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martes, 21 de marzo de 2023

CANES MUDOS, LES LLAMA LA ESCRITURA


“La Iglesia se muere porque sus pastores tienen miedo de hablar con toda verdad y claridad. ¡Tenemos miedo de los medios de comunicación, miedo de la opinión pública, miedo de nuestros propios hermanos! El Buen Pastor da su vida por sus ovejas”.

Roberto Cardenal Sarah.

lunes, 5 de marzo de 2018

"¿POR QUÉ NOS OBSTINAMOS EN COMULGAR DE PIE Y EN LA MANO?": CARDENAL SARAH

  • "Son ultrajes también las Comuniones sacrílegas, recibidas no estando en gracia de Dios o no profesando la fe católica (me refiero a ciertas formas de la llamada ‘intercomunión’)", señaló el purpurado.


La Nuova Bussola Quotidiana ha publicado algunos pasajes del prólogo al libro de don Federico Bortoli, ‘La distribución de la comunión en la mano. Perfiles históricos, jurídicos y pastorales’, escrito por el Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Robert Sarah:

La Providencia, que dispone con sabiduría y suavidad todas las cosas, nos ofrece la lectura del libro La distribuzione della Comunione sulla mano (La distribución de la Comunión en la mano) de don Federico Bortoli, precisamente después de haber celebrado el centenario de las apariciones de Fátima. Antes de la aparición de la Virgen María, en la primavera de 1916, el Ángel de la Paz apareció a Lucía, Jacinta y Francisco, y les dijo: «No tengáis miedo, soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo». […] En la primavera de 1916, en la tercera aparición del Ángel, los niños se dieron cuenta que el Ángel, siempre el mismo, tenía en su mano izquierda el cáliz, en el que estaba suspendida una hostia. […] Dio la Santa Hostia a Lucía y la Sangre del cáliz a Jacinta y Francisco, que permanecieron de rodillas, mientras decía: «Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios». El Ángel se postró nuevamente en tierra repitiendo con Lucía, Jacinta y Francisco de nuevo, tres veces, la misma oración.

El Ángel de la Paz, por lo tanto, nos indica cómo debemos comulgar el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. La oración de reparación dictada por el Ángel, sin embargo, no es para nada obsoleta. Pero, ¿cuáles son los ultrajes que Jesús recibe en la Hostia Santa, que es necesario reparar? En primer lugar, son los ultrajes contra el propio Sacramento: las horribles profanaciones de las que han dado noticia algunos exsatanistas conversos, cuya descripción es espeluznante; ultrajes son también las Comuniones sacrílegas, recibidas no estando en gracia de Dios o no profesando la fe católica (me refiero a ciertas formas de la llamada ‘intercomunión’). En segundo lugar, constituye un ultraje a Nuestro Señor todo lo que podría impedir lo provechoso del Sacramento, sobre todo los errores sembrados en las mentes de los fieles para que ya no crean en la Eucaristía. Las terribles profanaciones que se desarrollan en las llamadas «misas negras» no hieren directamente a Aquél que es ultrajado en la Hostia, terminando sólo sobre los accidentes del pan y del vino.

Ciertamente, Jesús sufre por las almas de los profanadores, por los cuales ha derramado esa Sangre que ellos, de forma tan miserable y cruel, desprecian. Pero Jesús sufre más cuando el extraordinario don de su Presencia eucarística divino-humana no puede conseguir los efectos potenciales en las almas de los creyentes. Entonces se comprende cómo el ataque diabólico más insidioso consiste en intentar apagar la fe en la Eucaristía, sembrando errores y favoreciendo un modo no conveniente de recibirla; verdaderamente, la guerra entre Miguel y sus Ángeles por una parte, y Lucifer por la otra, sigue en el corazón de los fieles: el objetivo de Satanás es el Sacrificio de la Misa y la Presencia de Jesús en la Hostia consagrada. Este intento de robo sigue a su vez dos vías: la primera es la reducción del concepto de «presencia real». Muchos teólogos no cesan de escarnecer o desdeñar –a pesar de los continuos llamamientos del Magisterio– el término «transubstanciación». […]

