Mostrando entradas con la etiqueta Infierno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Infierno. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de agosto de 2026

NO PODEMOS DUDAR DE LO QUE CRISTO REVELÓ


"El infierno existe, señores. Lo ha dicho Cristo. Poco importa que lo nieguen los incrédulos. A pesar de esa negativa, su existencia es una terrible realidad. Pero es conveniente que avancemos un poco más y tratemos de descubrir lo que hay en él. El catecismo, ese pequeño librito en el que se contiene un resumen maravilloso de la doctrina católica, nos dice que el infierno es “el conjunto de todos los males, sin mezcla de bien alguno”. Maravillosa definición. Pero hay otra forma más profunda todavía: la que nos dejó en el Evangelio Nuestro Señor Jesucristo en persona. Es la misma frase que pronunciará el día del Juicio final: “Apartaos de Mí, malditos, al fuego eterno”. En esta fórmula terrible se contiene un maravilloso resumen de toda la teología del infierno".

P. Royo Marín


lunes, 4 de mayo de 2026

IGNORANCIA VENCIBLE


¡𝐍𝐨 𝐬𝐚𝐛í𝐚𝐬, 𝐝𝐢𝐜𝐞𝐬, 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐞𝐫𝐚 𝐮𝐧 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨! Oh, desafortunado, Jesucristo te dirá que si hubieras nacido entre las naciones paganas, que nunca han oído hablar del Dios verdadero, podrías ofrecer tu ignorancia como excusa, pero 𝐭ú, 𝐜𝐫𝐢𝐬𝐭𝐢𝐚𝐧𝐨, 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐮𝐯𝐢𝐬𝐭𝐞 𝐥𝐚 𝐝𝐢𝐜𝐡𝐚 𝐝𝐞 𝐧𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐬𝐞𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚, 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐭𝐞 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐜𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐥𝐮𝐜𝐞𝐬 𝐲 𝐚 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐬𝐞 𝐭𝐞 𝐡𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐝𝐢𝐜𝐚𝐝𝐨 𝐚𝐜𝐞𝐫𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐭𝐮 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚 𝐬𝐚𝐥𝐯𝐚𝐜𝐢ó𝐧, ¿𝐪𝐮é 𝐡𝐚𝐲 𝐝𝐞 𝐭𝐢?
Oh, desgraciado, si viviste en la ignorancia fue tu culpa, porque no quisiste aprender y hacer uso de las instrucciones. 
Vete, oh, desgraciado, 𝐭𝐮𝐬 𝐞𝐱𝐜𝐮𝐬𝐚𝐬 𝐬ó𝐥𝐨 𝐭𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐧 𝐦á𝐬 𝐦𝐞𝐫𝐞𝐜𝐞𝐝𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐞𝐧𝐚𝐜𝐢ó𝐧.
¡𝐕𝐞𝐭𝐞 𝐚𝐥 𝐢𝐧𝐟𝐢𝐞𝐫𝐧𝐨, 𝐚𝐥𝐥í 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞𝐦𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐞𝐧 𝐭𝐮 𝐢𝐠𝐧𝐨𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚!

San Juan María Vianney.

martes, 24 de marzo de 2026

EL INFIERNO ESPERA A LOS QUE CALLAN PECADOS MORTALES EN LA CONFESIÓNl – Por Monseñor de Segur.



   El sabio arzobispo de Florencia San Antonino refiere en sus escritos un hecho no menos terrible que el anterior (se refiere al terrible caso de Raymond Diocrés, 1084), y que hacia la mitad del siglo XV había asombrado a todo el Norte de Italia. 

   Un joven de buena familia, que a los diez y seis o diez y siete años había tenido la desgracia de callar un pecado mortal en la confesión, y de comulgar en este estado, Habia ido dilatando de semana en semana y de mes en mes la penosa manifestación de sus sacrilegios, continuando, sin embargo, sus frecuentes confesiones y comuniones por un miserable respeto humano. Atormentado de remordimientos, pretendía acallarlos imponiéndose tan grandes penitencias, que le hacían pasar por un Santo.

