Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de mayo de 2018

LOS OLIVOS (Motivos de la Pasión) por Gabriela Mistral



Cuando el tumulto se alejó, desapareció en la noche, los olivos hablaron:

-Nosotros le vimos penetrar en el Huerto.

-Yo recogí una rama para no rozarlo

-Yo la incliné para que me tocara.

-¡Todos le miramos, con una sola y estremecida mirada!

-Cuando habló a los discípulos, yo, el más próximo, conocí toda la dulzura de la voz humana.

-Nosotros enlazamos apretándolos los follajes, cuando bajaba el ángel con el cáliz, para que no lo bebiera.

-Y cuando lo apuró, la amargura de su labio traspasó los follajes y subió hasta lo alto de las copas. ¡Ningún ave nos quebrará más la hoja amarga, ahora más amarga que el laurel!

- En su sudor de sangre bebieron nuestras raíces. ¡Todas han bebido!

-Yo dejé caer una hoja en el rostro de Pedro, que dormía.

Apenas se estremeció. Desde entonces sé, ¡oh hermanos!, que los hombres no aman, que hasta cuando quieran amar no aman bien.

-Cuando le besó Judas, veló Él la luna, porque nosotros, ¡árboles!, no viéramos el beso de un hombre.

-Pero mi rama lo vio, y está quemada sobre mi tronco con vergüenza.

-¡Ninguno de nosotros hubiera querido tener el alma en ese instante!

-Nunca le vimos antes; los lirios de las colinas lo miraron pasar. ¿Por qué no sombreó ninguna siesta junto a nosotros?

-Si le hubiéramos visto alguna vez, ahora también quisiéramos morir.

-¿Dónde ha ido? ¿Dónde está a estas horas?

-Un soldado dijo que lo crucificarían mañana sobre el monte.

-Tal vez nos mire en su agonía, cuando ya se doble su cabeza;

-Quizás lleve muchas heridas; acaso se halle a estas horas como uno de nosotros vestido de heridas.

-Mañana le bajarán al valle para sepultarle.

-¡Que descienda todo el aceite de nuestros frutos, que las raíces lleven un río de aceite bajo la tierra, hasta sus heridas!

-Amanece. ¡Han emblanquecido todos nuestros follajes!.


De la misma escritora: http://www.catolicidad.com/2012/08/reflexion-ante-la-cruz.html

lunes, 12 de febrero de 2018

INICIO DE LA VIDA PÚBLICA DE JESÚS


ANACRUSA

"Tras la solemne obertura del Bautismo en el Jordán y el señalamiento como Cordero, propiamente comienza a rodar la vida pública del Señor. Las escenas intensas de su nacimiento e infancia están aún frescas y vibrantes en nuestro interior: ese Niño que corretea con su mejor amigo por las empedradas callejuelas de Nazaret, sorteando a mercaderes y vecinos, en ese juego recurrente de ver quién de ambos llega antes a la fuente de la plaza para mojar al otro, hasta empaparse de risa. O tantas otras escenas…

Pero la infancia pasó. Y tras el interludio de Bautismo y Cordero, el relator lleva el cuadro a negro y demora con audacia el efecto para remarcar los largos años transcurridos, para luego amanecer despacio la escena a orillas del Mar de Galilea.

Estalla la primavera, en una exuberancia casi exagerada. Hay algo incluso, cómo no, de revanchismo en sus aromas y colores, vengando el triste y gélido invierno. Pero hay arrullo en la tórtola y flor en el almendro. Zumbido de abejas y el perfume intenso del tomillo, embriagándolo todo.

Atardece en Galilea y corre una brisa fresca y ligera. Cientos de embarcaciones han retornado al muelle como aves a su nido y se ocupan con denuedo en las faenas finales de la jornada de pesca: gaviotas y garzas revolotean sobre el enmarañado de barcazas y botes y sobre todo danzando en círculos arriba de las redes extendidas sobre el estrecho muelle, con más aires lúdicos que de supervivencia.

