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lunes, 23 de diciembre de 2024

EL ÁRBOL QUE NO PIDE, PERO LO DA TODO (DIÁLOGO ENTRE SAN JOSÉ Y EL NIÑO)


 

—¿QUIÉN SOY YO, HIJO, EN ESTA NOCHE INMENSA

QUE HUELE A HENO, A ESTRELLAS, A INFINITO?

¿QUIÉN ES ESTE HUMILDE QUE CON MANOS DE BARRO

CUSTODIA TU FUEGO COMO SI FUERA CENIZA?


—PADRE, ERES MÁS QUE HUMILDE, ERES MI TEMPLO.

EN TU SILENCIO HE ALZADO EL REFUGIO DEL MUNDO.

ERES EL ÁRBOL QUE NUTRE SIN EXIGIR FRUTOS,

EL CAMINO QUE SE ENTREGA SIN BUSCAR GLORIA.


—PERO, HIJO, EN MI PECHO LATE EL TEMOR

DE SER TAN PEQUEÑO ANTE LO TAN GRANDE.

TU SUSPIRO ME QUIEBRA COMO EL VIENTO AL OLIVO,

Y EN TUS MANOS PEQUEÑAS PESA TODO EL UNIVERSO.


—PADRE, NO TEMAS. EL PESO QUE SIENTES

NO ES DE LA GLORIA, SINO DE MI AMOR.

TU MANO CALLOSA ES MÁS SUAVE QUE LAS NUBES,

Y TU CORAZÓN, MÁS FUERTE QUE TODOS LOS REINOS.


—¿POR QUÉ, ENTONCES, SUEÑAN MIS NOCHES

CON CRUCES QUE SE ALZAN COMO TORRES DE FUEGO?

¿POR QUÉ SIENTO EN TU CUERPO PEQUEÑO

EL LATIDO DE UNA HERIDA QUE NO PUEDO DETENER?


—PADRE, LA CRUZ NO ES TUYA, ES MI ENTREGA.

PERO TU AMOR ME FORJÓ EN LA HUMILDAD

DE UNA CASA DONDE LA MADERA CANTA

Y EL TRABAJO ES LA ORACIÓN MÁS PURA.


—¡OH, HIJO! SI YO PUDIERA LLEVAR TU PESO,

SERÍA COMO EL CARPINTERO QUE LEVANTA LA VIGA.

SI LA CRUZ TE ESPERA, QUE SEA EN MIS HOMBROS,

Y NO EN TU FRAGILIDAD, QUE ES LUZ Y ESPERANZA.


—PADRE, MI PESO SERÁ LIGERO

PORQUE TU SOMBRA ME SIGUE COMO UN ESCUDO.

ERES MÁS QUE UN HOMBRE, ERES EL JUSTO

QUE DIOS ESCOGIÓ PARA CUSTODIAR SU ALIENTO.


—ENTONCES, SERÉ TU SOMBRA Y TU LUZ,

EL CAMINO QUE TE LLEVE A EGIPTO Y BELÉN.

EN MIS SUEÑOS TE VERÉ REY Y CORDERO,

Y MIS MANOS TE GUARDARÁN COMO A UNA LLAMA.


—PADRE, NO HAY REY MÁS GRANDE QUE TÚ,

QUE EN TU SILENCIO HABLA EL AMOR PERFECTO.

ERES EL TRIGO QUE SOSTIENE MI VIDA,

EL ÁRBOL QUE NO PIDE, PERO LO DA TODO.


—ENTONCES, HIJO, SI MI VIDA TE PERTENECE,

QUE MIS MANOS SEAN TU MADERO Y TU LUZ.

SERÉ EL ECO DE TU SUSURRO EN LA TIERRA,

Y CUANDO MUERA, TE ESPERARÉ EN EL CIELO.


Y EL NIÑO, CON SU ROSTRO INFINITO Y HUMANO,

SONRIÓ AL JUSTO QUE DIOS HABÍA ESCOGIDO.

