes.

Para Valls la eutanasia no es, "en absoluto", una petición frecuente. "He trabajado durante años en atención directa a pacientes terminales, y nunca nadie me pidió la eutanasia. Se suele decir que el mejor tratamiento contra la eutanasia es un buen cuidado paliativo, pues la mayoría de quienes te dicen 'yo no quiero vivir' resulta que lo que te están diciendo es 'yo no quiero vivir así', y en cuanto tratas el 'así', habitualmente ya se no repite el 'no quiero vivir'. Hay que ser sensibles, caritativos, y atender desde el lado más humanista de la medicina", afirma.

El médico sostiene que su Unidad de Cuidados Paliativos no es un sitio triste. "Nadie en esta casa ni en ningún otro centro recibe más recompensas y agasajos que quienes trabajan en ella. La gente (tanto el enfermo como sus familiares) se siente agradecida porque les escuchas, les acompañas y haces más agradable el proceso de la muerte", revela.

Valls considera que "es injusto morirse sin saber que te estás muriendo, porque a lo mejor tienes un montón de cosas por resolver. A cada uno nos gusta cerrar nuestras carpetas, y situar a la persona en esta esfera de realidad puede añadir paz a su muerte. Si tú, por ejemplo, tienes una hermana con la que hace años que no te hablas y te estás muriendo, pues seguramente el mejor tratamiento que te pueden aplicar es llamar a tu hermana, hacer las paces y quedarte tranquilo. En cuidados paliativos se aprende que a veces el mejor tratamiento del dolor no es la morfina".

Además, recuerda que "no solo hay que cuidar a quien va a morir, sino también prestar atención a quienes le sobreviven. Esa es una carencia que tienen quizá los hospitales, donde se hace una labor de cuidados físicos muy buena, pero muchas veces ni las necesidades sociales ni las psicológicas están atendidas. Y mucho menos las espirituales, sean de tipo religioso o no".

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lunes, 6 de diciembre de 2010

LAS INVESTIGACIONES CON EMBRIONES

Haz click abajo para escuchar este tema:
Duración: 11 minutos.
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domingo, 24 de octubre de 2010

SOBREVIVIÓ GRACIAS A QUE NO LA DESCONECTARON LUEGO DE DECLARARLA MUERTA


Fuente: Crux et Gladius
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martes, 9 de marzo de 2010

AHORA LA PRESIDENTA DEL PRI APOYA EL ASESINATO DE LOS NO NACIDOS Y SU PARTIDO ANUNCIA QUE VOTARÁ A FAVOR DE LA EUTANASIA



BEATRIZ PAREDES A FAVOR DEL ABORTO

Siendo que la ALDF legalizó el asesinato de no natos en la Ciudad de México desde 2008, la presidenta nacional del Partido Revolucionario Institucional, Beatriz Paredes Rangel, fijó ayer su postura en torno al aborto y declaró: “Yo sí me defino, yo estoy porque las mujeres decidan con plena libertad sobre su cuerpo”.
Al participar en una segunda ronda del foro Justicia Electoral con Igualdad de Género que se realizó en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Paredes reafirmó: “Soy una demócrata, respeto las condiciones de contradicción en mi partido, pero ésa es mi definición…”. “Que no me digan que no me defino, ha sido mi definición desde hace mucho (?), soy respetuosa de esas definiciones”, aseveró, en respesta al cuestionamiento de organizaciones feministas y de mujeres, que cuestionaron su indefinición respecto de las reformas constitucionales en 18 estados que penalizan el aborto.
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ASAMBLEÍSTAS DEL PRD PIDEN FRENAR LA DEFENSA DE LA VIDA

El Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la ALDF llamó a las diputadas de PAN y PRI, Josefina Vázquez Mota y Beatriz Paredes, a frenar las leyes contra el aborto en 18 estados del país. Los legisladores perredistas Karen Quiroga, Claudia Elena Águila y Alejandro Sánchez Camacho precisaron que esos partidos son los que han promovido en los estados reformas para que se reconozca la vida desde la concepción. Por ello, y conforme a su ideología abortista, emplazaron a la dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y a la coordinadora de Acción Nacional (PAN) a sensibilizar al interior de sus partidos en torno al tema, con el fin de despenalizar el aborto en todo el país. En conferencia de prensa, los diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) advirtieron que ambas dirigentes tienen una "responsabilidad " porque son representantes populares.
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EL PRI APOYARÁ LA EUTANASIA EN LA CAPITAL MEXICANA

El coordinador del PRI en la ALDF, Israel Betanzos, aseguró que hay consenso para aprobar la eutanasia en el Distrito Federal, luego que la bancada del PRD determinó que éste sería uno de los temas a tratar en su plenaria. El diputado señaló que que aprobarán la iniciativa de reformas a las leyes de Voluntad Anticipada y de Salud para el DF.
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CREAN GRUPO DE FEMINISTAS RADICALES DENOMINADO "LAS INSURGENTAS"

Patricia Olamendi, Rosario Robles y Ruth Zavaleta, ex subsecretaria de Relaciones Exteriores, ex jefa de Gobierno del DF y ex presidenta de la Cámara de Diputados, respectivamente (en la foto en ese orden), crearon un nuevo grupo activista que supuestamente luchará por los "derechos de las mujeres". Se trata de un grupo radical que apoyará el aborto e intentará echar abajo los avances en las legislaciones estatales a favor de la vida. Durante el gobierno de Rosario Robles, con la llamada "Ley Robles", en el D.F. se ampliaron las causales a favor del aborto que llevarían, años después, a la plena implantación del asesinato legal de bebés no natos promovido por el PRD.

Patricia Olamendi sostuvo que llegó el momento de demandar el cumplimiento de los derechos de las mujeres y sus objetivos de política social.

Ruth Zavaleta, señaló que el movimiento que inician pretende '"cambiar la situación del país, no sólo en los discursos, sino en los hechos".

A pesar de que, durante la presentación de "Las Insurgentas", se anunció que se recolectará un millón de firmas en torno al movimiento y se pidió a los presentes un compromiso específico para llevar 100 firmas cada uno, la ex jefa de gobierno capitalino, Rosario Robles, negó que se esté tratando de conformar un nuevo partido político, aunque su discurso que convocó a la construcción de un nuevo país y la recolección de firmas hacen suponer lo contrario.

Fuentes: Milenio, El Universal y CATOLICIDAD. Fotos: Milenio y El Universal
VER COMENTARIOS:
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jueves, 11 de febrero de 2010

¿PROLONGAR LA VIDA POR CUALQUIER MEDIO?


Respuesta a un lector cuya pregunta turnamos a un especialista (Ver: http://catolicidad-catolicidad.blogspot.com/2010/02/05-feb-2010-londres.html)

Alejandro preguntó:

"¿Y qué podemos concluir en esta situación? ¿Qué pasa con los que les diagnostican muerte cerebral? ¿Fue pecado si a un conocido lo desconectaran aun después de la muerte cerebral? Por favor denme una respuesta".
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El Dr Héctor Guiscafré Gallardo, amablemente contesta las preguntas de Alejandro:

Antes de contestarle quiero pedirle que lea y reflexione sobre el siguiente documento basado en la Declaración sobre la eutanasia de la Congregación para la Defensa de la Fe, órgano oficial de la Iglesia Católica.

