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martes, 13 de octubre de 2020

EL MILAGRO DEL SOL HACE 103 AÑOS ATESTIGUADO POR DECENAS DE MILES


 Hoy conmemoramos el 103º Aniversario del milagro del sol, que fue un acontecimiento extraordinario atestiguado por miles de personas el 13 de octubre de 1917 en la campiña de Cova da Iria, cerca de Fátima, Portugal. 

Según varias declaraciones de testigos, después de una llovizna, se despejó el cielo y el sol lució como un disco opaco que giraba en el cielo. Se dice que lucía significativamente menos brillante que de costumbre y arrojaba luces multicolores sobre todo el campo, sobre las sombras del paisaje, la gente y las nubes que lo circundaban. Se reportó que entonces el sol osciló en dirección a la tierra trazando un patrón de zig-zag, atemorizadas, algunas personas que observaban esto y pensaron que significaba el fin del mundo. Los testigos reportaron también que el suelo y sus ropas, que habían estado mojados por la lluvia, se habían secado completamente. 

Estimaciones del número de testigos van desde un rango de 30 o 45 mil, según Avelino Almeida, quien escribía para el periódico portugués ‘O’Século’, hasta un máximo de 100 mil, estimados por el Dr. Joseph Garrett, profesor de la Universidad de Ciencias Naturales de Coimbra, ambos estuvieron presentes ese día. 

El milagro fue atribuido por los creyentes a Nuestra Señora de Fátima, una aparición de la Santísima Virgen María a tres jóvenes pastorcillos en 1917, y como ella lo había predicho a sus videntes el 13 de julio, 19 de agosto y 13 de septiembre. Los niños dijeron que la Señora había prometido que al medio día del 13 de octubre en Cova de Iria, la Señora les revelaría su identidad y les mostraría un milagro “para que creyesen”. Según testigos, el milagro del sol duró aproximadamente diez minutos, los tres pequeños pastorcillos, además de haber confirmado el milagro del sol que tuvo lugar ese día, también reportaron haber visto un panorama de visiones, incluyendo a Jesús, la Santísima Virgen María y a San José bendiciendo a toda la gente.

martes, 17 de octubre de 2017

13 DE OCTUBRE DE 2017: PRODIGIO DEL SOL DURANTE LA RECONSAGRACIÓN DE NIGERIA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA.

  • Asegura página del Episcopado de ese país que ocurrió ante la presencia de todos los obispos que realizaban el acto.
  • Ver videos abajo.
  • Urge se realice también la Consagración de Rusia en los términos exigidos por la Virgen.







martes, 13 de octubre de 2015

UN MILAGRO EUCARÍSTICO: LA MULA QUE ADORÓ AL SANTÍSIMO



Predicaba San Antonio de Padua en Rímini (Italia). Allí los herejes patarinos habían desfigurado el dogma de la presencia real, reduciendo la Eucaristía a una simple cena conmemorativa.

Antonio, en su predicación, ilustró plenamente la realidad de la presencia de Jesús en la Hostia Santa. Mas los jefes de la herejía no aceptaban las razones del Santo e intentaban rebatir sus argumentos. Entre ellos, Bonvillo, que era el principal y se hacía el sabiondo, le dijo:

-Menos palabras; si quieres que yo crea en ese misterio, has de hacer el siguiente milagro: Yo tengo una mula; la tendré sin comer por tres días continuos, pasados los cuales nos presentaremos juntos ante ella: yo con el pienso, y tú con tu sacramento. Si la mula, sin cuidarse del pienso, se arrodilla y adora ese tu Pan, entonces también lo adoraré yo.

Aceptó el Santo la prueba y se retiró a implorar el auxilio de Dios con oraciones, ayunos y penitencias.

Durante tres días privó el hereje a su mula de todo pienso y luego la sacó a la plaza pública. Al mismo tiempo, por el lado opuesto de la plaza, entraba en ella San Antonio, llevando en sus manos una Custodia con el Cuerpo de Cristo; todo ello ante una multitud de personas ansiosas de conocer el resultado de aquel extraordinario compromiso contraído por el santo franciscano.

Encaróse entonces el Santo con el hambriento animal, y, hablando con él, le dijo:

-En nombre del Señor a quien yo, aunque indigno, tengo en mis manos, te mando que vengas luego a hacer reverencia a tu Creador, para que la malicia de los herejes se confunda y todos entiendan la verdad de este altísimo sacramento, que los sacerdotes tratamos en el altar, y que todas las criaturas están sujetas a su Creador.

Mientras decía el Santo estas palabras, el hereje echaba cebada a la mula para que comiese; pero la mula, sin hacer caso de la comida avanzó pausadamente, como si hubiese tenido uso de razón, y, doblando respetuosamente las rodillas ante el Santo que mantenía levantada la Sagrada Hostia, permaneció en esta postura hasta que San Antonio le concedió licencia para que se levantara. Bonvillo cumplió su promesa y se convirtió de todo corazón a la fe católica; los herejes se retractaron de sus errores, y San Antonio, después de dar la bendición con el Santísimo en medio de una tempestad de vítores y aplausos, condujo la Hostia procesionalmente y en triunfo a la iglesia, donde se dieron gracias a Dios por el estupendo portento y conversión de tantos herejes.

jueves, 29 de mayo de 2014

LA VIRGEN DE GUADALUPE DEL AGOSTADERO: UN SUCESO IMPRESIONANTE CASI DESCONOCIDO (VIDEO)

  • "Es la segunda manifestación de la Madre de Dios en su advocación de Guadalupe en tierras mexicanas", se dictaminó.



CATOLICIDAD. El año entrante (2015) se celebrarán los 300 años del hallazgo de una imagen natural (en tercera de dimensión como escultura) de la Virgen de Guadalupe que formaba parte de la raíz del tronco de un encino removido y localizado (en 1715) al estar arando la tierra en la Hacienda de Agostadero (hoy Villa García, en el estado de Zacatecas, México).

Ahí venía perfectamente plasmada la Virgen de Guadalupe, que se venera en la actualidad en la iglesia parroquial de Villa García.

Expertos en talla de madera han certificado que la imagen no es tallada sino conformada naturalmente sólo por las raíces del mismo encino en que se encontró.  Ya después fue pintada (coloreada) y se le adornó (angelitos laterales, rayos, media luna de plata y corona) tal como la conocemos ahora.

Un documento de la época del suceso localizado recientemente -en el año 2011- en los archivos de la Arquidiócesis de Guadalajara, viene a autentificar los hechos con testimonios de testigos de los mismos.

Estos son los acontecimientos que constan. ¿Milagro?, ¿capricho de la naturaleza que formó una imagen tan precisa e igual a la Virgen del Tepeyac?, ¿coincidencia?. Sobre la causa de los mismos cada quien puede formarse su propio juicio, pues no es dogma de fe su origen por una intervención sobrenatural, pero nos dice el cronista del lugar, don Joel Hurtado Santos, que los eclesiásticos que analizaron -en su momento- el suceso así lo consideraron y aprobaron su culto con estas palabras: "Es la segunda manifestación de la Madre de Dios en su advocación de Guadalupe en tierras mexicanas".

En la comunidad de la presa del Capulìn, al norte de la ciudad se localiza la ermita donde se apareció la imagen.