Y EN AQUEL ABRAZO, DONDE LO DIVINO Y LO HUMANO

SE FUNDIERON EN UN SILENCIO MÁS ELOCUENTE QUE EL CANTO,

SAN JOSÉ ENTENDIÓ QUE NO HABÍA MAYOR GLORIA

QUE SER LA SOMBRA QUE SOSTIENE LA LUZ,

EL HUMILDE QUE, SIN SABERLO,

ERA EL TRONO DONDE DESCANSABA EL REY DEL UNIVERSO.

Y ASÍ, ENTRE EL ALIENTO DE LOS ÁNGELES Y LA HUMILDAD DE LA TIERRA,

EL AMOR SE HIZO ETERNO EN EL SILENCIO DEL JUSTO.


OMO

jueves, 3 de mayo de 2018

CUANDO JESÚS TENÍA OCHO AÑOS



Padre e Hijo avanzan a paso firme y sereno, cuesta arriba, hacia la colina cultivada, donde les aguarda la faena del día. En verdad sólo al padre tocará trabajar. Lo del hijo es un decir. Él sólo sabe jugar. Jugar delante de su padre. Pero a madre, parientes y vecinos el niño se lo ha dicho muy de veras: mi padre trabaja y yo también trabajo.

Como sea, de faena han salido antes de la aurora y ésta los ha sorprendido ya sobre la cresta de la colina; sobre el tupido monte en que ondean los trigales.

Allí, el dorado mar flamea con parsimonia y simetría. Y el sol despunta majestuoso. Como asomaría la dorada cabeza de un adulto león emergiendo en horizonte. Y sin demora y sin zozobra, inicia su litúrgica consigna de preñar de luz el aire, el cielo, el mar de trigo y el rostro purísimo del niño, que lo mira absorto.

Y el padre hebreo se detiene.

Deja el atado de víveres al borde del camino, y mirando hacia el Naciente, toma con firmeza la diminuta mano del niño. “Es la hora del Shemmá, Iéshuah”, murmura sin más.

De todo el programa que implicaba para el niño que su padre lo llevara a un día de faena rural, nada, absolutamente nada era más esperable que esa instancia: la hora del Shemmá. Y la voz gruesa del padre entonó el letánico rezo de la aurora, bañados ambos con la luz del Origen. Y la delgada y pura voz del niño no se quedó atrás: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu fuerza…

Y el cosmos entero, en pasmo severo, contuvo su voz. Trigo en el campo, trigo en los ojos, trigo en la voz de un Verbo eterno hecho infante palestino, hecho orante matutino.

Mira los campos dorados: parecen aguardar con ansia la hora de su siega, le dice José a su hijo. Y mientras éste pasa la jornada correteando entre el denso trigal, el padre a destajo va recolectando parvas de rebosantes espigas. Sólo la oscura cabecita del niño asoma, cual barca diminuta, por entre las olas doradas del trigal. Y sus manos, ínfimas, extendidas cual ave en lúdico vuelo, van rozando las puntas de la era, al son de una danza llena de infante señorío. A su paso, el trigal se arquea entero, adorando la imprevista presencia de su Autor.

José, empapado en sudor, descansa su fatigado cuerpo, gravitándolo entero sobre la punta de su zapa y apoyando la pera sobre ambas manos mira al Niño. A su Niño, cómo no.

Diego de Jesús. Cuando Jesús tenía ocho años (fragmento). Sermones monásticos I.

domingo, 1 de febrero de 2015

2 DE FEBRERO: DÍA DE LA CANDELARIA


Esta costumbre tiene su origen en la celebración litúrgica de la fiesta de la purificación y la presentación del Niño Dios al templo.

En tiempo de Jesús, la ley prescribía en el Levítico que toda mujer debía presentarse en el templo para purificarse a los cuarenta días que hubiese dado a luz. Si el hijo nacido era varón, debía ser circuncidado a los ocho días y la madre debería permanecer en su casa durante treinta y tres días más, purificándose a través del recogimiento y la oración.