Veamos ahora cómo la fe en la presencia real puede influir sobre el modo de recibir la Comunión, y viceversa. Recibir la Comunión en la mano implica, sin duda alguna, una gran dispersión de fragmentos; al contrario, la atención a las más pequeñas migas, el cuidado en purificar los vasos sagrados, no tocar la Hostia con las manos sudadas, se convierten en profesiones de fe en la presencia real de Jesús, también en las partes más pequeñas de las especies consagradas: si Jesús es la sustancia del Pan Eucarístico y si las dimensiones de los fragmentos son accidentes sólo del pan, ¡poco importa cuán grande o pequeño sea un trozo de Hostia! ¡La sustancia es la misma! ¡Es Él! Al contrario, la desatención a los fragmentos hace perder de vista el dogma: lentamente podría prevalecer el pensamiento: «Si tampoco el párroco presta atención a los fragmentos, si administra la Comunión de modo que los fragmentos puedan dispersarse, entonces quiere decir que en ellos no está Jesús, o bien está hasta un cierto punto».



El segundo punto sobre el que se desarrolla el ataque contra la Eucaristía es el intento de eliminar el sentido de lo sagrado del corazón de los fieles. […] Mientras el término «transubstanciación» nos indica la realidad de la presencia, el sentido de lo sagrado nos hace entrever su absoluta peculiaridad y santidad. ¡Qué desgracia sería perder el sentido de lo sagrado precisamente en lo que es más sagrado! ¿Cómo es posible? Recibiendo el alimento especial del mismo modo que recibimos el alimento ordinario. […]

La liturgia está hecha de muchos pequeños ritos y gestos, cada uno de los cuales es capaz de expresar estas actitudes cargadas de amor, de respeto filial y de adoración hacia Dios. Precisamente por esto es oportuno promover la belleza, la propiedad y el valor pastoral de una práctica desarrollada durante la larga vida y tradición de la Iglesia, es decir, el acto de recibir la Santa Comunión en la lengua y de rodillas. La grandeza y la nobleza del hombre, como también la más alta expresión de su amor hacia su Creador, consisten en ponerse de rodillas ante Dios. El propio Jesús rezó de rodillas en presencia del Padre. […]

¿Por qué somos tan orgullosos e insensibles a los signos que Dios nos ofrece para nuestro crecimiento espiritual y nuestra íntima relación con Él? ¿Por qué no nos arrodillamos para recibir la Santa Comunión siguiendo el ejemplo de los santos? ¿Es verdaderamente tan humillante postrarse y estar de rodillas ante el Señor Jesucristo? Y, sin embargo, Él «siendo de condición divina, […] se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Fil 2, 6-8). […]

¿Por qué nos obstinamos en comulgar de pie y en la mano? ¿Por qué esta actitud de falta de sumisión a los signos de Dios? Que ningún sacerdote pretenda imponer la propia voluntad sobre esta cuestión, rechazando o maltratando a quienes desean recibir la Comunión de rodillas y en la lengua: vayamos como niños y recibamos humildemente de rodillas y sobre la lengua el Cuerpo de Cristo. Los santos nos dan su ejemplo. ¡Son los modelos que Dios nos ofrece para que los imitemos!

Pero, ¿cómo se ha convertido en algo tan común la praxis de recibir la Eucaristía en la mano? La respuesta nos la da, apoyada por una documentación hasta ahora inédita, extraordinaria por calidad y cantidad, don Bortoli. Se ha tratado de un proceso para nada claro, una transición de lo que concedía la instrucción Memoriale Domini al modo ahora tan difundido. […] Por desgracia, como en lo que atañe a la lengua latina o a una reforma litúrgica que debería haber sido homogénea con los ritos precedentes, una concesión particular se ha convertido en la ganzúa para forzar y vaciar la caja fuerte de los tesoros litúrgicos de la Iglesia. El Señor conduce al justo por «vías rectas» (cfr. Sab 10, 10), no por subterfugios; por lo tanto, además de las motivaciones ideológicas indicadas más arriba, también el modo con el que se difundió la praxis de la Comunión en la mano parece haberse impuesto no según los caminos de Dios. […]

En mi opinión y según mi juicio, ésta es una cuestión importante sobre la que la Iglesia de hoy debe reflexionar. Es un ulterior acto de adoración y de amor que cada uno de nosotros puede ofrecer a Jesucristo. Me causa verdadero placer ver a tantos jóvenes que eligen recibir a Nuestro Señor de manera tan reverente de rodillas y en la lengua. Que el trabajo de don Bortoli pueda favorecer un replanteamiento general sobre el modo de distribuir la Santa Comunión; como decía al inicio de este prólogo, acabamos de celebrar el centenario de Fátima y estamos animados por el triunfo seguro del Corazón Inmaculado de María: entonces triunfará también la verdad sobre la liturgia.