¿DEBEMOS SIEMPRE PROLONGAR LA VIDA POR CUALQUIER MEDIO?
Adolfo J. Castañeda, S.T.L., Coordinador Auxiliar para Latinoamérica de Vida Humana Internacional

Introducción

Al contrario de lo que los propagandistas en pro de la eutanasia alegan, la Iglesia Católica nunca ha enseñado que debamos prolongarle la vida a todo enfermo terminal hasta el último momento utilizando para ello todo medio posible. "La Iglesia enseña que Dios es Quien determina el momento de la muerte de toda persona, y que por lo tanto es tan ilícito el intentar extender dicho momento como abreviarlo"1
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Pero, ¿qué es lo que constituye una prolongación ilícita de la vida y qué es lo que constituye una abreviación ilícita de la misma? En otras palabras, ¿cómo podemos distinguir entre, por un lado, la eutanasia y la distanacia (= el otro extremo de la eutanasia, la prolongación ilícita de la vida), y por el otro, el dejar morir en paz y dignidad? La respuesta está en la distinción entre "medios proporcionados" y "medios desproporcionados", y en el siguiente principio moral: no estamos obligados a utilizar "medios desproporcionados" (siempre y cuando respetemos los legítimos deseos del enfermo), pero sí estamos obligados a utilizar siempre "medios proporcionados". El no utilizar o el retirar "medios desproporcionados" (teniendo en cuenta los legítimos deseos del enfermo) no es eutanasia y el utilizar dichos medios sin respetar los legítimos deseos del enfermo es distanacia (también conocido como "encarnizamiento terapéutico"). Por otro lado, el no utilizar o el retirar "medios proporcionados" es eutanasia.

Pero, ¿qué son "medios desproporcionados" y qué son "medios proporcionados"? Antes, se distinguía entre "medios extraordinarios" y "medios ordinarios" Pero estos términos pueden ser imprecisos. Por eso la Declaración sobre la eutanasia de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe [véase arriba] prefiere usar los términos "proporcionados" y "desproporcionados" para mejor clarificar la distinción entre lo constituye eutanasia y lo que no lo es. La Declaración clarifica el sentido de estos términos pidiendo que se comparen las cargas, tanto económicas como humanas, y los beneficios que se derivan del uso de un determinado medio de la medicina: "En cada caso, se podrán valorar bien los medios poniendo en comparación el tipo de terapia, el grado de dificultad y de riesgo que comporta, los gastos necesarios y las posibilidades de aplicación con el resultado que se puede esperar de todo ello, teniendo en cuenta las condiciones del enfermo y sus fuerzas físicas y morales".

A continuación la Declaración ofrece las siguientes clarificaciones para facilitar la aplicación de estos principios generales:

"1. A falta de otros remedios, es lícito recurrir, con el consentimiento del enfermo, a los medios puestos a disposición por la medicina más avanzada, aunque estén todavía en fase experimental y no estén libres de todo riesgo. Aceptándolos, el enfermo podrá dar así ejemplo de generosidad para el bien de la humanidad.

2. Es también lícito interrumpir la aplicación de tales medios, cuando los resultados defrauden las esperanzas puestas en ellos. Pero, al tomar una tal decisión, deberá tenerse en cuenta el justo deseo del enfermo y de sus familiares, así como el parecer de médicos verdaderamente competentes; éstos podrán sin duda juzgar mejor que otra persona si el empleo de instrumentos y personal es desproporcionado a los resultados previsibles, y si las técnicas empleadas imponen al paciente sufrimientos y molestias mayores que los beneficios que se pueden obtener de los mismos.

3. Es siempre lícito contentarse con los medios normales que la medicina puede ofrecer. No se puede, por lo tanto, imponer a nadie la obligación de recurrir a un tipo de cura que aunque ya esté en uso, todavía no está libre de peligro [es decir, constituye el riesgo de causar una carga desproporcionada] o es demasiado costosa. Su rechazo no equivale al suicidio: significa más bien o simple aceptación de la condición humana, o deseo de evitar la puesta en práctica de un dispositivo médico desproporcionado a los resultados que se podrían esperar, o bien una voluntad de no imponer gastos excesivamente pesados a la familia o la colectividad.

4. Ante la inminencia de una muerte inevitable, a pesar de los medios empleados, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares. Por esto, el médico no tiene motivo de angustia, como si no hubiera prestado asistencia a una persona en peligro."