Veamos, ahora, el documental en el que se narran todos los acontecimientos que se dieron desde 1715, año en que se encontró la imagen, hasta la localización del documento que los avala. 



miércoles, 25 de septiembre de 2013

Reportaje - El Milagro del Cojo de Calanda


En este documental revivimos el milagro ocurrido en Calanda con el hombre de campo al que la rueda de un carro le produjo tal herida que los médicos de la época se la tuvieron que amputar sin anestesia... totalmente incapacitado para el trabajo al entonces conocido como “cojo de Calanda” no le quedo más remedio que ponerse a pedir limosna a las puertas de las iglesias, al mismo tiempo se untaba “aceite de la Virgen” en el muñón que tenía por "pierna"... un buen día harto de pedir decidió regresar a casa de sus padres y allí una noche con un extraño olor en el ambiente, la pierna de forma milagrosa le volvió a crecer. El caso está muy bien documentado y hasta existe un acta notarial del mismo.




domingo, 13 de mayo de 2012

EL INCREÍBLE MILAGRO DEL SOL

Los videntes de Fátima (foto coloreada, la original es en blanco y negro)


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Hoy, 13 de mayo de 2012, celebramos un aniversario más de las apariciones de la Virgen en Fátima, iniciadas precisamente en este día y mes del año de 1917. Culminaron con el gran milagro del sol el 13 de octubre del mismo año. CATOLICIDAD presenta a continuación en  qué consistió este milagro -al que la ciencia no le ha encontrado explicación alguna- presenciado y atestiguado por miles y miles de personas. Todas las fotografías son originales. Al final podrán ver dos videos: el primero con fotos del suceso y el segundo que trata de una recreación para una película, muy apegada al hecho histórico.
El milagro del sol fue un acontecimiento extraordinario que fue atestiguado por más de 100 mil personas, el 13 de octubre de 1917 en la campiña de Cova da Iria, cerca de Fátima, Portugal.
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Según varias declaraciones de testigos, después de una llovizna, se despejó el cielo y el sol lució como un disco opaco que giraba en el cielo. 


fotoSe dice que lucía significativamente menos brillante que de costumbre y arrojaba luces multicolores sobre todo el campo, sobre las sombras del paisaje, la gente y las nubes que lo circundaban. Se reportó que entonces el sol osciló en dirección a la tierra trazando un patrón de zig-zag, atemorizadas, algunas personas que observaban esto pensaron que significaba el fin del mundo. Los testigos reportaron también que el suelo y sus ropas, que habían estado mojados por la lluvia, se habían secado completamente.

 Arriba: Foto original del 'Milagro del Sol' en Fátima del 13 de oct. de 1917. Publicada en L'Osservatore Romano en 1951. 
Estimaciones del número de testigos van desde un rango de 30 o 45 mil, según Avelino Almeida, quien escribía para el periódico portugués ‘O’Século’, hasta un máximo de 100 mil, estimados por el Dr. Joseph Garrett, profesor de la Universidad de Ciencias Naturales de Coimbra, ambos estuvieron presentes ese día.
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El milagro fue atribuido por los creyentes a Nuestra Señora de Fátima, una aparición de la Santísima Virgen María a tres jóvenes pastorcillos en 1917, y como ella lo había predicho a sus videntes el 13 de julio, 19 de agosto y 13 de septiembre. Los niños dijeron que la Señora había prometido que al medio día del 13 de octubre en Cova de Iria, la Señora les revelaría su identidad y les mostraría un milagro “para que creyesen”. Según testigos, el milagro del sol duró aproximadamente diez minutos, los tres pequeños pastorcillos, además de haber confirmado el milagro del sol que tuvo lugar ese día, también reportaron haber visto un panorama de visiones, incluyendo a Jesús, la Santísima Virgen María y a San José bendiciendo a toda la gente.
Las descripciones más famosas de los acontecimientos reportados en Fátima pertenecen a los escritos de Juan de Machi, un sacerdote católico e investigador italiano. De Machi pasó siete años en Fátima, desde 1943 a 1950, llevando a cabo una investigación original y entrevistando a muchos testigos con una gran paciencia. En la obra el ‘Corazón Inmaculado’, publicada en 1952, de Machi reporta que “la naturaleza de los testigos van desde los creyentes hasta los incrédulos, venerables ancianas y jóvenes petulantes. Cientos de personas, de esta categoría tan diversa, dieron su testimonio formal. Tales reportes fueron muy variados, en los pequeños detalles existen divergencias de apreciación, pero ninguno de ellos, hasta donde pudimos investigar, negó el prodigio visible que realizó el sol”.