(Artículo publicado originalmente por La Nuova Bussola Quotidiana. Traducción de Helena Faccia Serrano para InfoVaticana)

VER TAMBIÉN (MUY RECOMENDABLE): VIDEO ACERCA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO: "JESÚS ESTÁ EN EL SUELO" Y ARGUMENTOS PARA RECHAZAR DEFINITIVAMENTE ESTA PRÁCTICA

jueves, 17 de agosto de 2017

CARDENAL SARAH: "ESTAMOS LLAMADOS HOY A DAR TESTIMONIO, ES DECIR, ¡AL MARTIRIO! COMO NUESTROS HERMANOS VANDEANOS"

Formidable Homilía del Cardenal Robert Sarah


El cardenal africano exalta el heroísmo de la lucha vandeana contra la Revolución anticristiana

Las diócesis de Luçon y Maillezais nacieron el 13 de agosto de 1317. Para festejar este año el 700 aniversario de las mismas han contado con un invitado de excepción: el Cardenal Robert Sarah. En una visita que realizó en 2012 al mismo lugar, el Cardenal –que debe mucho de su vocación y formación a misioneros originarios de la Vendée, región en la que se encuentran estas diócesis- declaraba: “Si soy sacerdote, obispo y cardenal, ¡lo debo a la diócesis de Luçon!”
A modo de interludio entre los dos artículos que ya hemos publicado sobre la guerra de la Vendée (1 y 2) y el que publicaremos próximamente, les ofrecemos hoy la homilía completa que el Cardenal Sarah ofreció en la localidad vandeana de Le Puy du Fou el pasado sábado 12 de agosto de 2017.

Homilía de la misa de víspera del domingo XIX del tiempo ordinario por el Cardenal Robert Sarah:

Hermanos:
Ofrecemos esta noche el sacrificio de la misa por el descanso de todos los benefactores de Puy du Fou[1] fallecidos desde el comienzo de esta bella obra hace cuarenta años.
Por vuestro trabajo, todos los que hoy estáis aquí congregados, despertáis cada tarde la memoria de este lugar. El castillo de Puy du Fou, ruina dolorosa, abandonada por los hombres, se alza como un grito hacia el cielo. Con las entrañas abiertas, recuerda al mundo que, frente al odio por la fe, un pueblo se levantó: ¡El pueblo de la Vendée!
Queridos amigos, dando vida a estas ruinas, cada noche, dais vida a los muertos. Dais vida a todos aquellos vandeanos muertos por su fe, por sus iglesias y por sus sacerdotes.
Vuestra obra se eleva sobre esta tierra como un canto que lleva consigo el recuerdo de los mártires de la Vendée. ¡Hacéis revivir a esos trescientos mil hombres, mujeres y niños, víctimas del Terror! Dais voz a aquellos a quienes se quiso silenciar, ¡porque rechazaban la mentira de la ideología atea! ¡Rendís homenaje a aquellos a quienes se pretende ahogar en el olvido porque rechazaban que se les arrancara la libertad de creer y de celebrar la misa!
Os lo digo solemnemente: vuestro trabajo es justo y necesario. Con vuestro arte, vuestros cantos, vuestras proezas técnicas, ofrecéis al fin una digna sepultura a todos esos mártires a los que la Revolución quiso dejar sin tumbas, abandonados a los perros y los cuervos. Vuestro trabajo es más que una obra simplemente humana: es como la obra de una Iglesia.
¡Vuestro trabajo es necesario, especialmente en nuestro tiempo, que parece embobado. Frente a la dictadura del relativismo, frente al terrorismo del pensamiento que, de nuevo, quiere arrancar a Dios del corazón de los niños, necesitamos reencontrar la frescura de espíritu, la simplicidad alegre y ardiente de estos santos y mártires.
Cuando la Revolución quiso privar a los vandeanos de sus sacerdotes, todo un pueblo se sublevó. ¡Ante los cañones, estos pobres solo tenían sus bastones! ¡Frente a los fusiles, sólo poseían sus hoces! ¡Frente al odio de las columnas infernales, sólo presentaban su rosario, su oración y el Sagrado Corazón bordado en su pecho!
Hermanos, los vandeanos simplemente pusieron en práctica lo que nos enseñan las lecturas de hoy. Dios no está en el trueno ni los relámpagos, no está en el poder o el ruido de las armas, ¡se esconde en la brisa ligera!
Frente al despliegue planificado y metódico del Terror, los vandeanos sabían bien que serían aplastados. Sin embargo, ofrecieron cantando su sacrificio al Señor. Fueron esa brisa ligera, brisa aparentemente barrida por la poderosa tempestad de las “columnas infernales”.
Pero Dios estaba allí. ¡Su poder se reveló en la debilidad! La historia –la verdadera historia- sabe que en el fondo los campesinos vandeanos triunfaron. Con su sacrificio impidieron que la mentira de la ideología se erigiera en maestra. Gracias a los vandeanos, la Revolución ha tenido que quitarse la máscara y revelar su rostro de odio hacia Dios y hacia la fe. Gracias a los vandeanos, los sacerdotes no se convirtieron en los esclavos serviles de un estado totalitario y pudieron ser los servidores libres de Cristo y de la Iglesia.
Los vandeanos oyeron la llamada que Cristo nos lanza en el Evangelio de hoy: “¡Confiad! ¡Soy yo, no temáis!” Cuando rugía la tempestad, cuando la barca hacía aguas por todas partes, no tuvieron miedo…tan seguros estaban de que, más allá de la muerte, el Corazón de Jesús sería su única patria.
Hermanos míos, los cristianos necesitamos ese espíritu de los vandeanos. ¡Necesitamos ese ejemplo! ¡Como ellos, tenemos que abandonar nuestros campos y cosechas, dejar sus surcos, para combatir no por intereses humanos, sino por Dios!
¿Quién se levantará hoy por Dios? ¿Quién se enfrentará a los modernos perseguidores de la iglesia? ¿Quién tendrá el coraje de levantarse sin otras armas que el rosario y el Sagrado Corazón, para enfrentarse a las columnas de la muerte de nuestro tiempo que son el relativismo, el indiferentismo y el desprecio de Dios? ¿Quién dirá a este mundo que la única libertad por la que merece la pena morir es la libertad de creer?
Como nuestros hermanos vandeanos de otro tiempo, estamos llamados hoy a dar testimonio, es decir, ¡al martirio! Hoy en Oriente, en Pakistán, en África, nuestros hermanos cristianos mueren por su fe, aplastados por las columnas del islamismo perseguidor.