Ya que se cumpliera la fecha, acudía en compañía de su esposo a las puertas del templo para llevar una ofrenda: un cordero y una paloma o tórtola. Con respecto al niño, todo primogénito debía ser consagrado al Señor, en recuerdo de los primogénitos de Egipto que había salvado Dios. Lo mismo pasaba con los animales primogénitos.

José y María llevaron a Jesús al templo de Jerusalén. Como eran pobres, llevaron dos palomas blancas. Al entrar al templo, el anciano Simeón, movido por el Espíritu Santo, tomó en brazos a Jesús y lo bendijo diciendo que Él sería la luz que iluminaría a los gentiles. Después, le dijo a María que una espada atravesaría su alma, profetizando los sufrimientos que tendría que afrontar.

Explicación de la fiesta:

El día 2 de febrero de cada año, se recuerda esta presentación del Niño Jesús al templo, llevando a alguna imagen del Niño Dios a presentar a la iglesia o parroquia. También ese día, se recuerdan las palabras de Simeón, llevando candelas (velas hechas de parafina pura) a bendecir, las cuales simbolizan a Jesús como luz de todos los hombres. De aquí viene el nombre de la “Fiesta de las candelas” o el “Día de la Candelaria”.

En México, se acostumbra que aquellos a quienes les tocó el muñeco de la rosca de reyes, son los que deberán presentarlo en el templo el día de la Candelas. Para esto, hay que vestirlo y engalanarlo. También, comprarle un trono para sentarlo. En esta celebración se bendicen la imagen del Niño Dios y las candelas, que representan la luz de Cristo en los hogares. Las velas benditas se pueden prender cuando surjan las dificultades de la vida durante el año.

Esta fiesta termina con una merienda familiar y de amigos, en la cual se sirven tamales y atole de sabores y chocolate caliente.

Es una fiesta que podemos aprovechar para reflexionar acerca de la obediencia de María y para agradecer a Jesús que haya venido a iluminar nuestros corazones en el camino a nuestra salvación eterna.



En México, en Tlacotalpan, en el Estado de Veracruz, tienen como patrona a la Virgen de la Candelaria. Su traje es muy significativo: bajo el manto de azul profundo, lleva un vestido blanco resplandeciente, bordado con motivos vegetales y volutas (flores y espigas de trigo grandes). La Virgen se encuentra en la Iglesia y el día 2 de Febrero se acostumbra sacarla de la Iglesia, cantarle las Mañanitas por la mañana y por la tarde, llevarla en procesión por el río Papaloapan.


Por: Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net

miércoles, 25 de diciembre de 2013

JESÚS DESCANSA EN NUESTRA ALMA



Agitada estaba la barca en el Tiberíades, la tempestad arreciaba, las aguas se levantaban y mil ráfagas soplaban; las olas envolvían la proa y feroces fauces se la tragaban, las nubes bajan tanto que se pegaban al mar y no dejaban ver la estrella que orienta al perdido; empapados por el agua, ateridos por el frío, antes que los cuerpos se ahogaba el alma, tal era el caos que la fe naufragaba… mientras Jesús descansa.

Cuando en olas de muerte y pecado naufragan tantas almas, en esta fecha se embarca Jesús en tu barca…

Sois el templo de Dios, el reposo del Creador y en esta fecha la cuna de Jesús*.

Cuidemos el sueño de Jesús, gocemos con los pastores, ese júbilo que se nos comunica es el entusiasmo, (en + theos) es Dios que lleva dentro.

Eludid la tristeza que es abatimiento, inicio de la desesperación, el más grave de todos los pecados porque lo es contra el Amor, contra el Espíritu Santo.

Es blasfemia creerse abandonado. Es blasfemia el abatimiento en la tempestad. Es la Fe ahogada de aquellos marineros que dudaron de Él.