Lo mismo cabría decir de los pescadores: todo es risa y jarana, a pesar del cansancio. No hay ni mujeres ni niños: todo el cuadro es de una compacta virilidad: los cantos, los chistes, los gritos punzantes, los esfuerzos vigorosos, los gestos bruscos que amerita la tarea. Pesados canastos colmados de peces fulguran entre los granos de sal, que atravesados por los resplandores de la tarde relucen como perlas y diamantes. Más que pescado en sal parece el botín de guerra usurpado al Leviatán.

Entonces aparece el Señor

Decir que su entrada en escena es perfecta resulta un pleonasmo. Pero, ¿cómo acertar al elogio para describir ese ingreso tan sutil como firme? Algo así como el primer acorde del solista en un concierto para piano y orquesta: ni un ataque al teclado violento, ni una entrada tenue y vaporosa: solemne y simple, debería indicar el pentagrama. Así, el Señor entrando en escena.

Ni Shakespeare ni Claudel habrían sabido diseñar un ingreso del protagonista como, soplado por Dios, lo describe el evangelista.

Jesús está caminando por la orilla del lago. Entra caminando. Como si lo viniera haciendo de hace rato, desde vaya a saber cuándo y dónde. Como de lejos cae la hoja de Rilke. Es el mismo Rostro que hemos conocido en Nazaret: ese mismo Niño de pelo oscuro rozando las puntas del trigal es el que avanza ahora a paso sereno pero firme, sencillo pero hidalgo por la empedrada costanera del Lago. Sus brazos cuelgan a sus lados sin tensión. Pero quien se fija bien, nota que sus dedos se abren apenas como acariciando una era invisible. Como un ciego palpa su braile, el Señor lee el tiempo cumplido, la mies madura, la siega a punto. Camina sin detenerse. Avanza, tal vez sea el verbo más oportuno. Como avanza un pastor hacia los pastos o un guerrero a la batalla.

Antes de una instancia solemne y decisiva hay un momento, un instante previo. En que toda la anterioridad se engolfa como agua en un dique. Inminencia es su nombre. Anacrusa, dirían los músicos.

La vida pública del Señor ya ha sido echada a rodar, sin retorno posible. Pero el Logos eterno hecho ese-hombre-Jesús aún tiene sus labios sellados, su ministerio intacto, sin estrenar. Camina sobre la epidermis del orbe, como un Arquitecto por entre sus planos y maquetas. Sabe muy bien lo irreversible de lo ya lanzado y a punto de comenzar. Son esos pocos metros que lo separan todavía de la barca de Pedro y Andrés, metros que condensan toda la distancia sideral de Dios al Hombre…

Aún ningún hombre había tergiversado una sola palabra del Verbo. Nadie lo había resistido, negado, ni calumniado, ni burlado, ni cuestionado, ni acusado… pero la saeta divina ya había salido de Manos del eterno Arquero y avanzaba hacia el corazón humano…

Cristo avanza, entre barcas y barcarolas, redes y canastos, montañas de sal, jóvenes y ancianos, risas y arengas. Pasa por entre medio, sin zigzagueos, como si lo atravesara todo. La Luz no sabe doblar… Avanza por el caótico escenario casi sin ser visto. Va derecho hacia sus elegidos. Ha rezado la noche entera por ellos: para que dieran su sí. Un sólo error y abortaría el salvataje de la raza humana. No alcanzaba con el sí de María. Miríadas de ángeles balconean sobre la tarde en Tiberíades, expectantes de los imprescindibles cuatro sí incondicionales…Cuando el misterio es muy impresionante, nadie osa desobedecerlo, se esperanzan los seráficos espectadores. Eran ya casi las cuatro, en sombra de la tarde.

Cristo avanza. Avanza hacia Pedro, hacia Andrés, Santiago y Juan. Conoce el corazón de cada uno. Los ve, de modo ubicuo, reinando en doce cetros a su lado; los ve sembrando sangre en sus martirios; los ve anunciar, muy lejos de Galilea, al Mesías resucitado. Los ve en este mismo lago, con las sombras inversas, uno gritando ¡es el Señor!; otro empapado a sus pies confesando su amor… Como los ve en Getsemaní, en el Lavatorio, o mirándolo con cara de desorientados…

Jesús sabe perfectamente lo que está por comenzar, el Rubicón a punto de cruzar, y en ese clima es que avanza hacia la barca de Simón Bar-Jonás, para bajar la batuta y dar comienzo a la música que salvaría al Mundo.