Una copia fotostática de una página del la publicación 'Ilustracao Portugueza', del 28 de octubre de 1917, muestra a una gran muchedumbre mirando el milagro del sol, que tuvo lugar durante las apariciones de Fátima.
Se citan a continuación algunas declaraciones de testigos, fueron tomadas de varios libros sobre la materia, de Juan de Machi:
Ante los asombrados ojos de la multitud, cuyo aspecto era casi bíblico, esperando y ansiosamente mirando al cielo, el sol tembló, realizó inesperados e increíbles movimientos fuera de todas las leyes cósmicas, el sol ‘bailó’, de acuerdo a una expresión típica de la gente.” Avelino de Almeida, quien lo reportó en ‘O´Século’, el periódico de mayor circulación y con mayor influencia en Portugal, el cual era, al tiempo, favorable al gobierno y anticlerical. Los artículos previos de Almeida se habían concentrado en satirizar los acontecimientos previos de Fátima, sin embargo, Almeida no abandonó la fe católica.
El sol, en un instante lució rodeado con flamas rojizas y en otro con una aureola amarilla y púrpura intenso, se veía girando muy rápidamente, en algunas ocasiones parecía que se desprendía del cielo y se aproximaba a la tierra, sintiéndose su intenso calor.” Dr. Domingos Pinto Coelho, escribiendo para el diario ‘Ordem’.
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… el sol plateado, envuelto en una misma luz diáfana grisácea, fue visto dando vueltas y revoloteando entre las nubes que lo rodeaban… La luz tornó a un hermoso azul, como si se filtrara a través de los vitrales de una catedral y desparramaba su luz sobre la gente que permanecía arrodillada con las manos juntas… la gente lloraba y rezaba, en la presencia de un milagro que habían estado esperando. Los segundos parecieron horas, tan intensos fueron esos instantes.” Un reportero del periódico de Lisboa ‘O Dia’
El disco solar no permaneció en la inmovilidad, esto no fue el destello de un cuerpo celeste ya que permaneció girando sobre su centro, en un frenético arremolinamiento, cuando sorpresivamente se escuchó un clamor de la gente, el sol que rotaba, parecía que se desprendía del firmamento y avanzaba amenazante sobre la tierra como si fuera a impactarnos con su fiera masa inmensa, la sensación durante esos momentos fue terrible.” Dr. Almeida Garret, profesor de Ciencias Naturales en la Universidad de Coimbra.
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Como si echasen a correr del cielo, las nubes fueron arrinconadas a un lado y el sol apareció en el zenit con todo su esplendor, comenzó a girar vertiginosamente sobre su axis, como la más magnifica bola de fuego que pueda imaginar alguien, tomando sobre sí todos los colores del arco iris y desprendiendo rayos de luz multicolores, produciendo el más asombroso efecto, este sublime e incomparable espectáculo, que fue repetido tres veces, duró aproximadamente diez minutos, la inmensa multitud, abrumada por la evidencia de tremendo prodigio, se tiró sobre sus rodillas.” Dr. Formigäo, un profesor del seminario de Santarem y sacerdote.
Me siento incapaz de describir lo que vi, miré fijamente al sol, el cual se veía pálido y no lastimaba mis ojos, luciendo como una bola de nieve, dando vueltas sobre sí mismo, y de repente pareció venir hacia nosotros en zig-zag, amenazando a la tierra. Aterrorizado, corrí y me escondí entre la muchedumbre, la cual lloraba y esperaba el fin del mundo en cualquier momento.” Rev. Joaquim Lourenco, describiendo la experiencia de su niñez en Alburitel a 18 kilómetros de Fátima.
Ese día, del 13 de octubre de 1917, sin recordar las predicciones de los pastorcillos, fui encantado por el extraordinario espectáculo en el cielo, espectáculo sin igual a lo que había visto antes, lo vi desde esta terraza…” Alfonso Lopes Vieira, poeta portugués.
Mientras que de Marchi declara que los reportes varían y son confusos en pequeños detalles, Kevin McClure afirma que nunca había visto una colección de relatos tan contradictorios en ningún caso de las investigaciones que ha realizado en los últimos diez años. No existen reportes científicos sobre algún comportamiento solar o astronómico inusual durante el momento en que el sol fue visto ‘bailando’, y tampoco existen reportes que testifiquen sobre algún fenómeno solar dentro del radio de 22.5 kilómetros desde Cova da Iria. Se ha dicho que el hecho de que haya sido predicho un milagro indeterminado, el abrupto comienzo y final del milagro del sol, la variada naturaleza de los observadores, incluyendo escépticos y creyentes, el gran número de personas que estuvieron presentes y la falta de cualquier factor de causa, excluyen la posibilidad de una “alucinación colectiva”. Incluso, las ropas mojadas -pues había llovido- de quienes presenciaron el fenómeno, quedaron totalmente secas luego del acercamiento del sol. Además, se reportó que esta “actividad solar” fue visible dentro del radio de los 18 kilómetros, lo que también excluye la posibilidad de una “histeria colectiva”.
Los videntes afirmaron que la aparición, que ahora se sabe fue Nuestra Señora de Fátima, les había prometido en julio, agosto y septiembre que un milagro ocurriría el 13 de octubre de 1917, “para que todos creyeran”. Pío Scatizzi, SJ, describe los acontecimientos de Fátima y concluye:
El fenómeno solar no fue observado en ningún observatorio, hubiera sido imposible que se les pasara de largo un acontecimiento así a los astrónomos y a otros habitantes del hemisferio… no hay duda que no fue un fenómeno natural astronómico o meteorológico… Tampoco es cierto que los testigos en Fátima fueron engañados colectivamente y estuvieran errados en su testimonio, al contrario, tal uniformidad de por sí supondría ya una intervención sobrenatural.
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El milagro tampoco estuvo supeditado al tiempo y el espacio, ya que el papa Pío XII vio el milagro del sol desde los jardines del Vaticano (1950), como confirmación del Cielo en un momento decisivo en el cual él proclamaría un dogma ex cathedra. Este es el reporte de la revista ‘Time’:
Millones de católicos romanos hacen un acto de reverencia cerca de Fátima, en Portugal, ante una escena de apariencia milagrosa de la Virgen María. En Fátima estuvo la semana pasada Federico Cardenal Tedeschini, arcipreste de la Basílica de San Pedro en Roma, para reunirse con los peregrinos a los que les tenía noticias importantes. En tres días sucesivos, el 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre de 1950, dijo el cardenal, la milagrosa visión de Fátima se repitió para el papa Pío XII: “El Santo Padre dirigió su mirada, de los jardines del Vaticano hacia el sol, y en ese momento fue renovado para sus ojos el milagro del valle (Cova da Iria)” El 1 de noviembre fue el día que el papa proclamó el dogma de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma al Cielo.”
Video con imágenes reales del gran suceso:

Recreación fílmica para una película muy apegada históricamente al milagro:

Fuentes: You Tube y Biblia y Tradición 
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viernes, 2 de septiembre de 2011

EL "ACORDAOS" Y LA MADONA DEL MIRACOLO (NUESTRA SEÑORA DEL MILAGRO)


El día 20 de enero de 1842, el joven y elegante judío —de raza y de religión— Alfonso Tobías Ratisbona fue prácticamente arrastrado por su amigo el barón de Bussières hacia el interior de la iglesia de Sant’ Andrea delle Fratte en Roma. El Barón se dirigía al templo para tratar de las exequias del conde Augusto de la Ferronnays, ex embajador de Francia en Roma, fallecido dos días antes.

El diplomático había conocido a Ratisbona justo el día anterior a su fallecimiento, y se había dispuesto a rezar para que el joven judío abrazase el cristianismo. Al día siguiente, durante la Misa a la que asistió en la pequeña iglesia de Sant’Andrea delle Fratte, rezó más de cien Memorares [Acordaos] por esa intención. Aquella noche falleció repentinamente, y hay quien supone que el veterano embajador haya ofrecido su vida para obtener tal gracia.

Una conversión histórica

El “cerco” sobrenatural en torno al joven banquero de Estrasburgo para lograr su conversión fue iniciado por el mismo barón de Bussières, quien le impuso a su amigo judío que llevase al cuello una pequeña medalla de la Santísima Virgen entonces ampliamente difundida en Francia y otros países de Europa. A regañadientes, Ratisbona cedió.

Ya en la iglesia, el barón de Bussières entra en la sacristía para tratar del asunto que ahí lo había llevado. Cuando vuelve, no encuentra al judío en el lugar donde lo había dejado. La nave central estaba obstruida por las grandes piezas de madera del catafalco que estaba siendo montado para las exequias del Conde, que se deberían realizar al día siguiente. Con esfuerzo descubre al joven judío de rodillas, en llanto, frente al altar lateral izquierdo.
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La Santísima Virgen se le había aparecido

En el momento en que Bussières lo dejó para ir a la sacristía, Ratisbona comenzó a deambular desinteresado por el corredor lateral hasta el altar derecho de la iglesia. De repente, todo el edificio sagrado desaparece de sus ojos. La capilla simétrica, del lado izquierdo, se ilumina con una albura resplandeciente. Al centro él ve, de pie, una Mujer admirable, grande, brillante, llena de majestad y de dulzura, semejante a la Virgen de la Medalla que llevaba al cuello. Una fuerza irresistible lo atrae hacia Ella. Ningún recuerdo le queda de aquel trayecto imposible recorrido en un instante. Está ante una presencia inefable. Ella se mueve, se inclina, le hace con la mano una señal para que se arrodille, y con otra señal le expresa claramente: “¡No te resistas!”. Él se prosterna delante de Ella en la completa obediencia de su ser totalmente conmovido. La mano parece decirle: “Así está bien”.