   Pero como no lo consiguiese así tampoco, se resolvió a entrar en un convento. “Allí al menos, se decía, lo declararé todo y expiaré seriamente mis afrentosos pecados.” Más, por su desdicha, fué recibido como un Santo por los superiores, que ya le conocían de oídas, y con esto la vergüenza que sentía de aclarar sus graves pecados se sobrepuso una vez más. Dilató su confesión sincera para más adelante; redobló sus penitencias, y un año, dos años, tres años fué pasando en tan deplorable estado, sin atreverse jamás a revelar el peso horrible y vergonzoso que le abrumaba.

   Al fin una enfermedad grave vino, al parecer, a facilitarle el medio de descargar su conciencia. “Ahora voy, se dijo, a confesarlo todo de una vez; voy a hacer una confesión general antes de morir.” Pero sobreponiéndose aún entonces el amor propio al arrepentimiento, embrollo de tal manera la confesión de sus faltas, que el confesor no pudo entenderle. Quedóle todavía un vago deseo de volver sobre aquel asunto al día siguiente; pero le sobrevino un acceso de delirio, y desgraciadamente murió así.

   Los frailes, que ignoraban la horrorosa realidad, se decían unos á, otros: “Si éste no está en el cielo, ¿quién de nosotros podrá entrar allá?” Y hacían tocar a las manos del cadáver cruces, rosarios y medallas.

   El cuerpo fué llevado con cierta especie de veneración a la iglesia del monasterio, y quedó expuesto en el coro hasta la mañana del día siguiente, en que debían celebrarse sus funerales.

   Algunos momentos antes de la hora señalada para el entierro, uno de los frailes, encargado de tocar la campana, se encontró de repente cerca del altar con el difunto, rodeado de cadenas que parecían enrojecidas por el fuego, y mostrando en toda su persona ciertas señales de incandescencia.

   El pobre fraile, lleno de espanto, cayó de rodillas, fijos los ojos en la aterradora aparición; y entonces el réprobo le dijo: “No reguéis por mí: estoy en el infierno por toda la eternidad.” Y enseguida le contó la triste historia de su malhadada vergüenza y de sus sacrilegios, después de lo cual desapareció, dejando en la iglesia un olor infecto, como para atestiguar la verdad de todo lo que el fraile acababa de ver y de escuchar.

   Enterados del caso los superiores, hicieron llevar de allí el cadáver, juzgándole indigno de sepultura eclesiástica.

Por MONSEÑOR DE SEGUR.

sábado, 17 de enero de 2026

QUIEN AMA EL PELIGRO, ES MUY PROBABLE QUE EN ÉL PEREZCA


 
Quien vive en pecado mortal es muy fácil que se condene por tres razones:

1) Porque después es muy posible que le falte la voluntad de confesarse, como le falta ahora.

2) Porque, aun suponiendo que no le falte esta voluntad, es posible que le sorprenda la muerte sin tiempo para confesarse.

3) Finalmente, quien descuida la confesión, y va amontonando pecados y pecados, cada vez encontrará más dificultades para romper. Un hilo se rompe mucho mejor que una maroma.

Para arrepentirse sería entonces necesario un golpe de gracia prodigioso; y esta gracia sobreabundante Dios no suele concederla a quien se obstina en el mal.

Jesucristo se lo advierte así a los que quieren jugar con Dios:
«Me buscaréis y no me encontraréis, y moriréis en vuestro pecado» (San Juan 8,21).

- P. Jorge Loring S.I.

sábado, 31 de mayo de 2025

ACUSO AL INFIERNO



Seguramente muchos habrán escuchado la famosa frase que se atribuye al poeta Charles Pierre Baudelaire, esa de: "el gran engaño del demonio es hacer creer que no existe". Si a eso le agregamos que es de lo más común oír “no estés viendo al demonio en todos lados”, y también que es de lo más común desear cada vez más y en grandes dosis el confort, el conformismo, resulta que el hombre vive en una indiferencia gravísima y asaz dañina sobre la realidad del infierno.