Esos pocos metros, caminando a orillas del lago, eran también el último adiós de sus entrañables años de vida oculta. Y por eso también esa caminata sabe a despedida. El olor a tomillo le recuerda la cocina de su Madre, como la abundante madera de las embarcaciones lo remontan a la carpintería, y a su padre adoptivo explicándole cómo empuñar la garlopa.

Los ángeles siguen allí, arqueados, con el “di que sí” palpitando en sus plegarias… El Señor sabe que no debe detenerse. Las didascalias del divino Dramaturgo son precisas: “llega, mira, dice y sigue, sin detenerse”. La conjugación de mirada, gesto, parlamento y andadura es una obra de encaje.

Y llega el momento

Hay un cambio repentino en el aire: se levanta viento del lago y como un soplo se exhala sobre el divino Rostro. Andrés está ya a la vista. Ignora por completo el acontecimiento inminente que cambiaría no sólo su vida sino la de la Humanidad toda. Pelea afanosamente con unas algas que se han enredado en la red.

Tan volcado está en la tarea que el que parece enredado es él mismo… El viento o vaya a saber qué lo hacen levantar la vista y ver que está siendo visto por el Hombre del muelle. Un extrañísimo silencio lo envuelve repentinamente todo: ni un solo graznido de gaviota, ni el golpeteo del agua contra las barcas, ni un solo sonido del gentío gritón… Estremece la tensión. Y entonces sí, cae la batuta sobre el compás inicial que da comienzo al cristianismo: Tú, Andrés y tú, Simón, vengan y síganme".

Diego de Jesús

martes, 27 de junio de 2017

CONSEJOS DE CÓMO GOBERNAR, DADOS POR DON QUIJOTE A SANCHO PANZA

Increíble validez de las enseñanzas de Cervantes para el arte de gobernar




Lectura parcial de textos del Quijote por Josep Maria Pou. Capítulo XLII de la segunda parte. De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula.

Decálogo de Don Quijote a Sancho

“Sancho: hijo, atento a este tu Catón, que quiere aconsejarte, y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto de este mar proceloso donde vas a engolfarte; que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.

1. “Primeramente, has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada.

2. “Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey.

3. “Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores, y preciate más de ser humilde virtuoso, que pecador soberbio. Innumerables son aquéllos que de baja estirpe nacidos han subido a la suma dignidad; y de esta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran.

4. “Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para que tener envidia a príncipes y señores; porque la sangre se hereda, pero la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.

5. “Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.

6. “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún enemigo tuyo, aparta las mientes de su injuria, y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más de las veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito y aún de tu hacienda.

7. “Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.

8. “Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.

9. “Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y, en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque, aunque los tributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia.

10. “Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible; casarás tus hijos como quisieres; títulos tendrán ellos y tus nietos; vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y, en los últimos pasos de la vida, te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos.

“Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma”.

Temas relacionados, haz clic aquí: Don Quijote

lunes, 14 de mayo de 2012

INVITACIÓN A LA LECTURA por Alfonso Junco

Un mal libro, puede llevarte a la ruina. Hay que saber elegir las lecturas.

Hay lecturas excelentes...

Suele la gente de letras tomar a punto de honra el darse por enterada y al cabo de la calle de cuanto libro suena. Modesta -aunque inmodesta- puerilidad. Porque quisiera uno leerlo todo. Pero...diluvios de libros han llovido en los siglos precedentes; llueven hoy cada día, literalmente cada día, diluvios de libros. No hay manera. Ni las 24 horas alcanzarían. Es forzoso escoger. Y todo el que escoge, se limita; deja necesariamente una cosa para poder tomar otra. Mas la elección, que es limitación ineludible, es también plenitud si en lo elegido acertamos y en ello nutrimos lo mejor del alma.

