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jueves, 22 de enero de 2026

TRANSMITIR Y ANUNCIAR LO MISMO QUE SE RECIBIÓ


"No aceptamos ninguna fe nueva de las que otros nos prescriben, ni tenemos la osadía de transmitir como doctrina los productos de nuestras propias reflexiones, no sea que transformemos las palabras de la Religión en palabras meramente humanas. Aquello que los Santos Padres nos enseñaron a nosotros, lo anunciamos a aquellos que nos interrogan".

San Basilio Magno, Padre y Doctor de la Iglesia, Epístola 140 (A la iglesia de Antioquía).


domingo, 3 de marzo de 2013

LA ORACIÓN ES PARTE SUSTANCIAL DE LA CUARESMA

La oración, junto con el ayuno y la caridad, es parte sustancial de la Cuaresma. Orar al Señor da alegría, esperanza y paz. Reconcilia a los ofendidos e induce al amor. Veamos que nos dice San Basilio:

"La fuerza de la oración se encuentra en el sentimiento del alma y las obras virtuosas de toda nuestra vida. San Pablo habla: "En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios" (1 Co. 10:31). Entonces cuando te sientas a la mesa, reza, cuando tomas el pan, agradece al Dador. Cuando refuerzas tu débil cuerpo con vino, entonces piensa en Aquel, que te concede estos dones para alegrarte y reforzarte en las debilidades. Y a pesar de tu poco tiempo para alimento, siempre recuerda al Bienhechor, jamás te olvides. Cuando te vistes agradece a Aquel que te dio el vestido. Si pasó el día, agradece al Señor que nos dio el Sol para trabajar; y en la noche a la luna para iluminar. La noche también tiene su motivo de oración. Cuando contemplas el cielo y admiras su hermosura, entonces ora al Señor de todo el mundo visible; reza al gran Creador de todo el mundo visible; reza al gran Creador de todo el mundo…

Y qué puede dar más suerte en la tierra, sino imitar los coros de los ángeles. Cuando a cada ocupación precede la oración, cuando con cantos, como sal condimentamos las ocupaciones, los cantos hermosos y espirituales dan al alma alegría y esperanzada tranquilidad. Ir a la madrugada a la oración, con cantos e himnos, alabando al Creador y luego, cuando el Sol más claramente, volver al trabajo. Los salmos son tranquilidad para el alma, principio de paz, que tranquiliza los atormentados e inquietos pensamientos, que no solamente dominan la turbulenta ira, la despertada cólera espiritual, sino que la conduce a la misericordia. Los salmos fortifican a los consagrados, reconcilian a los ofendidos, y entre amigos, inducen al amor." (San Basilio el Grande, El tesoro Espiritual, fragmento).

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