Podemos resumir el significado de "medios desproporcionados" diciendo que dichos medios son aquellos que o son inútiles para conservar la vida del paciente o para curarlo y que constituyen una carga demasiado grave, en términos de dolor y sufrimiento, para el enfermo y cuya carga es mayor que los beneficios que reportan. Por el contrario, "medios proporcionados" son aquellos que sí son útiles para conservar la vida del paciente o para curarlo y que no constituyen, para el enfermo, una carga grave desproporcionada a los beneficios que se pueden obtener.

Reiteramos que el negar el uso de "medios desproporcionados" o el retirarlos, respetando los legítimos deseos del paciente, no constituye un acto de eutanasia, sino de dejar morir en auténtica paz y dignidad. Por el contrario, el negar el uso de "medios proporcionados" o el retirarlos sí constituye un acto criminal de eutanasia.

La pregunta que surge ahora es: en concreto, ¿qué son "medios desproporcionados" y qué son "medios proporcionados"? Es importante aclarar enseguida que la definición general que hemos dado de estos términos es una definición moral y no simplemente una definición médica. En otras palabras, estos términos, aunque incluyen el dato médico, no se reducen a él, sino que toman en consideración también, como lo dice la Declaración, "las condiciones del enfermo y sus fuerzas físicas y morales". Esto implica que no es posible, al menos no siempre, dar una lista de "medios desproporcionados" y de "medios proporcionados" antes de tomar en cuenta el efecto de dichos medios en este paciente concreto aquí y ahora. Para un paciente determinado un tratamiento determinado podría ser "desproporcionado"; mientras que para otro, el mismo tratamiento podría ser "proporcionado". Se debe proceder caso por caso en la aplicación de estos principios.

Quisiéramos aprovechar esta instancia para aclarar la confusión que existe en torno al ambiguo término de "medios artificiales". Debemos evitar el uso del término "medios artificiales" en lugar del correcto término de "medios desproporcionados", ya que los "medios artificiales" en relación con la medicina son prácticamente todos los medios que la medicina utiliza: los medicamentos y todos los aparatos -- aún los más sencillos y usados, como por ejemplo los lentes, las muletas, etc.. Por lo tanto, el usar este ambiguo término es muy peligroso, sobre todo en el contexto de pacientes terminales. Puede incluso llevar a la eutanasia. (Véase
"Testamentos en vida".)

Esta distinción entre "medios desproporcionados" y "medios proporcionados" y los principios que guían la aplicación de su uso podrían crear la actitud negativa de que en algunos casos será difícil dicha aplicación y que para qué entonces existen estos principios. A esos tales respondemos que el hecho de que en algunos casos sea difícil aplicar estos principios, ese hecho no los invalida ni nos exime del esfuerzo por encontrar la verdad de lo que debemos hacer. Ese esfuerzo es parte de nuestra actitud de solidaridad y compasión para con el enfermo, evitando así las fáciles pero falsas "soluciones" de la eutanasia y la distanacia. La vía del medio aquí es la más estrecha, pero es la de la paciencia y el amor.

Por otro lado, la complejidad de las situaciones no significa que los principios morales sean los complicados. Son los factores de la situación que rodea al enfermo y a los medios de la medicina los que complican a veces la evaluación moral de lo que se debe hacer. Los principios nos ayudan a desentrañar la situación, no a complicarla. El tener esos razonables y válidos principios a mano es precisamente lo que nos ayuda a resolver el problema moral en cuestión. ¡Qué sería de nosotros si no los tuviéramos! Si no fuera por estos principios caeríamos en la trampa de la eutanasia, que es lo que quiere el movimiento en pro de ese crimen. (Véase
cómo refutar los argumentos a favor de la eutanasia y del suicidio asistido.)
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Fuentes: 1. Brian Clowes, Ph.D., The Facts of Life (Front Royal, Virginia, EE.UU.: Human Life International, 1997), 118. Este magnífico libro es una fuente completa de información en inglés sobre todos los temas que tienen que ver con la defensa de la vida y la familia. Adquiéralo de las oficinas de Vida Humana Internacional, cuyos datos se encuentran en Organizaciones que luchan contra la eutanasia y el suicidio asistido.
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Vida Humana Internacional tiene disponible información adicional sobre éste y otros temas en su sitio de Internet bajo la sección "
Vida y Familia".
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Ahora sí, estimado Alejandro, paso a contestarle:

Como usted puede deducir en el caso específico de suspender la ventilación asistida de un enfermo (desenchufarlo del respirador) es necesario que se haga en caso de que se le considere en ese momento un medio terapéutico extraordinario o desproporcionado moralmente. Y eso de ninguna manera es eutanasia, pues si no caeríamos en la distanacia o encarnizamiento terapéutico.
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Por el contrario, si se juzgara el respirador como un medio ordinario o proporcionado en un caso específico, no se podría suspender. El hacerlo sería eutanasia.

Así es que no hay una respuesta en el sentido de que siempre sería bueno o siempre sería malo. Cada caso hay que juzgarlo moralmente con los principios que han sido señalados en el documento, tomando en cuenta la opinión médica pero no solamente ella, sino valorando también un conjunto de factores: el deseo del enfermo o sus familiares, las condiciones económicas de la familia, el pronóstico de la enfermedad, el dolor y sufrimiento de la misma, etc.

Espero haber contestado satisfactoriamente su pregunta.

Atentamente
Dr. Héctor Guiscafré Gallardo
Correo electrónico:
hguiscafreg@hotmail.com

Nota de CATOLICIDAD: Estimado Alejandro, en caso de duda para un caso concreto, favor de dirigirse a ese mail, especificando todas las circunstancias del mismo.

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lunes, 23 de noviembre de 2009

QUIENES DEFIENDEN LA EUTANASIA, EL ABORTO Y LA CLONACIÓN ATENTAN CONTRA LA SEGURIDAD DE MÉXICO: LA IGLESIA



23-Nov-2009).-XALAPA. La Iglesia Católica respaldó las reformas constitucionales que defienden la vida humana, desde el momento de la gestación, y arremetió contra los que impulsan el aborto y la muerte asistida.

La Arquidiócesis de Xalapa consideró como insuficientes las sanciones aprobadas recientemente por el Congreso de Veracruz para impedir la interrupción del embarazo en la entidad.

Quintín López Cessa, vocero de la Arquidiócesis, señaló que el tema debió analizarse de manera más profunda y contemplar castigos contra los varones por exponer a las mujeres a un legrado.

"Es un avance que se respete la vida de un ser humano desde la concepción. Cualquier defensor de los derechos humanos sabe que el primer derecho que hay que respetar es el de la vida; el que se reconozca la vida del ser humano es un avance", manifestó.

"Debe haber una responsabilidad seria. Muchas de las mujeres abortan porque son abandonadas, dejadas, se abusa de ellas y no veo que se trate la responsabilidad del varón", sugirió.

El pasado 17 de noviembre, Veracruz se convirtió en la última entidad que a la fecha ha modificado su Constitución para impedir que el aborto sea despenalizado.

Entre los cambios, sustituye la pena de cárcel por atención médica a la mujer que interrumpa el embarazo, además de que incrementa la multa a quien colabore en el práctica.

Actualmente, 17 estados han modificado sus legislaciones para garantizar el derecho a la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.

Al respecto, la Arquidiócesis de México destacó en su semanario Desde la Fe que las legislaturas del País están "avanzando en el respeto a la vida, desde la gestación hasta la muerte natural, y en apoyo a la mujer en las circunstancias que lo ameritan".

A su vez, crítica a la Asamblea Legislativa del Distrito Federal por haber despenalizado el aborto en abril de 2007.

En tanto, la Diócesis de Querétaro advirtió que quienes insisten en defender temas como el aborto, la eutanasia y la clonación atentan contra la seguridad nacional.