Alfonso Tobías Ratisbona
Con el espíritu subyugado por el respeto, toca con la frente el suelo. Pero temeroso de perder esta belleza celestial, levanta la cabeza para admirarla una vez más. Sin embargo, el fulgor es tan grande, y la veneración que siente tan pungente, tan pavoroso es el sentimiento del pecado en que vivió hasta ahora, que, aplastado, no osa más levantar los ojos hacia esta pureza. Apenas se permite contemplar aquellas manos benditas, donde lee claramente la expresión de perdón y de misericordia. La enormidad del pecado (del que adquiere súbitamente conciencia), le inspira vergüenza y horror indescriptibles. Sus lágrimas corren. En un solo instante, sin preparación, sin catecismo, sin discusiones, sin argucias, por una clara visión milagrosa, acaba de conocer la magnificencia de la Iglesia Católica.

“Ella no dijo nada, pero yo comprendí todo”, observa Ratisbona.

El brillo se extingue, Nuestra Señora desaparece, la capilla lateral retoma su aspecto semi-oscuro. Al fondo se nota un cuadro ennegrecido representando al Ángel que apareció al joven israelita del cual Ratisbona lleva su nombre: Tobías.

La conversión de Alfonso Tobías Ratisbona tuvo una repercusión mundial. En Roma, en París, en Alsacia donde vive su familia, en toda Alemania, donde se extienden sus relaciones, no se habla sino de este golpe fulminante de la gracia que trajo al seno de la Iglesia a un judío tan poco dispuesto a volverse católico, que había cortado su relación con un hermano convertido al catolicismo.

En toda la aristocracia se hace esta pregunta: “¿Qué ocurrió precisamente?” Los mejor informados responden: —“Fue la medalla”. —“¿Qué medalla?” —“La Medalla Milagrosa, que tanto rumor causa desde hace diez años, y que un amigo lo había forzado a llevar al cuello”.

El milagro más fulgurante de la Medalla Milagrosa acababa de ocurrir. La Madonna del Miracolo —como la llaman los italianos— había convertido al futuro Padre Alfonso Ratisbona, hermano del Padre Teodoro Ratisbona, fundador de la Congregación de Nuestra Señora de Sión, consagrada especialmente a la conversión de los judíos.

La vidente desconocida

En 1842, cuando alguien quería saber el origen de la Medalla Milagrosa, la respuesta que obtenía era que la Santísima Virgen la había revelado a una joven religiosa del noviciado de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, de la Rue du Bac en París. Nadie, sin embargo, a no ser su confesor, sabía quién era la religiosa. El arzobispo de la capital francesa, Mons. De Quélen, decidido patrocinador de la medalla desde el primer momento, no llegó a conocer a la vidente. El mismo Papa Gregorio XVI, habiendo manifestado tal deseo, no se vio atendido. El confesor de la religiosa se juzgaba vinculado por el secreto de confesión, y en consecuencia impedido en conciencia de revelar su nombre. Con qué meticulosidad el Padre Aladel procuró mantener apartada de las miradas humanas a esta alma privilegiada de la Madre de Dios.

Sin embargo, seis meses antes de su muerte, la religiosa, impedida de ver a su confesor (que ya por entonces no era más el Padre Aladel), recibió de la voz interior que la dirigía, la autorización —y sin duda la orden— de franquearse con su superiora. Pero fue sólo después de su muerte, ocurrida el día 31 de diciembre de 1876, a los 70 años, que las religiosas de la Congregación supieron que la hermana Catalina Labouré, aquella monja ejemplarmente discreta y recogida con quien habían convivido durante más de cuarenta años, era la feliz vidente a quien la Virgen escogió para propagar la mundialmente famosa medalla.

Oración a Nuestra Señora del Milagro

“Oh Inmaculada Madre de Dios, Madonna del Miracolo, que quisisteis conquistar con un singular prodigio de vuestra misericordia al israelita Alfonso, acoged las súplicas que os presentamos con confianza, como un día acogisteis las súplicas de aquellos que a Vos recurrieron pidiendo la conversión del hijo judío. Obtenednos también una sincera y total conversión a la gracia y todos los bienes del alma y del cuerpo.

“Vuestra clemencia triunfó sobre Ratisbona, persuadiéndolo para que reciba el bautismo y se empeñe con voluntad seria en la observancia de los Mandamientos. Por esta conquista de vuestro amor, obtenednos la perseverancia en el cumplimiento de las promesas del bautismo. Haced que ningún obstáculo se interponga a nuestra observancia de los preceptos de Dios y de la Iglesia.

“Vuestras manos resplandecientes son el símbolo de las innumerables gracias que con maternal bondad dispensáis profusamente sobre la Tierra. Haced resplandecer también sobre nosotros un rayo de vuestra misericordia”. Amén.

Autor: Antonio A. Borelli. Fuente: http://www.fatima.org.pe/seccion-verarticulo-312.html

Rogativas a Nuestra Señora del Milagro - canta Joaquín Díaz
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domingo, 31 de julio de 2011

VUELVE A LICUARSE LA SANGRE DE SAN PANTALEÓN

El Monasterio de la Encarnación abrió sus puertas a los fieles para venerar las reliquias de San Pantaleón, cuya sangre se ha vuelto a licuar en la víspera del aniversario de su martirio, como viene siendo tradición desde 1645. Medio centenar de personas esperaron la apertura del templo para observar cómo la sangre, contenida en una ampolla, ha pasado del estado sólido a líquido y ser, además, los primeros en besar un relicario con un trozo de hueso del Santo.

(Efe) El 27 y 28 de julio, festividad de San Pantaleón, ambas reliquias, que normalmente se custodian en el museo del monasterio, estuvieron expuestas en la iglesia, donde se celebraron misas por la mañana y por la tarde.
Para observar mejor la pequeña ampolla con la sangre, colocada dentro de una vitrina, se instalaron dos pantallas de televisión que mostraban una imagen ampliada, a tiempo real, donde se podían observar cómo la parte superior de sangre adoptó un color rojo vivo, indicativo de la licuefacción.
Según ha explicado a Efe Gabriel Ricci, uno de los tres capellanes del monasterio, la sangre no ha dejado de licuarse desde que la trasladaron de Italia al monasterio de la Encarnación en el siglo XVII, en contra de la leyenda popular procedente de Italia que vaticina catástrofes si la sangre no se licua.
"Hay años que ha empezado a licuarse antes y se ha mantenido líquida más tiempo, no es una cuestión matemática y se ve por el color rojo de la sangre, que cuando está coagulada tiene una tonalidad marrón oscura, y al mover la ampolla", ha apuntado.

Médico y mártir


Dado que San Pantaleón era médico y fue mártir, normalmente los fieles rezan pidiendo que les proteja en los aspectos de la salud y alguno de los presentes aseguran que, por su intercesion, Dios obra auténticos milagros en casos de enfermedades graves.
Así, uno de los encargados de la vigilancia en la iglesia ha asegurado a Efe que fue testigo, hace ahora unos diez años, de cómo "un niño que estaba desahuciado fue traído del Hospital Niño Jesús por su padre y se curó de manera inexplicable después de que la Priora del convento de clausura pasara la ampolla sobre el niño enfermo".
San Pantaleón, oriundo de Nicomedia, en la actual Turquía, murió el 27 de julio del año 305, perseguido por el emperador Diocleciano, por ejercer la medicina gratuitamente, lo que suscitó la envidia y el resentimiento de sus colegas de la época, y negarse a apostatar de la fe cristiana.
En la ciudad italiana de Ravello se expone la ampolla más grande que existe con sangre del santo y de la que se extrajo la porción que se conserva en el monasterio madrileño y que miles de fieles visitan cada año en estas fechas.
Visto en Infocatólica.
Tema relacionado (haz click): 

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sábado, 2 de julio de 2011

RELATO DE CÓMO SAN FRANCISCO CURÓ MILAGROSAMENTE DE ALMA Y CUERPO A UN LEPROSO


El verdadero discípulo de Cristo San Francisco, mientras vivió en esta vida miserable, ponía todo su esfuerzo en seguir a Cristo, el perfecto Maestro. Así sucedía muchas veces, por obra divina, que cuando él curaba a alguien el cuerpo, Dios le sanaba al mismo tiempo el alma, tal como se lee de Cristo (cf. Mt 9,1-8). Por ello, no sólo servía él gustosamente a los leprosos, sino que había ordenado a los hermanos de su Orden que, cuando iban por el mundo o se detenían, sirvieran a los leprosos por amor de Cristo, que por nosotros quiso ser tenido por un leproso (1).