Quien haya inventado el “no estés viendo el demonio en todos lados”, dudo mucho que haya tenido argumentos sólidos para sostener su afirmación. San Pedro enseñó algo diametralmente opuesto y nos exhortó: “Sed sobrios, y vigilad, porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”. Allá, en el infierno, no se duerme. Hasta la consumación de los tiempos los demonios merodean por este mundo, intentando, sin descanso, ganar personas para llevarlas al infierno donde será el llanto y el rechinar de dientes. Las tentaciones diarias nos dan cuenta de la existencia de los seres angélicos caídos: están ahí, nos tientan, nos molestan, nos sugieren malas cosas, buscan perdernos. San Pablo en su carta a los de Éfeso habló de las potestades malignas que se mueven en los aires, y nos indicó que tenemos una lucha diaria y constante contra ellos: “la lucha no es contra sangre y carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los poderes mundanos de estas tinieblas, contra los espíritus de la maldad en lo celestial”; mi lucha es pelear para que los demonios no me hundan. Si bien se aprecia, a su vez la potestad angélica del mal se sirve de lo mundano que está en las tinieblas. El mundo de hoy, no temo decirlo, se ha transformado como jamás se dio, en una feria gratuita de pecados, al por mayor y de variadísima gama, que se nos ofrecen con el visto bueno de la aprobación social conformista. La caída es tan fácil, la lucha tan ardua. 

Principalmente los demonios acechan y tientan sin cuartel a las almas religiosas y a las almas que hacen defensa pública de la fe: contra ellas lanzan finísimos ataques y elaboran complejas estrategias para lograr las caídas. Cualquier general busca con los suyos abatir si pudieran a los más bravíos hombres de las tropas que tiene por enemigas; y si eso hace en buena lógica un general humano, ¿qué no hará el Príncipe de este mundo contra las almas que quieren vivir amigas de Dios y defendiendo la fe?

Andan como “león rugiente”. No es que uno los vea en todos lados, es que por más que alguien no quiera verlos ellos seguirán manifestándose por doquier. La indiferencia no los ahuyenta, les da más campo de acción. El alma dada a la oración y a la vigilancia sí puede mantener a raya a los espíritus malignos, a distancia si se quiere, pero ellos no dejan de intentar sus invasiones. Recordemos la anécdota del monje que se fue de compras a una ciudad: a cierta distancia de esta última, tuvo una visión en la que vio cantidad de demonios dormidos sobre ella; mas al regresar al monasterio, volvió a tener visión y vio cómo cantidad de demonios buscaban la caída de los monjes. Descansaban en la ciudad revelando así que ya tenían liquidadas aquellas almas, que habían de alguna manera alcanzado su objetivo, mas combatían en el monasterio mostrando la rabia contra los varones amigos de Dios. 

Y ante la caída buscar levantarse. Acudir siempre a la Santísima Virgen María y a San José. San Juan Clímaco predicaba: “Que tengan ánimo los que soportaron la humillación de estar sometidos a las pasiones. Incluso si caen en todos los precipicios, si se dejan capturar en todas las trampas o si son alcanzados por todas las enfermedades, cuando recobra la salud, llegan a ser médicos, faros, lámparas y pilotos para todos, enseñando los síntomas de cada enfermedad; su propia experiencia los vuelve capaces de impedir a los otros que caigan”. Y cómo no memorar aquellas tan alentadoras palabras del Doctor Melifluo, San Bernardo, de las que solo cito algunas: “Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la Estrella, llama a María. Si eres agitado por las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la Estrella, llama a María. Si la ira, o la avaricia, o la impureza impelen violentamente la navecilla de tu alma, mira a María. Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a la vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima del suelo de la tristeza, en los abismos de la desesperación, piensa en María.” 