Es fuerza elegir. Desde luego, por leguas; por imperio de nuestro ambiente y circunstancia; por asuntos, según la vocación, la necesidad, la profesión, el gusto.

Aun dentro de una zona circunscrita y única -digamos la historia, digamos las letras-, el océano de libros imposibilita su absorción no ya total, ni siquiera mayoritaria.

¿Habremos de recurrir a la especialización? Con cierta medida. Porque la especialización se subdivide y ramifica sucesivamente hasta lo indefinido. Y eso indefinido se ha definido diciendo que el especialista es un señor que "sabe cada día más de cada día menos". Lo cual puede estar bien, pero con la precisa condición de que la especialidad no nos impida aquel mínimo de cultura general imprescindible para ejercer nuestra profesión capital e irrenunciable de hombres.

¿Qué hacer? No hay otro camino que elegir por la calidad. Optar, no por la "inmensa mayoría", sino por la "inmensa minoría". Entregarnos a la lectura de los libros esenciales en que está dicho todo, como resolvía en su desengañada madurez Amado Nervo.

Mas, ¿Cómo acertar con tales libros?

Para el pasado, hay el voto de los siglos, el plebiscito de la crítica universal. Y aunque nuestra impresión personal difiera de la generalizada, o se matice -como es justo y necesario- de nuestras peculiares aprehensiones y preferencias, nunca perderemos el tiempo y siempre enriqueceremos el espíritu departiendo con Aristóteles, San Agustín, con Shakespeare o Cervantes o de Maistre. Lo cual no impide, por supuesto, la delicia de hacer nuestras propias excursiones descubridoras y trabar amistad particular con otras almas afines y otros "dioses menores" acaso incógnitos.

...y hay libros que por superficiales, engañosos o nocivos, hay
que desechar. Un buen libro nutre el alma y el intelecto. Un mal
libro ha llegado hasta el grado de ser la ruina de muchos.
Y ¿para los libros recientes o que ahora mismo salen? Porque nos incumbe enterarnos, vivir nuestro día, desechar el prejuicio de que sólo con pátina de centurias valen las obras, recordar que lo que hoy es venerable y venerado fue ayer novísimo y reñidísimo, saber y sentir que ni el mérito es siervo de la cronología ni el espíritu humano está en finiquito.

Aun para los contemporáneos, el rumor de la crítica, el juicio de los sabedores, puede orientar nuestra curiosidad; y si ella es madrugadora y nos place ejercerla a riesgo propio y mantenerla alerta a lo que surge de mentes amigas o de mentes adversas, siempre será hacedero, sin excesivo despilfarro de tiempo, catar lo indispensable para optar. Pocas páginas bastan para saber si "hay madera": personalidad, irradiación, pensamiento, estilo. Y para resolver si prescindimos, si ojeamos al sesgo, si nos adentramos de verdad.

Hay que elegir con rigor. Porque, aun así, la vida no nos alcanzará para gozar todo lo inmortal que han trazado los mortales. Y, ya bien elegido el manjar, tomarlo sin groseras voracidades: con fino paladeo. Sólo merece leerse lo que merece releerse. Y más nutre un buen libro bien asimilado que diez a medio digerir. Que la lectura no es carrera, sino maduración de hombres.

A.J.

-Muchos no comerían un alimento descompuesto ni beberían agua contaminada, pero sin cuidado alguno hacen algo peor: alimentan su alma y su intelecto con inmundicias y errores que se exponen en un mal libro-
__________________________________________________________________________________

domingo, 29 de abril de 2012

INVITACIÓN A LA FELICIDAD por Alfonso Junco



Todos la buscamos; pocos la asimos. Hay un recio contraste entre lo universal de la persecución y lo excepcional de la conquista. Viva advertencia de que buscamos por donde no es.

Buscamos, a menudo, por el camino del dinero. Y el dinero puede contribuir, en cierta dosis, a la felicidad; pero no la constituye.