Sucedió una vez, en un lugar no lejos de aquel en que entonces se hallaba San Francisco, que los hermanos servían a los leprosos y enfermos de un hospital; y había allí un leproso tan impaciente, insoportable y altanero, que todos estaban persuadidos, como era en verdad, que estaba poseído del demonio, porque profería palabras groseras y maltrataba a quienes le servían, y, lo que era peor, blasfemaba tan brutalmente de Cristo bendito y de su madre santísima la Virgen María, que no se hallaba ninguno que quisiera y pudiera servirle. Y por más que los hermanos se esforzaban por sobrellevar con paciencia, por acrecentar el mérito de esta virtud, sus villanías e insultos, optaron por dejar abandonado al leproso, porque su conciencia no les permitía soportar las injurias contra Cristo y su madre. Pero no quisieron hacerlo sin haber informado antes a San Francisco, que se hallaba en un eremitorio próximo.

Cuando se lo hicieron saber, fue San Francisco a ver al leproso. Acercándose a él, le saludó diciendo:

-- Dios te dé la paz, hermano mío carísimo.

-- Y ¿qué paz puedo yo esperar de Dios -respondió el leproso enfurecido-, si Él me ha quitado la paz y todo bien y me ha vuelto podrido y hediondo?

-- Ten paciencia, hijo -le dijo San Francisco-; las enfermedades del cuerpo nos las da Dios en este mundo para salud del alma; son de gran mérito cuando se sobrellevan con paciencia.

-- Y ¿cómo puedo yo llevar con paciencia -respondió el leproso- este mal que me atormenta noche y día sin parar? Y no es sólo mi enfermedad lo que me atormenta, sino que todavía me hacen sufrir esos hermanos que tú me diste para que me sirvieran, y que no lo hacen como deben.

Entonces, San Francisco, conociendo por luz divina que el leproso estaba poseído del espíritu maligno, fue a ponerse en oración y oró devotamente por él. Terminada la oración, volvió y le dijo:

-- Hijo, te voy a servir yo personalmente, ya que no estás contento de los otros.

-- Está bien -dijo el enfermo-; pero ¿qué me podrás hacer tú más que los otros?

-- Haré todo lo que tú quieras -respondió San Francisco.

-- Quiero -dijo el leproso- que me laves todo de arriba abajo, porque despido tal hedor, que no puedo aguantarme yo mismo.

San Francisco hizo en seguida calentar agua con muchas hierbas olorosas; luego desnudó al leproso y comenzó a lavarlo con sus propias manos, echándole agua un hermano. Y, por milagro divino, donde San Francisco tocaba con sus santas manos desaparecía la lepra y la carne quedaba perfectamente sana. Y según iba sanando el cuerpo, iba también curándose el alma; por lo que el leproso, al ver que empezaba a curarse, comenzó a sentir gran compunción de sus pecados y a llorar amarguísimamente; y así, a medida que se iba curando el cuerpo, limpiándose de la lepra por el lavado del agua, por dentro quedaba el alma limpia del pecado por la contrición y las lágrimas.

Cuando se vio completamente sano de cuerpo y alma, manifestó humildemente su culpa y decía llorando en alta voz:

-- ¡Ay de mí, que soy digno del infierno por las villanías e injurias que yo he hecho a los hermanos y por mis impaciencias y blasfemias contra Dios!

Estuvo así quince días, llorando amargamente sus pecados y pidiendo misericordia a Dios, e hizo entera confesión con el sacerdote. San Francisco, al ver el milagro tan evidente que Dios había obrado por sus manos, dio gracias a Dios y se fue de aquel eremitorio a tierras muy distantes; debido a su humildad, en efecto, trataba de huir siempre de toda gloria mundana y en todas sus acciones buscaba el honor y la gloria de Dios y no la propia.

Y quiso Dios que aquel leproso, curado en el cuerpo y en el alma, enfermase de otra enfermedad quince días después de su arrepentimiento, y, fortalecido con los sacramentos eclesiásticos, murió santamente. Al ir al paraíso por los aires su alma se apareció a San Francisco cuando éste se hallaba orando en un bosque y le dijo:

-- ¿Me conoces?

-- ¿Quién eres? -dijo San Francisco.

-- Soy el leproso que Cristo bendito curó por tus méritos -dijo él-, y ahora voy a la vida eterna; de lo cual doy gracias a Dios y a ti. Bendita sea tu alma y bendito tu cuerpo, benditas sean tus palabras y tus acciones, porque por tu mano se salvarán en el mundo muchas almas. Y sabe que en el mundo no hay un sólo día en que los santos ángeles y otros santos no estén dando gracias a Dios por los santos frutos que tú y tu Orden realizáis en diversas partes del mundo. ¡Cobrad ánimo, dad gracias a Dios y seguid así con su bendición!

Dichas estas palabras, se fue al cielo; y San Francisco quedó muy consolado.

En alabanza de Cristo. Amén.

Nota 1Cf. Is 53,3s. San Francisco reconoce en su Testamento que la gracia de la conversión le vino a través de su experiencia del servicio a los leprosos; fue Dios mismo quien «le llevó» entre ellos. Por eso, ese servicio de amor a los «hermanos cristianos» era el noviciado que él exigía de sus seguidores. En los primeros años de la fraternidad, los hermanos se hospedaban frecuentemente en las leproserías y tomaban a su cargo la asistencia de los leprosos (LP 9 y 65). Más aún, había cierto compromiso de compartir con ellos el fruto del trabajo y de la mendicación, como lo establecía 1 R 8,10.

Fuente: Las Florecillas de San Francisco, Cap. XXV. http://www.franciscanos.org/florecillas/menu.html
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lunes, 7 de febrero de 2011

LOS FENÓMENOS SOBRENATURALES

Al referirnos a fenómenos sobrenaturales hacemos relación a lo que trasciende lo natural, lo que está más allá de las leyes normales

Autor: Jorge Enrique Mújica

Cura de Ars
En la vida de san Juan María Vianney, cura de Ars, escrita por Francis Trochu leemos lo siguiente: «Un joven de Lyon se había apenas confesado cuando el santo le dice:

- Amigo, no has dicho todo.

- Ayudadme vos, Padre: no puedo recordar todas mis faltas.

- ¿Y aquellas candelas que robaste de la iglesia de San Vicente?. Era verdad, pero lo había olvidado».

En otra ocasión, una mañana durante la misa, una señora se presentó a recibir la comunión. El santo pasó dos veces cerca de ella sin dársela. A la tercera vez le dice la señora en voz baja:

- «Padre mío, no me has dado la comunión».