"Quien no tenga clara conciencia del significado, del valor absoluto que tiene la vida humana y la dignidad humana, desde el momento de la concepción, hasta la muerte natural; quien no respete esto, no respeta nada, y ahí es donde se pone en riesgo la seguridad nacional", sostuvo ayer el vocero de la Diócesis queretana, Saúl Ragoitia Vega.

"Estarían atentando, en primer lugar, contra la dignidad humana; segundo, se atenta contra una de las instituciones que son nucleares, que son esenciales dentro de la sociedad, que es la misma familia, y, por ende, una célula lastimada como es la familia dentro de la sociedad. Eso va a generar otras situaciones que ponen en entredicho la dignidad humana y ponen en entredicho la seguridad de México; por supuesto que la ponen en riesgo", agregó.
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Fuente: Reforma. Por Fernando Paniagua y Lev García
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jueves, 19 de noviembre de 2009

LA EUTANASIA, ¿QUÉ DICE LA IGLESIA DE ELLA?


La eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Semejante práctica conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio.

Ahora bien, el suicidio es siempre moralmente inaceptable, al igual que el homicidio. La tradición de la Iglesia siempre lo ha rechazado como decisión gravemente mala...Bajo el punto de vista objetivo, es un acto gravemente inmoral, porque comporta el rechazo del amor a sí mismo y la renuncia a los deberes de justicia y de caridad para con el prójimo, para con las distintas comunidades de las que se forma parte y para la sociedad en general. En su realidad más profunda, constituye un rechazo de la soberanía absoluta de Dios sobre la vida y sobre la muerte, proclamada así en la oración del antiguo sabio de Israel: « Tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir » (Sb 16, 13; cf. Tb 13, 2).
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Compartir la intención suicida de otro y ayudarle a realizarla mediante el llamado « suicidio asistido » significa hacerse colaborador, y algunas veces autor en primera persona, de una injusticia que nunca tiene justificación, ni siquiera cuando es solicitada. « No es lícito —escribe con sorprendente actualidad San Agustín— matar a otro, aunque éste lo pida y lo quiera y no pueda ya vivir... para librar, con un golpe, el alma de aquellos dolores, que luchaba con las ligaduras del cuerpo y quería desasirse ». La eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta de hacerse cargo de la existencia del que sufre, debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante « perversión » de la misma. En efecto, la verdadera «compasión» hace solidarios con el dolor de los demás, y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar. El gesto de la eutanasia aparece aún más perverso si es realizado por quienes —como los familiares— deberían asistir con paciencia y amor a su allegado, o por cuantos —como los médicos—, por su profesión específica, deberían cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas.
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Ciertamente existe la obligación moral de curarse y hacerse curar, pero esta obligación se debe valorar según las situaciones concretas; es decir, hay que examinar si los medios terapéuticos a disposición son objetivamente proporcionados a las perspectivas de mejoría. La renuncia a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio o a la eutanasia; expresa más bien la aceptación de la condición humana ante al muerte.
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Textos de la encíclica Evangelium Vitae









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IMPORTANTES OBSERVACIONES DE CATOLICIDAD: Actualmente se empieza a popularizar el término "eutanasia pasiva" -como puede leerse en la noticia que sigue a este escrito- para señalar la filosofía de la medicina paliativa que supone el no ensañamiento terapéutico. Creemos que es inconveniente su uso, pues puede llegar a pensarse que la "pasiva" es junto con la "activa" (que supone el suicidio del paciente terminal o la decisión homicida de sus parientes de asesinarlo), dos caras de la misma moneda, y llevar de la aceptación de la primera a la subsecuente aprobación de la segunda.