Y tú, pueblo de Francia, tú, pueblo de la Vendée, ¿cuándo te levantarás con las armas pacíficas de la caridad y la oración para defender tu fe? Amigos, la sangre de los mártires corre por vuestras venas, ¡sed fieles! Somos todos espiritualmente hijos de la Vendée mártir. Incluso nosotros, los africanos, que hemos recibido tanto de los misioneros vandeanos que vinieron a morir entre nosotros para anunciar a Cristo. Debemos ser fieles a su herencia.
Las almas de estos mártires nos rodean en este lugar. ¿Qué nos dicen? ¿Qué quieren transmitirnos? Para empezar su coraje. Cuando se trata de Dios no hay otro compromiso, ¡el honor de Dios no se disputa! Y ello debe empezar por nuestra vida personal, de oración y de adoración. Es tiempo, hermanos míos, de rebelarnos contra el ateísmo práctico que asfixia nuestras vidas. ¡Oremos en familia, pongamos a Dios en primer lugar! ¡Una familia que reza es una familia que vive! ¡Un cristiano que no reza, que no sabe dejar sitio a Dios a través del silencio y la adoración, acaba muriendo!
Del ejemplo de los vandeanos debemos también aprender el amor al sacerdocio.Se rebelaron porque sus “buenos curas” eran amenazados.
Vosotros, los más jóvenes, si sois fieles al ejemplo de vuestros mayores, ¡amad a vuestros curas, amad el sacerdocio! Debéis preguntaros: ¿Y yo, soy llamado a ser sacerdote, siguiendo a aquellos buenos curas martirizados por la Revolución? ¿Tendré la valentía de dar mi vida por Cristo y mis hermanos?
Los mártires de la Vendée nos enseñan además el sentido del perdón y la misericordia. Ante la persecución, ante el odio, guardaron en el corazón el deseo de la paz y el perdón. Recordad cómo el general Bonchamp liberó a cinco mil prisioneros solo unos minutos antes de morir. Sepamos enfrentar el odio sin resentimiento y sin acritud. ¡Somos el ejército del Corazón de Jesús y como él queremos estar llenos de dulzura!
Finalmente, de los mártires vandeanos, necesitamos aprender el sentido de la generosidad y el don gratuito. Vuestros ancestros no se batieron por sus intereses, no tenían nada que ganar. Nos dan hoy una lección de humanidad. Vivimos en un mundo marcado por la dictadura del dinero, del interés, de la riqueza. El gozo del don gratuito es despreciado y objeto de burla en todas partes. Sin embargo, solamente el amor generoso, el don desinteresado de la propia vida pueden vencer el odio por Dios y los hombres que es la matriz de toda revolución. Los vandeanos nos enseñaron a resistir estas revoluciones. Nos mostraron que frente a las columnas infernales, como frente a los campos de exterminio nazis o los gulags comunistas, ante la barbarie islamista, solo hay una respuesta posible: el don de sí, de toda la vida. ¡Solo el amor puede vencer el poder de la muerte!
Todavía hoy, tal vez más que nunca, los ideólogos de la revolución pretenden destruir el lugar natural del don de sí mismo, de la generosidad gozosa y del amor. Estoy hablando de la familia.
La ideología de género, el desprecio de la fecundidad y de la fidelidad son los nuevos slogans de esta revolución. Las familias son hoy como otras Vendées a las que hay que exterminar. Se planifica metódicamente su desaparición, como se hizo en otro tiempo en la Vendée. Estos nuevos revolucionarios se inquietan frente a la generosidad de las familias numerosas. Se burlan de las familias cristianas porque ellas encarnan todo lo que ellos odian. Están dispuestos a lanzar sobre África nuevas “columnas infernales” para presionar a las familias e imponerles la esterilización, el aborto y la anticoncepción. ¡África resistirá como hizo la Vendée! Por todas partes las familias deben ser como la punta de lanza de esta revuelta contra la nueva dictadura del egoísmo.
En adelante, en el corazón de cada familia, de cada cristiano, de cada hombre de buena voluntad, debe librarse una “Vendée interior”. ¡Todo cristiano es espiritualmente un vandeano! No dejemos que se ahogue en nosotros el don generoso y gratuito. Sepamos, como los mártires de la Vendée, extraer este don de su fuente: el Corazón de Jesús.
¡Oremos para que una poderosa y alegre Vendée interior se alce en la Iglesia y en el mundo!
Amén.
(Traducción: María Arratíbel)
Publicaciones en este blog sobre la guerra de la Vendée:


[1] En la localidad francesa de Le Puy du Fou se encuentra un parque temático inaugurado hace 40 años, que recrea la vida de los vandeanos desde la edad media hasta la actualidad. (N de T)
Fuente: Infocatólica (visto en Panorama Católico Internacional). Meme de CATOLICIDAD.
Comentario Druídico de Panorama Católico Internacional:
Bellísima y emocionante homilía. Faltó algo, sin embargo, para completar esta exhortación a revivir el espíritu vandeano: la Misa de San Luis María, la Misa Tradicional. Es muy difícil que prosperen los vandeanos en el ambiente del Novus Ordo. 

martes, 27 de diciembre de 2016

MÁS CARDENALES FAVORABLES A QUE FRANCISCO CONTESTE LAS "DUBIA"

Se estiman muchos más que prefieren, de momento, no manifestarse

Las "dubia" presentadas al Papa Francisco por los cuatro Cardenales, S. E. R. Walter Card. Brandmüller, S. E. R. Raymond Leo Card. Burke, S. E. R. Carlo Card. Caffarra y S. E. R. Joachim Card. Meisner, para que aclare varios puntos de "Amoris laetitia" que parecen contradecir la Fe Católica, ya han recibido el apoyo de otros tres Cardenales Prefectos: S. E. R. Gerhard Ludwig Card. Müller, S. E. R. Robert Card. Sarah y S. E. R. George Card. Pell, Prefectos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y de la Secretaría de Economía de la Santa Sede, respectivamente (ver aquí y aquí); de tres obispos: S. E. Mons. Jan Wątroba, Obispo de Rzeszów y Presidente del Consejo para la Familia de la Conferencia Episcopal Polaca, S. E. Mons. Jósef Wróbel, Obispo titular de Suas y auxiliar de Lublin (Polonia), y S. E. Mons. Athanasius Schneider, Obispo titular de Celerina y auxiliar de María Santísima en Astaná (Kazajistán) (ver aquí); y de vientitrés prestigiosos académicos, intelectuales y pastores católicos (ver aquí); a los que ahora se suman dos Cardenales más: S. E. R. Paul Josef Card. Cordes, Presidente emérito del Pontificio Consejo "Cor Unum". Lo ha hecho en una entrevista concedida al portal católico austríaco Kath.net y el Card. Renato Raffaele Martino (ver aquí). 


COMENTARIO DE CATOLICIDAD:

LA DISPOSICIÓN CONTRAVIENE LO DETERMINADO EN LOS SÍNODOS PARA LA FAMILIA Y SE INTENTA IMPONERLA DE MANERA ARBITRARIA 

Contrariamente a lo que dicen los defensores del sacrilegio (dar la Eucaristía a los divorciados en nueva unión), los Sínodos para la Familia no aprobaron tal medida, pues para empezar no se puede someter a votación el dogma (el haberlo hecho ya fue un abuso monstruoso e inconcebible, y si hubiese sido favorable al sacrilegio sería totalmente inválido) y, en segundo lugar, no alcanzaron los votos necesarios a favor de este sacrilegio. Por eso el texto de Amoris Laetitia contraviene los dos sínodos y fue deslizado con calzador para forzar lo que de antemano ya se había decidido en "lo oscurito". Así, la "colegialidad" -que tanto se pregona hoy en día- aplica solo cuando es favorable a lo que predeterminadamente se decidió y se arroja al cesto de la basura cuando le es contraria a la herejía modernista. Se hubieran ahorrado el gasto de ambos sínodos si no se iban a respetar los resultados de los mismos. 

Fuentes: Catholicvs y Catolicidad.

domingo, 11 de octubre de 2015

¿CUÁL ES EL TIPO DE MISERICORDIA PASTORAL QUE DEBE RESPONDER A LOS NUEVOS DESAFÍOS DE LA FAMILIA? por el cardenal Robert Sarah


¿QUÉ TIPO DE MISERICORDIA PASTORAL?

por el cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino.
Del primer capítulo de la obra: “África, nueva patria de Cristo. Contribuciones de pastores africanos al sínodo sobre la familia”*. 

Los “Lineamenta”* (N. de la R: es decir, el documento oficial que surgió tras la primera sesión del sínodo y que es la base para una ulterior discusión) indican que en el contexto eclesial mucho más amplio descrito por la “Evangelii gaudium” el nuevo recorrido marcado por el sínodo extraordinario tiene como punto de partida las “periferias existenciales”, las cuales requieren un enfoque pastoral caracterizado por una “cultura del encuentro capaz de reconocer la obra libre del Señor también fuera de nuestros esquemas habituales y asumir, sin reparos, esa condición de ‘hospital de campaña’ que tanto ayuda al anuncio de la misericordia de Dios” (introducción a las preguntas después de la “Relatio synodi”, primera parte).

La pregunta que hay que plantearse, entonces, es la siguiente: ¿cuáles son estas periferias de la vida en el nuevo contexto socio-cultural que tenemos hoy ante nosotros?