- «No hija mía; esta mañana has comido algo».

Entonces la señora se acordó de haber comido un poco de pan.

A fines del s. XIX, el doctor Imbert, profesor de medicina en Clermont-Ferrand, describió ampliamente un testimonio acerca de Luisa de Lasteau, hoy beata, y su facilidad sobrenatural para reconocer los objetos sagrados (ierognosis): «Se le presentaba una reliquia, aunque fuese de un siervo de Dios no beatificado, y sonreía satisfacida, pronta a besarla. Lo mismo hacía con los objetos benditos aunque tuvieran forma profana, mientras se mostraba insensible por los objetos no bendecidos aunque fuesen imágenes sacras. Un sacerdote vestido de civil, le presentó un crucifijo sin bendecir y no le causó impresión. Después, con su mano consagrada, trazó sobre la cruz la bendición y se lo volvió a mostrar; entonces Luisa mostró su característica sonrisa al sacerdote. Los presentes exclamaron: ¡qué sublime es la bendición del sacerdote!»

Es común hallar en librerías una abundante literatura que intenta explicar, acertada o erróneamente, fenómenos sobrenaturales extraordinarios que por su relación con la fe, su impacto real, atractivo o de simple curiosidad, llaman enormemente la atención. Y no es para menos: profecía, poder de sanación, discernimiento de espíritus, visiones, revelaciones, habilidad infusa para el ejercicio de las artes, ciencia, estigmas, lágrimas o sudor de sangre, privación del sueño, bilocación, levitaciones, sutilezas, luminosidad... son temas que dejan un deseo de profundización mayor.

Al referirnos a fenómenos sobrenaturales hacemos relación a lo que trasciende lo natural, lo que está más allá de las leyes normales como el no poder volar por nosotros mismos o conocer lenguas sin antes haberlas estudiado. La causa sólo puede ser Dios aunque la propia naturaleza o el Demonio pueden imitar algunos de estos fenómenos para confundir cuando en realidad no son tales.

Los fenómenos sobrenaturales se manifiestan con los así llamados fenómenos místicos. Estos de deben a gracias regaladas por Dios que quiere ofrecer una posibilidad de unión más íntima con él al alma que los recibe o manifestar externamente al mundo el misterio de su acción omnipotente no explicable a la ciencia.

Las causas puramente naturales tienen como fuente elementos de orden fisiológico (temperamento, sexo, edad), la imaginación, los estados depresivos del espíritu (trabajo intelectual absorbente, meditación religiosa mal regulada, excesiva austeridad) y las enfermedades. Estas llevan a confundir con fenómenos "sobrenaturales" lo que en realidad se puede explicar naturalmente.

Es de fe que existen los demonios quienes, por permisión divina, influyen sobre algunos hombres. Sin embargo, la voluntad humana permanece siempre libre. El demonio no puede producir verdaderos fenómenos pues es gracia exclusiva de Dios (resucitar un muerto, curar instantáneamente heridas, traslocaciones, profecías, conocer los pensamientos, crear, violar las leyes de la naturaleza como la gravedad, etc.) pero sí puede falsificar visiones, éxtasis, esplendores y rigidez en el cuerpo, ardores en el corazón, curación de enfermedades producidas por él mismo, hacer aparecer estigmas, esconder objetos y moverlos.

La acción divina, que es de donde provienen los auténticos fenómenos, se desarrolla principalmente en el intelecto, en la voluntad y en el organismo de aquellos que la experimentan. De ahí que los grandes fenómenos se clasifiquen en tres grupos: de orden cognoscitivo, de orden corporal y de orden afectivo.
 
Fenómenos de orden cognoscitivo
 
Las visiones, referidas estrictamente al sentido de la vista, son percepciones de objetos mediante los ojos corporales. Hay tres tipos de visiones:
 
1) las externas o corporales, llamadas apariciones, donde se percibe una realidad objetiva naturalmente invisible al hombre
2) las imaginarias, que son representaciones sensibles internas circunscritas a la imaginación
3) las intelectuales, en las que se produce la visión por medio de la inteligencia, sin impresión o imagen sensible.

Las locuciones son fórmulas que enuncian afirmaciones o deseos. Se dividen en:

1) auriculares (percibidas por medio del oído)
2) imaginarias (se perciben con la imaginación durante el sueño o la vigilia)
3) intelectuales (las que se dejan oír directamente en el intelecto sin el concurso de los sentidos) que es como se comunican los ángeles.

Las revelaciones son las manifestaciones sobrenaturales de una verdad oculta o un secreto divino hecho por Dios para el bien general de la Iglesia o para la utilidad de quien la recibe. Son de dos tipos:

1) privadas: hechas a un individuo y que no entran en el depósito de la fe
2) universal: la dada por la Sagrada Escritura.

Las primeras nunca contradicen a las segundas si son auténticas. Sólo a la Iglesia corresponde declarar si un mensaje es o no revelación privada.

Por discernimiento de los espíritus se entiende el conocimiento sobrenatural de los secretos del corazón comunicados por Dios a sus siervos. Fue el caso del cura de Ars. En esta categoría también entra el descifrar y aclarar si otros fenómenos vienen o no de Dios.

La ierognosis es el conocimiento de lo que es sagrado manifestado en el poder o facultad que tuvieron algunos santos para reconocer las cosas santas y distinguirlas de las profanas. Este fue el caso de la beata Luisa Lausteau.

Otros fenómenos de conocimiento son la ciencia infusa universal (como el caso de Gregorio López (1562-1596) que sin estudio alguno, poseía un bastísimo conocimiento de la Sagrada Escritura, la historia de la Iglesia y los principios de la vida espiritual), el conocimiento sobrenatural de teología (los casos de santa Gertrudis y santa Catalina de Siena, luminarias de la mística), habilidad infusa para el ejercicio de las artes (por ejemplo san Francisco de Asís y Jacopone da Tordi, compositor del «Stabat Mater», para la poesía; santa Catalina de Bolonia, para la música; el beato Angélico da Fiesole para la pintura, etc.)

Fenómenos místicos de orden corporal

El primer caso documentado de una persona estigmatizada fue el San Francisco de Asís, quien recibió los estigmas en un éxtasis que tuvo el 17 de septiembre de 1224. Después de él se han multiplicado los casos. Quizá hubieron estigmatizados antes de San Francisco. No lo sabemos.

Estigmas del Padre Pío (foto real)
En 1894 se publicó en París el libro «La estigmatisation». En él, el doctor Imbert-Gourtbeyre, quien estudió con competencia y atención el tema, enumera hasta 321 casos de estigmatizaciones verdaderas en la historia. De esos 321 estigmatizados 62 fueron canonizados (42 hombres y 9 mujeres). Por el tiempo y por la resonancia, nos es muy cercano el caso de San Pío de Pietrelcina, de cuyas llagas emanaba, además, un olor muy agradable.