Otro aspecto que poco se analiza es que de aprobarse la eutanasia, la vida del enfermo podría quedar en manos de familiares egoístas que prefieran la eliminación de la vida de su pariente, asesinándolo "legalmente" para no tener que cuidarlo o evitar gastos o, quizá, para recibir una herencia más abundante y más pronto. Así, un enfermo que no pueda comunicarse estaría sujeto a la decisión de otros familiares o de médicos en clínicas u hospitales oficiales que quieran evitar más gastos en él. Al abrirse la puerta a la eutanasia, no será hasta un límite preciso, sino que se usará -tarde o temprano- en contra de la misma voluntad del enfermo para asesinarlo, cuidando o simulando, ¡claro está!, las formalidades jurídicas del caso. ¿Cuántos crímenes no se llegarán a perpetrar con inconfesables propósitos -incluso hasta de enfermos no terminales- bajo el "piadoso" encubrimiento de la eutanasia como coartada y justificación?

Por ello la Dra. Beatriz A. Lima afirma: "Después de tantos esfuerzos por desarrollar y defender un sistema jurídico que protegiera todos los derechos de la persona, después de tantas luchas en favor del hombre y de su libertad, perder la batalla de la vida sería imperdonable. Porque la eutanasia, además de atentar contra la dignidad que corresponde a todo ser humano, genera una aterradora desconfianza. Destruye la solidaridad social, la solidaridad médico-paciente y la solidaridad dentro de la propia familia. Destruye precisamente aquello que debiera ser un ámbito de humanización...Es obvio que nadie puede estar a favor del sufrimiento, del dolor o de prolongar la agonía con el llamado encarnecimiento terapéutico, pero el hecho de tomar una decisión de muerte de uno mismo o de otra persona, desconociendo todos los procedimientos, medicamentos y auxilios espirituales de los que podemos hacer uso, implica una salida fácil, rápida y apresurada...es claudicar en un solo momento, es una forma de intolerancia ante el débil, por muy nobles y altruistas que sean las justificaciones que se nos quieran dar, como un canto de sirenas".
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En resumen: Somos depositarios de nuestra vida y no sus dueños absolutos. Es un preciosísimo don de Dios. Sólo Él tiene el derecho a decidir cuándo pasamos a la morada eterna. Daremos cuenta a Dios del uso que hemos hecho de ese invaluable don que nos dio. El ser humano no debe abusar de él ni finiquitarlo en el momento y del modo que él elija.
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miércoles, 18 de noviembre de 2009

PROPUESTA PRIÍSTA PARA LEGALIZAR LA EUTANASIA EN LA CAPITAL MEXICANA



Autor: Ernesto Osorio

(18 noviembre 2009).- Una propuesta para permitir la eutanasia activa en la Ciudad de México es analizada desde ayer en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF).

Se trata de una iniciativa de reformas a la Ley de Voluntad Anticipada, a la Ley de Salud y al Código Penal del DF para que se reglamente esa práctica en enfermos en etapa terminal.

El documento fue presentado ante el pleno de la ALDF por el priísta Israel Betanzos.

Actualmente, en el DF se aplica la eutanasia pasiva, es decir que los pacientes pueden solicitar que se suspendan los tratamientos que alarguen innecesariamente su vida.

Con la eutanasia activa se permitiría a los médicos, con el consentimiento del enfermo, acelerar o provocar la muerte.

Fuente: Diario Reforma

NOTA DE CATOLICIDAD: El jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, ha anunciado que apoyará la iniciativa pro-eutanasia, sin embargo hay que alabar que su Secretario de Salud, el Dr. Armando Ahued, ha dicho: "El asunto de la eutanasia es un asunto muy delicado. Yo, como médico, si a mí me dicen: "Por favor inyéctele esto para que se muera", yo no lo haría. Entonces lo que hay que hacer es respetar la objeción de conciencia de los médicos...con la (Ley de Voluntad Anticipada) ya existente, estamos dando buena atención a los casos presentados". Por su parte, la Consejera Jurídica del Gobierno del D.F., Leticia Bonifaz, tampoco está de acuerdo con la iniciativa, pues señaló que primero debe verse el efecto de la actual y relativamente reciente ley -que impide, a solicitud del enfermo, el ensañamiento terapéutico- antes de aprobar una nueva. Ojalá que estos funcionarios no cedan a las presiones que de seguro se harán en contra de su conciencia.


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