El impacto de la globalización en las culturas humanas ha sido tan destructivo que no sólo las instituciones sociales tradicionales, sino también los valores que las sostienen han sido sacudidos desde sus cimientos. A través del poder político y legislativo (con, por ejemplo, las nuevas leyes que deconstruyen la familia y el matrimonio y especulan sobre la vida humana), del poder financiero (con fondos para el desarrollo condicionados a la adopción de documentos “anti-familia” y “anti-vida”) y especialmente del poder de los medios de comunicación, una ideología relativista se está difundiendo en todas nuestras sociedades contemporáneas.

Libro escrito contra las tesis de Kasper
por once autores, todos ellos obispos
 y arzobispos africanos; entre ellos,
 siete cardenales encabezados por Sarah.
Si nos fiamos del presidente del consejo de las conferencias episcopales europeas, en los países del hemisferio septentrional “la convivencia de hecho es ya la norma”, dato confirmado por los estudios sociológicos. Vivir en una familia cristiana, según los valores del Evangelio, se ha convertido en una situación marginal respecto a la mayoría. Las familias cristianas, en este contexto, son ahora una minoría no sólo numéricamente, sino también sociológicamente. Sufren discriminaciones silenciosas, pero oprimentes e implacables. Todo está contra ellas: los valores dominantes, la presión mediática y cultural, los vínculos financieros, la legislación vigente, etc . Y la propia Iglesia, a través de documentos como los “Lineamenta”, parece que también las estén llevando hacía esa situación.

Si los “Lineamenta” están expresados en el lenguaje que vemos, ¿qué tipo de Iglesia se ocupará de este “pequeño resto”? ¿Quién hará oír la voz misericordiosa del Buen Pastor diciendo repetidamente: “No temas, pequeño grey” (Lc 12, 32)?

¿No hemos encontrado aquí tal vez la verdadera “periferia” de nuestra aldea mundial postmoderna? Esperemos que el próximo sínodo no expulse de la “gruta de Belén” (la Iglesia) a la pequeña familia cristiana que ha encontrado espacio en las fondas de la “Ciudad del rey David” (nuestro mundo globalizado). Las hermosas familias cristianas que están viviendo heroicamente los exigentes valores del Evangelio son hoy las verdaderas periferias de nuestro mundo y de nuestras sociedades, que transcurren la vida como si Dios no existiera.

Además de este “pequeño resto”, hay una segunda categoría que pide en voz alta más atención pastoral. Son las víctimas del sistema postmoderno, que no se dan por vencidas. No se sienten en casa en este mundo sin Dios. Llevan consigo la nostalgia por el calor de la “familia cristiana”, pero sienten que no tienen la fuerza necesaria para volver a ese modo de vida radicalmente evangélico.

Cardenal Sarah
A estas personas les parece que nosotros presentamos hoy una Iglesia rígida, una madre que ya no les entiende y les cierra la puerta en las narices, mientras que otros intentan convencerles de que son juzgados y condenados precisamente por las mismas personas que deberían acogerles y preocuparse por ellos. En lugar de ayudarles a descubrir el horror del pecado y a que pidan ser liberados de él, les ofrecen, sin tener ningún derecho a hacerlo, un tipo de “misericordia” que no tiene otro efecto que dejar que se hundan aún más profundamente en el mal.

Pero estos hermanos y hermanas que han sido realmente heridos por la vida no se dejan engañar. Tienen sed de verdad en sus vidas, no de conmiseración o palabras melifluas. Saben muy bien que son víctimas del sistema globalizado cuyo fin es debilitar y destruir a la Iglesia. No están entre quienes dan voz a las ideologías relativistas que deterioran los cimientos de la doctrina cristiana y anulan la Cruz de Cristo. Se ven a sí mismos como el pecador del que habla San Agustín que, aunque no se asemeja a Dios por haber perdido la impecabilidad, desea por lo menos parecerse a Él en el horror que siente por el pecado. Este, de hecho, es el motivo por el cual no quieren que nadie les impida gritar al cielo: “¿Quién nos dará la salvación?”, “Jesús, hijo de David, ¡ten piedad de mí!”, prometiéndoles en cambio algo que Cristo no ha prometido nunca que daría.