Hay algo sutilmente muy fino que ha logrado Satán además de hacer creer a los hombres que él no existe. Y ese logro es este: “Que ha hecho creer que, en el diario vivir, no hay ninguna lucha espiritual que librar en orden a la salvación eterna”.  El hombre gasta todos sus esfuerzos en obtener una vida cómoda, en el máximo confort. Desprecia la cruz. Preguntando a las personas cuáles son los tres enemigos contra los que debemos luchar, miran raro, como diciendo: “¿de qué me estás hablando?” Uno respondió: “Inglaterra, los políticos corruptos…”. Pocos saben que esos tres enemigos que bregan para nuestra perdición eterna son “el demonio, el mundo y la carne”.  En resumidas cuentas, “un gran engaño del demonio es haber logrado la indiferencia del hombre moderno en la lucha por ganar la vida eterna.”

Autor: Tomás I. González Pondal

martes, 16 de enero de 2024

EL INFIERNO EXISTE Y NO ESTÁ VACÍO


 

De nada valen los "me gusta pensar que..." y los "ojalá sea realidad" mi propio pensamiento contra la Verdad enseñada en las Sagradas Escrituras.

Cristo menciona dieciocho veces la realidad y la existencia del Infierno y que no está vacío, pues señala que ahí será el llanto y crujir de dientes, y que en el Juicio Final dirá a los réprobos: "Id malditos al fuego eterno".

La Santísima Virgen en Fátima mostró a los pastorcillos una visión del Infierno y la gran cantidad de almas que ahí están por su conducta rebelde contra Dios durante su vida.

Los pensamientos personales que contravienen la Enseñanza bíblica no tienen ningún valor, así sean de quien debería ser custodio de esa Enseñanza y tiene el deber de mantener firmemente el depósito de la fe.

Todo esto es tan absurdo como si alguien manifiestara que le gusta pensar que existen los círculos cuadrados y desea que sean realidades éstos, o que Dios crea algo que no tiene sentido y se mantiene vacío contrariamente a lo que Él mismo manifiesta en su propia Enseñanza.


jueves, 9 de febrero de 2023

ENGAÑOS DEL PECADOR


"El demonio lleva los pecadores al infierno, no con los ojos abiertos, sino cerrados: primeramente los ciega, y después los lleva a penar enteramente en su compañía. (...) «Haz este pecado que después te confesarás». Este es el engaño con que el demonio ha llevado al infierno millares de cristianos. Porque es difícil hallar un cristiano que haga propósito de condenarse. Todos cuantos pecan, pecan con la esperanza de confesarse; y por eso se han condenado después tantos. «Pero Dios es misericordioso». Aquí tenéis otro engaño con que el demonio alienta a los hombres al pecado y a perseverar en él. Dice un autor, que más almas conduce al Infierno la falsa esperanza en la misericordia de Dios, que la justicia divina. Y así sucede, efectivamente, porque confiando ciegamente muchos en la misericordia de Dios, siguen en la senda del pecado, y se condenan miserablemente. «Dios, dicen, es misericordioso». Lo es en verdad: nadie lo niega. Sin embargo, ¿cuántos envía al Infierno cada día? Es misericordioso con los pecadores, pero solamente con aquellos que se arrepienten de haberle ofendido, y temen volverle a ofender. Más con aquellos que abusan de su misericordia para más ofenderle, es justo." 

(San Alfonso María de Ligorio, "Sermones abeviados para todas la Dominicas del Año").

miércoles, 1 de febrero de 2023

LOS CONDENADOS VAN AL INFIERNO POR SU PROPIA VOLUNTAD


 Por una blasfemia, por un mal pensamiento, por una botella de vino, por dos minutos de placer.. iPor dos minutos de placer perder a Dios, tu alma, el cielo... para siempre! Hijos míos, si veis a un hombre levantar una gran hoguera, apilar la leña, y le preguntáis qué es lo que hace, os responderá: Preparo el fuego que debe quemarme. ¿Qué pensaríais si vierais a este mismo hombre aproximarse a la llama de la hoguera y, cuando está encendida, echarse dentro? ¿qué diríais? Al pecar, eso es lo que nosotros hacemos. No es Dios quien nos echa al infierno, somos nosotros por nuestros pecados. El condenado dirá: ¡He perdido a Dios, mi alma y el cielo: y es por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa!... Ora, medita, frecuenta diariamente los Sacramentos, ten buenas compañías que no te pierdan, huye de las ocasiones de pecar, mortifícate, lee libros espirituales.. Lleva una vida santa a los ojos de Dios.