La tempestad de las pasiones febriles desatadas, del demonio que sopla hacia el abismo tu alma, del mundo que se contorsiona cual Leviatán enfurecido, enemigos de tu Dios, del Jesús que duerme en tu alma. Tengamos fe, en esta noche, en alta mar, en medio de la historia, a orillas de la eternidad. Y cobijemos al Niño entre los repliegues del alma, al que tiene en la palma de su mano la rienda de los huracanes, el reloj de los tiempos, y que en tu alma descansa.

No lo mate la espada de la duda, no lo toque Herodes ni Longinos. No grites que Él se despierta y tu terror contagioso a los demás desalienta.

¿Cómo puedes pensar que estamos de Dios olvidados cuando a la orillas de tu tiempo tienes al Eterno arrimado?

¿Cómo puedes pensar que no puedes ir al cielo, cuando el cielo viene a ti?

¿Cómo puedes cambiar por treinta monedas al Dios de tu alma, a cambio de todas la vanidades?. La eternidad por un tiempo, lo infinito por lo efímero, al más santo por un solo pecado?

¿Cómo puedes dudar de su palabra, cuando el Verbo se hace carne y tú lo puede besar?

¿Cómo temes a la muerte cuando se te da la Vida?

¿Cómo temes al naufragio, si el capitán profeta descansa en la popa? El descansa en ti, descansa tú en Él.

¿Por qué te pierdes en la noche de la duda, cuando tienes la luz de la verdad amaneciendo en tu horizonte?

Tenéis a Dios. Sed felices, a las orillas del cielo amarrada está tu alma. Y si no hay gozo es porque vino a ti y no lo conociste… Ay, si conocieras el don de Dios. Dios se ha hecho hombre y habita en nosotros. Y tiene su regalo entre los hijos de los hombres.


P. R. García 
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*Nota de Catolicidad: Dios habita en toda alma que se encuentra en estado de gracia santificante, esto es: sin pecado mortal. Si no estamos en gracia debemos acudir al Confesionario (ver AQUÍ). La inhabitación trinitaria es la presencia de la Santísima Trinidad en el alma del que está en gracia de Dios.

El valor teológico de esta afirmación: es una verdad de fe divina y católica.

El testimonio de la Sagrada Escritura es claro y constante. Y va desde las promesas y afirmaciones más genéricas hasta las afirmaciones más contundentes, por ejemplo:

Si alguno me ama... mi Padre le amará y vendremos a él y en él haremos mansión (Jn 14,23).
Dios es caridad, y el que vive en caridad permanece en Dios, y Dios en él (1 Jn 4,16).
¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?... El templo de Dios es santo y ese templo sois vosotros (1Co 3,16-17).
¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios? (1Co 6,19).
Vosotros sois templo de Dios vivo (2Co 6,16).
Guarda el buen depósito por la virtud del Espíritu Santo, que mora en nosotros (2Tim 1,14). 




jueves, 24 de diciembre de 2009

NIÑO DIOS



NIÑO DIOS

Niño Dios que estás naciendo,
nace aquí en mi corazón,
y en tus hechizos anégame,
y hazme niño y hazme Dios.

Nochebuena, Nochebuena,
fragante de evocación:
¿qué efluvios de cosas idas,
qué perfume de candor.
qué melodías lejanas,
qué balbuciente emoción.
qué manso desasosiego,
qué frescura, qué claror,
qué cosa que no se puede
decir con precisa voz,
nos penetra y sobresalta
y acaricia el corazón?
¿Es un ansia de ser niños?
"Sed niños -dijo el Señor-
si quereís entrar al Reino";
¡y El se hizo niño por nos!
¡y en su noche nos embriaga
un dulce afán de candor!...
¡Oh, qué anhelo de ser niño!
¡Hazme niño, Niño Dios!

"Sed perfectos cual mi Padre
celestial", dijo tu voz,
y no fue estéril sarcasmo
sino fértil bendición.
"Vosotros también sois dioses",
clamas. Y Pablo sintió:
"Vivo, pero ya no vivo:
que vive en mí Cristo Dios".(1)
Porque tu nos alimentas
con un pan de exaltación,
que no se hace carne mía
como este pan inferior,
sino que mi carne absorbe
y la transfigura en Dios.
¡Dios quiero ser para amarte
con pleno pago de amor,
Dios para abarcar tu esencia,
Dios para obrar perfección,
Dios para ser uno contigo!...
¡Hazme Dios, oh Niño Dios!...