Cosa íntima, incoercible, inmaterial, que no puede comprarse ni venderse, la felicidad es asunto del alma. Y las felicidades más profundas -las del amor auténtico, las de la paternidad, las del goce estético, las del magnánimo sacrificio- son gratuitas e irreducibles a moneda.

No me cuesta nada este crepúsculo fastuoso, ni este embrujo musical, ni este decir sabroso de Cervantes, ni este beso de mi hija, ni este árbol que ennoblece la dulzura de la tarde, ni esta página de Chesterton, ni esta delicadeza de mi mujer, ni este verso que me está hechizando el alma, ni esta fruición inexpresable de la comunión con Dios. Todo lo más alto, lo más fino, lo más hondo, no puede adquirirse por dinero: gratuitamente se goza.

Fuente: Alfonso Junco. Del "Libro de la invitación". Cap. 2.
__________________________________________________________________________________

sábado, 21 de abril de 2012

"NUNCA FUERA CABALLERO DE DAMAS TAN BIEN SERVIDO..."

EL HONOR QUE REDIME
"...su castidad se proyecta.."


Más al caer de este primer día de su carrera de gloria, Don Quijote “vió no lejos del camino por donde iba, una venta”, llegando a ella “a tiempo que anochecía”. Y las primeras personas con que topó en el mundo fueron “dos mujeres mozas, destas que llaman del partido”; encuentro con dos pobres rameras fue su primer encuentro en su ministerio heroico. Mas a él le parecieron “dos hermosas doncellas o dos graciosas damas, que delante de la puerta del castillo” –pues por tal tuvo a la venta– “se estaban solazando”. ¡Oh poder redentor de la locura! A los ojos del héroe las mozas del partido aparecieron como hermosas doncellas; su castidad se proyecta a ellas y las castiga y depura. La limpieza de Dulcinea las cubre y limpia a los ojos de Don Quijote. Y en esto un porquero tocó un cuerno para recoger sus puercos, y lo tomó Don Quijote por señal de algún enano, y se llegó a la venta y a las trasfiguradas mozas. Llenas éstas de miedo -¿y qué sino miedo ha de criar en ellas su desventurado oficio?– se iban a entrar en la venta, cuando el Caballero, alzada la visera de papelón y descubierto el seco y polvoroso rostro, les habló “con gentil talante y voz reposada” llamándolas doncellas. ¡Doncellas! ¡Santa limosna de la palabra! Pero ellas, al oírse llamar cosa “tan fuera de su profesión, no pudieron tener la risa, y fue de manera que Don Quijote vino a correrse”. He aquí la primera aventura del hidalgo, cuando responde la risa a su cándida inocencia, cuando al verter sobre el mundo su corazón la pureza de que estaba henchido, recibe de rechazo la risa, matadora de todo generoso anhelo. Y ved que las desgracias se ríen precisamente del mayor honor que pudiera hacérseles. Y él, corrido, les reprendió su sandez, y arreciaron a reír de ellas, y él a enojarse, y salió el ventero, “hombre que por ser muy gordo era muy pacífico”, y le ofreció posada. Y ante la humildad del ventero humillóse Don Quijote y se apeó. Y las mozas, reconciliadas con él, pusiéronse a desarmarle. Dos mozas del partido hechas por Don Quijote doncellas, ¡oh poder de su locura redentora!, fueron las primeras en servirle con desinteresado cariño.

"Nunca fuera caballero
de damas tan bien servido..."