Dios nunca ha cerrado su corazón a estos hermanos y hermanas y tampoco la Iglesia, su sierva, puede hacerlo. Pero, ¿cómo puede asumir la Iglesia un enfoque pastoral de misericordia hacia ellos? Evitando vendar con la comunión sacramental una herida que no ha sido tratada por el sacramento de la reconciliación debidamente recibido.

Si su enfoque pastoral no debe ser la condena, que maltrata a la persona dañada por un herida sangrante, sino más bien la presencia compasiva, entonces la Iglesia no puede hacer creer que ignora la existencia real de las devastaciones causadas por la herida; debe, en cambio, aplicar el bálsamo de su corazón, para que así esta herida pueda ser tratada y vendada en vista de la verdadera sanación.

Esta especie de presencia respetuosa, con el renovado modo de ver las cosas que viene de Dios, nunca llamará “bueno” a algo que es malo o “malo” a algo que es bueno, como recuerda el ritual para la ordenación de los obispos. Se trata de una pastoral de esperanza y de espera, como el padre misericordioso espera al hijo prodigo. Como el Buen Pastor, la Iglesia deberá buscar a los hijos que están lejos, deberá cargarlos sobre sus espaldas, abrazarlos y no volver a lanzarlos sobre las espinas que laceraron sus vidas. Este es el significado de la misericordia pastoral.
__________

El documento surgido tras la primera sesión del sínodo sobre la familia:
Y las líneas de trabajo para la segunda sesión:
__________

*Tomado del libro: “África, nueva patria de Cristo. Contribuciones de pastores africanos al sínodo sobre la familia”. Escrito por once autores, todos ellos obispos y arzobispos africanos; entre ellos, siete cardenales, uno de los cuales es de nuevo Sarah, que firma el primero de los ensayos que es el que arriba reproducimos parcialmente. El prólogo del libro ha sido escrito por el cardenal nigeriano Francis Arinze, predecesor de Sarah a la cabeza de la Congregación para el Culto Divino. Traducción en español de Helena Faccia Serrano. Fuente: Infovaticana.com. "Eran cinco; ahora son diecisiete los cardenales anti-Kasper" por Sandro Magister.

viernes, 6 de marzo de 2015

LA IGLESIA AFRICANA CONTRA EL SACRILEGIO DE DAR LA COMUNIÓN A DIVORCIADOS CON NUEVA PAREJA


"PELIGROSA ESQUIZOFRENIA" DENOMINA EL CARDENAL SARAH A ESTA NUEVA HEREJÍA DE MANTENER LA DOCTRINA EN LA TEORÍA PERO CONTRADECIRLA EN LA PRÁCTICA

La editorial francesa Fayard se dispone a lanzar un libro en el que se entrevista a uno de los más influyentes miembros del Colegio Cardenalicio, el recientemente nombrado (noviembre de 2014) prefecto de la Congregación para el Culto Divino, cardenal Robert Sarah. Titulado “O Dios o nada” (Dieu ou rien), lleva el interesantísimo subtítulo “Entretien sur la foi” (Conversación sobre la fe).

En la presentación del libro realizada por la revista francesa Famille Chrétienne descubrimos este notable fragmento de las palabras del cardenal Sarah refutando -con toda la doctrina católica- un herético concepto argüido por el modernista cardenal Kasper quien propone la aprobación de la sacrílega comunión a los divorciados con nueva pareja.
El cardenal Sarah aniquila el "fundamento" de esta herejía kasperiana que dice sostener simultáneamente la teoría doctrinal mientras en los hechos la contradice, en nombre de la "práctica pastoral".  El purpurado advierte, además, que la Iglesia africana se mantendrá fiel a la doctrina de Cristo: "La idea de dejar el Magisterio en una bonita caja y así separarlo de la práctica pastoral -la cual evolucionaría dependiendo de las circunstancias, las modas y las pasiones-, es una forma de herejía, una peligrosa esquizofrenia patológica. Solemnemente afirmamos que la Iglesia en África se opondrá firmemente a cualquier forma de rebelión contra el magisterio de Cristo y de la Iglesia".

Fuentes: Rorate-caeli y otras.