Niño Dios que estás naciendo,
nace aquí en mi corazón,
y en tus hechizos anégame
y hazme niño y hazme Dios.


ALFONSO JUNCO.

(*) Dios nos comunica la vida divina mediante la gracia santificante. Por ello la expresión de San Pablo que inspira al poeta cuando éste expresa: "¡Házme Dios!" con todo el sentido contrario a la tentación de nuestros primeros padres: es para que nos comunique su gracia y, así, viva realmente en nosotros; es para amarlo a Él con pleno pago de amor y no con la soberbia inspirada por la serpiente (el demonio) de transformar nuestra naturaleza para igualarnos, de tú a tú, con Dios.

Esa vida divina que nos comunica realmente la gracia santificante, es una participación de Dios en nosotros, de un modo particular en la Eucaristía. Pídamos, pues que podamos decir con San Pablo: Vivo, pero ya no vivo, que vive en mí Cristo Dios.
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El C.P. Alfonso Junco, historiador y periodista mexicano, fue además un excelente poeta católico, muy reconocido. Sobre él se ha volcado la consigna del silencio de los "intelectuales oficiales", por ser un gran defensor del catolicismo, callando su valía literaria. Opiniones tan reconocidas como la de Alfonso Reyes, entre otras, han comparado su poesía con la de González Martínez e, incluso, en momentos, con la de Lope de Vega.
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viernes, 8 de mayo de 2009

ALLÁ EN NAZARET por Alfonso Junco



Fue en una mañana
de paz y de bien,
en una casita sosegada y pura,
allá en Nazaret,
a donde se había –con dulces misterios-
cambiado el Edén.

El varón modesto cuya escueta vara
milagrosamente se vio florecer,
el buen carpintero de barba y virtudes
floridas también,
con mojada frente y apacible rostro
brega en su taller.

Muy cerca, en sosiego, la intacta Señora,
claror de Israel,
que es puerta del Cielo
con duple victoria y esforzada prez,
-pues por Ella el cielo descendió a la tierra,
y por Ella al Cielo hemos de ascender-,
hila níveos copos con nevadas manos,
y en la interna albura del alma a la vez
hila blancos sueños, que en su faz trasuntan
un amanecer.

El Niño celeste
nacido en Belén,
hecho de azucenas,
de luz y de miel,
vestida en los suelos su carne divina
está embebecido...¡Trabaja también!
Y con dos palicos y con cuatro clavos
una cruz compone...Ya acaba, la ve,
la ve largamente...y un hondo misterio
concéntrase en Él,
le invade, le enciende, le exalta, y en una
sonrisa inefable le hace florecer.

Van luengos minutos, cortó su tarea
Señor San José,
porque ha visto al Niño, y en cándido arrobo
quedóse, radiante, mirando a su bien.
¡Si es ya un carpintero de grandes promesas,
precoz en ahínco, y en arte y saber!

De gozo embobado, quiere que María
se encante también,
y tórnase a hablarle...Y encuentra a la Madre,
las manos suspensas, -¡toda puesta en Él!-
con los ojos vagos y fijos, ahogados
en temblor de lágrimas que van ya a correr.

El Santo Patriarca se queda perplejo.
¿Llorar? ¿Y por qué?
¿Llorar cuando el Niño, tan cerca, sonríe;
llorar, cuando es,
con sus dos diciembres ágiles y vivos,
gloria del taller?

...Y sigue la Madre
llorando en silencio prematura hiel,
y el Santo Patriarca, turbado y confuso,
no sabe, no sabe, no sabe por qué...


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Alfonso Junco
Tomado de su obra POESIA COMPLETA

Editorial Jus, México, 1975.
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