Recordad a María Magdalena lavando y ungiendo los pies del Señor y enjugándoselos con su cabellera acariciada tantas veces en el pecado; a aquella gloriosa Magdalena de que tan devota era Teresa de Jesús, según ella misma nos lo cuenta en el capítulo IX de su VIDA, y a la que se encomendaba para que le alcanzase el perdón. El Caballero manifestó sus deseos de cumplir hazañas en servicio de aquellas pobres mozas, que aún aguardan el Don Quijote que enderece su entuerto. “Pero tiempo vendrá –les dijo– en que las vuestras señorías me manden y yo obedezca.” Y las mozas, que “no estaban hechas a oír semejantes retóricas” y sí soeces groserías, “no respondían palabra”; sólo le preguntaron “si quería comer alguna cosa”. Cesó la risa; sintiéronse mujeres las “doncellas mozas del partido”, y le preguntaron si quería comer. “Si quería comer…” Hay todo un misterio de la más sencilla ternura en este rasgo que Cervantes nos ha transmitido. Las pobres mozas comprendieron al Caballero calando hasta el fondo su niñez de espíritu, su inocencia heroica, y le preguntaron si quería comer. Fueron dos pobres pecadoras de por fuerza las primeras que se cuidaron de mantener la vida del heroico loco. Las adoncelladas mozas, al ver a tan extraño Caballero, debieron de sentirse conmovidas en lo más hondo de sus injuriadas entrañas, en sus entrañas de maternidad, y al sentirse madres, viendo en Don Quijote al niño, como las madres a sus hijos le preguntaron maternalmente si quería comer. Toda caridad de mujer, todo beneficio, toda limosna que rinde, lo hacen por sentirse madres. Con alma de madres preguntaron las mozas del partido a Don Quijote si quería comer. Ved, pues, si las adoncelló con su locura, pues que toda mujer, cuando se siente madre, se adoncella.

Miguel de Unamuno, Vida de Don Quijote y Sancho.

 _____________________________________________________________________________________

lunes, 25 de julio de 2011

LA OBRA LITERARIA DE GILBERT K. CHESTERTON



(Gilbert Keith Chesterton; Campden Hill, 1874 - Londres, 1936) Crítico, novelista y poeta inglés, cuya obra de ficción lo califica entre los narradores más brillantes e ingeniosos de la literatura de su lengua. El padre de Chesterton era un agente inmobiliario que envió a su hijo a la prestigiosa St. Paul School y luego a la Slade School of Art; poco después de graduarse se dedicó por completo al periodismo y llegó incluso a editar su propio semanario, G.Ks Weekly.

Desde joven se sintió atraído por el catolicismo, como su amigo el poeta Hilaire Belloc, y en 1922 abandonó el protestantismo en una ceremonia oficiada por su amigo el padre O´Connor, modelo de su detective Brown, un cura católico inventado años antes.

Además de poesía (El caballero salvaje, 1900) y excelentes y agudos estudios literarios (Robert Browning, Dickens o Bernard Shaw, entre 1903 y 1909) este conservador estetizante, similar al mismo Belloc o al gran novelista F. M. Ford, se dedicó a la narrativa detectivesca, con El hombre que fue Jueves, una de sus obras maestras, aparecida en 1908.

A partir de 1911 empezaron las series del padre Brown, inauguradas por El candor del padre Brown, novelas protagonizadas por ese brillante sacerdote-detective que, muy tempranamente traducidas al castellano por A. Reyes, consolidaron su fama. De hecho, Chesterton inventó, como lo haría un poco más tarde T. S. Eliot o E. Waugh, una suerte de nostalgia católica anglosajona que celebraba la jocundia medieval y la vida feudal, por ejemplo, en Chaucer (a quien dedicó un ensayo) mientras que abominaba de la Reforma protestante y, sobre todo, del puritanismo.

Maestro de la ironía y del juego de la paradoja lógica como motor de la narración, polígrafo, excéntrico, orfebre de sentencias de deslumbrante precisión, en su abundantísima obra (más de cien volúmenes) aparecen todos los géneros de la prosa, incluido el tratado de teología divulgativo y de gran poder de persuasión.

Los ya citados relatos del padre Brown siguen la línea de A. C. Doyle, mientras que los dedicados a un investigador sedente, el gordo y plácido Mr. Pond (literalmente "estanque"), inauguraron la tradición de detectives que especulan sobre la conducta humana a través de fuentes indirectas, desde Nero Wolf hasta Bustos Domecq, el policía encarcelado que forjaron A. Bioy Casares y J.L. Borges, dos de los lectores más devotos que Chesterton ha tenido en el siglo XX.
____________________________________________________________________________