Estamos ahora de frente a los fenómenos místicos de orden corporal. Éstos se reflejan principalmente sobre el organismo, en cualquiera de sus funciones vitales o en diferentes aspectos de su actividad y manifestaciones exteriores, como recuerda el P. Royo Marín. Estos son los principales:

Los estigmas consisten en la aparición espontánea de llagas sanguinolentas en manos, pies, costado izquierdo, en la cabeza o en la espalda. Pueden ser visibles o invisibles. Muchos han tratado de dar una explicación racionalista al fenómeno atribuyéndolo al fanatismo. Es verdad que la imaginación puede ejercer una posible influencia psíquica, pero jamás será capaz de producir heridas físicas visibles. Bastaría hacer un ejercicio simple para darse cuenta de la imposibilidad: si se fija la vista en alguna parte del cuerpo y se piensa, con todas las fuerzas, que se quiere una herida visible en el costado; se podrá pasar todo un día y no se logrará. Los hechos hablan por sí solos.

También existen los estigmas diabólicos. ¡Sí, el demonio es capaz de producirlos! Si en el orden natural, en base a la hipnosis y a la sugestión, se han llegado a producir manifestaciones similares en sujetos desequilibrados, neuróticos o histéricos, cómo no iba a poder producirlos el demonio.

El sudor de sangre consiste en la expulsión, en cantidad considerable, de líquido sanguinolento a través de los poros de la piel, particularmente los de la cara. Las lágrimas de sangre son una efusión sanguinolenta a través de la mucosa de los ojos.

En el caso del sudor de sangre, el hecho histórico por excelencia es el de Nuestro Señor Jesucristo referido por San Lucas en el capítulo 22, versículo 44, de su Evangelio. Tras Jesucristo, un número pequeño de santos y personas pías han tenido sudor de sangre: santa Ludgarda (1182-1246), la beata Cristina di Stumbeln (1242-1312), Magdalena Morice (1736-1769), María Domenica Lazzari (1815-1848), Caterina Putigny (1803-1885).

Los casos de lágrimas de sangre son más raros aunque hay registrados dos casos muy famosos, el de Rosa María Andriani (1786-1845) y el de Teresa Neumann a mediados del siglo pasado.

La renovación o cambio de corazón es un fenómeno registrado en la historia de la mística y muy sorprendente. Consiste en la extracción del corazón de carne y en la sustitución con otro que es el de Cristo mismo.

Son famosos los casos de las santas Catalina de Siena, Ludgarda, Gertrudis, María Magdalena de Pazzi, Caterina de Ricci, Juana de Valois o Margarita María de Alacoque.

Así describía el confesor de santa Catalina de Siena el fenómeno de la sustitución de corazón: «Se encontraba un día en la capilla de la iglesia de los hermanos predicadores en Siena... Recuperada del éxtasis se puso de pie para regresar a casa. Una luz del cielo la envolvió y en la luz apareció el Señor que tenía en su mano un corazón humano, verdadero y esplendoroso... El Señor se le acercó, abrió el pecho de ella por la parte izquierda e, introduciéndole Él mismo el corazón que tenía en las manos, le dice: "Querida hijita, como el otro día tomé tu corazón, he aquí que te doy el mío con el cual siempre viviréis”. De lo dicho queda la apertura que le hizo en el costado; en signo del milagro ha quedado en aquel lugar un cicatriz, como me han asegurado a mí las compañeras que han podido verla. Queriendo saber la verdad de lo sucedido, ella misma fue obligada a confesármelo».

El ayuno absoluto. Está demostrado que el hombre puede sobrevivir naturalmente en una abstinencia total de alimento prolongada sólo por algunas semanas. En 1831 un condenado a muerte, Garnié, rehusó tomar alimentos a excepción de un poco de agua. Murió después de 63 días. Pesaba sólo 26 kilos. En la Iglesia, los casos más notables de ayuno absoluto son los de santa Catalina de Siena (cerca de ocho años), santa Ludovina de Schiedman (28 años), las beatas Caterina de Raconigi (diez años), Domenica Lazzari y Luisa Lasteau (14 años). Todas ellas llevaban una vida normal e incluso muy activa. Sin embargo el ayuno por sí mismo no prueba la santidad pero sí la Iglesia reconoce en algunos de sus santos un privilegio similar dado por Dios como recompensa por sus virtudes.

La vigilia o privación prolongada del sueño es análogo al precedente. Los casos más notables son los de san Macario de Alejandría quien pasó 20 años continuos sin dormir. Santa Coleta dormía una hora a la semana y una vez en su vida permaneció un año sin dormir. San Pedro de Alcántara dormía hora y media al día por cuarenta años, como testimonió santa Teresa de Jesús. Santa Rosa de Lima limitaba a dos horas el tiempo concedido para el reposo y santa Catarina de Ricci no dormía más que dos o tres horas por noche. Los médicos y los fisiólogos coinciden en el decir que sin salir de las leyes normales de la naturaleza orgánica no se puede privar a una persona del sueño. Las largas vigilias y abstinencias se encuentran sobre todo entre los contemplativos.

La agilidad consiste en la traslación corporal casi instantánea de un lugar a otro, a veces remotísimo del primero. Es diferente a la bilocación porque no hay simultaneidad de presencia en ambos lugares sino únicamente traslación de un lugar a otro.

En la mismísima Biblia leemos que el diácono Felipe fue trasportado por el Espíritu de Dios a la ciudad de Azoto después que instruyó y bautizó sobre el camino de Jerusalén a Gaza al eunuco Candace (Hechos de los apóstoles 8, 39-40) aunque quizá sea más famosos el caso de Habacuc, trasportado por el ángel de Judea a Babilonia para que llevase alimento a Daniel en la fosa de los leones (Dan 14, 33-39).

Otros santos conocidos también la ha tenido: santa Teresa contaba que san Pedro de Alcántara se le aparecía, aún viviente, varias veces. También san Felipe Neri se aparecío muchas veces mientras estaba en vida. San Antonio de Padua llegó a hacer, en una sola noche, el viaje de Padua a Lisboa; y regresó en la misma noche. En la vida de san Martín de Porres se narran prodigios de este tipo.

La bilocación es uno de los fenómenos más sorprendentes de la mística y uno de los más difíciles de explicar a menos que se recurra al milagro. Consiste en la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares diversos. Se han dado muchos casos en la historia de la vida de los santos. Entre los más conocidos están los de san Francisco de Asís, san Antonio de Padua, san Francisco Xavier, san Martín de Porres, san José de Cupertino o san Alfonso María de Ligorio.

De san Alfonso María se lee en su proceso de canonización que el 21 de septiembre de 1774, mientras estaba en Arienzo, pequeña villa de su diócesis, cae en una especia de desvanecimiento. Permanece cerca de dos días inmerso en un dulce y profundo sueño, sentado sobre un sillón. Uno de sus siervos habría querido despertarlo, pero su vicario general, D. G. Nicola de Rubino, ordenó que lo dejaran reposar. Cuando se despertó, el santo sonó la campana. Acudieron prontamente sus familiares. Viéndolo grandemente agitado le preguntaron:

-«¿Qué te sucede?, son dos días en que no has hablado ni dado ninguna señal de vida».

Él respondió asegurando que había ido a asistir al Papa que acababa de morir hace una hora. Poco tiempo después llegó la noticia de la muerte de Clemente XIV, acaecida el 22 de septiembre a la una de la tarde, momento preciso en el que el santo había sonado la campanilla. San Alfonso fue visto en ambos lugares contemporáneamente por una multitud de testigos.