De las homilías del Santo Cura de Ars

martes, 16 de agosto de 2022

"ID AL FUEGO ETERNO"


"El infierno existe, señores. Lo ha dicho Cristo. Poco importa que lo nieguen los incrédulos. A pesar de esa negativa, su existencia es una terrible realidad. Pero es conveniente que avancemos un poco más y tratemos de descubrir lo que hay en él. El catecismo, ese pequeño librito en el que se contiene un resumen maravilloso de la doctrina católica, nos dice que el infierno es “el conjunto de todos los males, sin mezcla de bien alguno”. Maravillosa definición. Pero hay otra forma más profunda todavía: la que nos dejó en el Evangelio Nuestro Señor Jesucristo en persona. Es la misma frase que pronunciará el día del Juicio final: “Apartaos de Mí, malditos, id al fuego eterno”. En esta fórmula terrible se contiene un maravilloso resumen de toda la teología del infierno".

P. Royo Marín


sábado, 12 de marzo de 2022

¿POR QUÉ LOS PASTORES NO INSISTEN Y ADVIERTEN CONSTANTEMENTE DE ESTE GRAVÍSIMO PELIGRO? LOS MODERNISTAS SON CANES MUDOS, MUCHOS SIN FE


"Yo me digo muchas veces: Es de fe que hay cielo para los buenos e infierno para los malos; es de fe que las penas del infierno son eternas; es de fe que basta un solo pecado mortal para hacer condenar a una alma, por razón de la malicia infinita que tiene el pecado mortal, por haber ofendido a un Dios infinito. Sentados esos principios certísimos, al ver la facilidad con que se peca, con la misma con que se bebe un vaso de agua, como por risa o por diversión; al ver la multitud que están continuamente en pecado mortal, y que van así caminando a la muerte y al infierno, no puedo tener reposo, tengo que correr y gritar, y me digo:

 Si yo viera que uno se cae en un pozo, en una hoguera, seguro que correría y gritaría para avisarle y preservarle de caer; ¿por qué no haré otro tanto para preservar de caer en el pozo y en la hoguera del infierno? 

 Ni sé comprender cómo los otros sacerdotes que creen estas mismas verdades que yo creo, y todos debemos creer, no predican ni exhortan para preservar a las gentes de caer en los infiernos.

 Y aun admiro cómo los seglares, hombres y mujeres que tienen fe, no gritan, y me digo: Si ahora se pegara fuego en una casa y, por ser de noche, los habitantes de la misma casa y los demás de la población están dormidos y no ven el peligro, el primero que lo advirtiese, ¿no gritaría, no correría por las calles gritando: ¡fuego, fuego! en tal casa? Pues ¿por qué no han de gritar fuego del infierno para despertar a tantos que están aletargados en el sueño del pecado, que cuando se despertarán se hallarán ardiendo en las llamas del fuego eterno?". 

 SAN ANTONIO MARÍA CLARET

sábado, 14 de agosto de 2021

LA INCREDULIDAD NO DETERMINA, EL INFIERNO EXISTE AUNQUE EL NECIO NO CREA EN ÉL


"El infierno existe, señores. Lo ha dicho Cristo. Poco importa que lo nieguen los incrédulos. A pesar de esa negativa, su existencia es una terrible realidad. Pero es conveniente que avancemos un poco más y tratemos de descubrir lo que hay en él. El catecismo, ese pequeño librito en el que se contiene un resumen maravilloso de la doctrina católica, nos dice que el infierno es “el conjunto de todos los males, sin mezcla de bien alguno”. Maravillosa definición. Pero hay otra forma más profunda todavía: la que nos dejó en el Evangelio Nuestro Señor Jesucristo en persona. Es la misma frase que pronunciará el día del Juicio final: “Apartaos de Mí, malditos, al fuego eterno”. En esta fórmula terrible se contiene un maravilloso resumen de toda la teología del infierno". 

 P. Antonio Royo Marín