Las levitaciones consiste en la elevación espontánea del suelo y en el mantenimiento del cuerpo humano sin ningún apoyo y sin causa natural visible. Por regla, le levitación mística se verifica mientras el paciente está en éxtasis y, si el cuerpo se eleva un poco, se llama éxtasis ascensional; si se eleva a gran altura, recibe el nombre de vuelo extático; y si comienza a andar velozmente a ras del suelo, pero sin tocarlo, se llama marcha extática.

Film de San José de Cupertino

En el proceso de canonización de san José de Cupertino se registran más de sesenta casos de levitación. Fue visto volar sobre el púlpito de la iglesia, por los muros y delante de un crucifijo o una imagen pía; aterrizar sobre el altar o cerca del tabernáculo; sostenerse como un pájaro sobre ramas débiles; hacer saltos de grandes distancias. Una palabra, una mirada, la mínima cosa en relación con la piedad, le producía estos transportes. En un periodo de su vida llegaron a ser tan frecuentes que sus superiores debieron exceptuarlo del rezo común en el coro para que, contra su voluntad, no interrumpiera ni perturbase las ceremonias de la comunidad con sus vuelos extáticos de los cuales muchas personas fueron testigos, entre ellos el Papa Urbano VIII y el príncipe protestante Juan Federico de Brunswick, el cual no sólo quedó impresionado sino que se convirtió al catolicismo y vistió el sayal franciscano.

Está claro que la simple naturaleza no puede alterar las leyes de la gravedad, siempre fijas y constantes. La Iglesia ha explicado este fenómeno como una anticipación del don de agilidad propia de los cuerpos gloriosos.

Las sutilezas consisten en el paso de un cuerpo a través de otro. En el momento del tránsito supone la compenetración o coexistencia de los dos cuerpos en un mismo lugar. Este prodigio se verificó en la persona de Jesús cuando a puertas cerradas se presentó a sus discípulos, como narra san Juan en los versículos 20-26 del capítulo 19 de su Evangelio. También es célebre el caso de san Raymundo de Peñafort que entró en su convento de Barcelona a puertas cerradas.

Las luces o esplendores son ciertos esplendores que algunas veces irradian los cuerpos de los santos sobre todo durante la contemplación o el éxtasis. Este fenómeno se verificó en san Luis Beltrán, san Ignacio de Loyola, san Francisco de Paula, san Felipe Neri, san Francisco de Sales, san Carlos Borromeo, san Juan María Vianey, etc. Es uno de los más frecuentes entres los grandes santos.

El perfume sobrenatural (osmogenesia) consiste en un cierto perfume de exquisita suavidad y fragancia que emana del cuerpo mortal de los santos o del sepulcro donde reposan sus restos. Se trata de un aroma singular que nada tiene de común con los perfumes terrenos. Los testigos que lo han experimentado no encontraron analogías para hacer entender la suavidad y fragancia de un aroma inconfundible jamás sentido en la tierra.

El perfumero de la corte de Saboya fue enviado un día al convento de la beata María de los Ángeles para que buscase individuar la naturaleza del olor que la sierva de Dios emanaba. Debió confesar que no se asemejaba a ninguno de los perfumes de esta tierra. Las religiosas, sus compañeras, lo llamaban “olor de paraíso o de santidad”.

Han exhalado suave olor las reliquias o los sepulcros de san Francisco de Asís, santo Domingo de Guzmán, santo Tomás de Aquino, santa Rosa de Lima, santa Teresa, santa Francisca Romana, etc.

Fenómenos de orden afectivo

Quedan aún por explicar un tercer tipo de fenómenos, los de orden afectivo. Se consideran tales, prevalentemente, dos tipos: los éxtasis místicos y los incendios de amor. Algunos estudiosos llaman a este tercer tipo de fenómenos, psico-fisiológicos pues tienen, en buena medida, su raíz principal en la voluntad; de ahí que algunos autores los clasifiquen entre los fenómenos de orden orgánico.

Los éxtasis místicos no son gracias gratis dadas por Dios. Entran en el desarrollo normal de los grados de oración mística y constituyen un fenómeno normal en el desarrollo de la vida cristiana. Pero como su aspecto exterior es espectacular, presenta ciertas semejanzas con los fenómenos de tipo extraordinario que se han mencionado.

Los incendios de amor son un hecho comprobado en la vida de algunos santos en los que el amor hacia Dios se manifiesta algunas veces hacia el exterior bajo la forma de fuego que quema, incluso materialmente, la carne y la ropa cercana al corazón. Esta manifestación se produce en grados diversos:

1) Simple calor intenso: es un extraordinario calor del corazón que se dilata; este calor se expande a todo el organismo. Es clásico el episodio de la vida de san Wenceslao, duque de Bohemia. De noche visitaba la iglesia a pies descalzos. Al siervo que le acompañaba le recomendaba meter los pies en los zapatos que él dejaba para no congelarse.

2) Ardores intensísimos: el fuego del amor divino puede llegar a tal intensidad que a veces es necesario recorrer a refrigerantes para poderlo soportar. Se cuenta de san Estanislao de Kotska, que era tan fuerte el fuego que lo consumía, que en pleno invierno era necesario aplicarle sobre el pecho paños empapados de agua helada. Santa Caterina de Génova no podía acercar su mano al corazón sin experimentar un calor intolerable.

3) La quemadura material: cuando el fuego del amor llega a producir incandescencias, las quemaduras se realizan plenamente. Es lo que se llama a pleno título incendios de amor. El corazón de san Pablo de la Cruz, fundador de los pasionistas, ardía de tal manera, que más de una vez su túnica de lana aparecía completamente quemada por la parte del corazón. El beato Nicolás Factor, religioso franciscano, incapaz de soportar el fuego que ardía en su corazón, se hechó un vaso de agua helada en pleno invierno. Consta en su proceso de beatificación que el agua, inmediatamente, se evaporó.

Existe sin duda una estrecha relación entre el amor y el fuego producido.

La naturaleza prodigiosa de todos estos fenómenos exige recurrir a lo sobrenatural para poder ser explicados. Este recurso, indiscutiblemente, demuestra la grandeza infinita de Dios el cual esparce a manos llenas sus tesoros. Es fácil recurrir a lecturas que intentan, acertada o erradamente, para bien o para confusión del lector, explicar estos casos que son verdaderamente atrayentes. Este texto es una buena guía para no perder el norte y tampoco dejarse engañar.

BIBLIOGRAFÍA:

Introducción a los fenómenos. Gemino. Fenómenos. Arato. Biblioteca Clásica Gredos Ed. Gredos, S.A. Madrid, 1993
Teología della perfezione cristiana. Antonio Royo Marín. 10ª edición 1997. Edición San Paolo. Edizione italiana a cura di G. Pettinati, S. Pienotti, A. Girlanda. Págs. 1026-1132
Dizionario di mística. A cura di I. Borriello - E. Caruana - M.R. Del Genio - N. Suffi Libreria editrice vaticana 1998
Summa daemoniaca, José Antonio Fortea, Contenidos de Formación Integral. Segunda edición: diciembre de 2003. México.
Compendio de Teología Ascética y Mística, Tanquerey. Ediciones Palabra, Madrid, 1990.
El respeto al misterio. Revista Alférez. Madrid, 30 de abril de 1948 Año II, números 14 y 15 [página 10]
Los grandes maestros de la vida espiritual. Historia de la espiritualidad cristiana. A. Royo Marin. BAC, Madrid, 1973.

Fuente: Catholic.net-Virtudes y Valores
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