miércoles, 5 de agosto de 2026

EL CÁNTICO DEL HIJO NO NACIDO (La Sangre que clamó antes de conocer la luz)



Por Óscar Méndez Oceguera 


I — EL LATIDO QUE TODAVÍA NO TENÍA NOMBRE

Antes de que mis ojos
aprendieran el color de tu rostro,
antes de que mis manos
buscaran la forma de las tuyas,
antes de que mi voz
pronunciara una sola sílaba,
yo vivía.

No como promesa vacía.
No como posibilidad incierta.
No como sueño suspendido.

Vida verdadera.
Alma recibida.
Ser querido desde la eternidad.

“No era recuerdo.
No era proyecto.
Era alguien.”

No conocía el viento.
No conocía la lluvia.
No conocía el alba.

Pero ya conocía tu sangre.

Porque en ella
había comenzado mi historia.


II — EL SANTUARIO HERIDO

No existe templo más oculto
que aquel donde un hombre comienza.

No de piedra.
No de cedro.
No levantado por manos.

Carne que resguarda carne.
Vida que hospeda vida.

“Todo el universo
con sus montañas,
sus mares
y sus estrellas,
nunca fabricó un recinto
más digno que un vientre materno.”

Allí
la sangre debía alimentar.

El corazón debía custodiar.

El cuerpo debía proteger.

Pero el refugio
aprendió el lenguaje del rechazo.

“La casa
conoció el miedo del huésped.”

“El nido
olvidó para qué fueron hechas las alas.”

Y donde la naturaleza
había escrito hospitalidad,

el hombre escribió expulsión.


III — LA INVERSIÓN DEL ORDEN

El árbol
no devora su semilla.

La fuente
no bebe su propio cauce.

El río
no asciende hacia la montaña.

La tierra
no rechaza la lluvia.

Todo cuanto existe
custodia aquello
de donde nace la vida.

Sólo el hombre
aprendió a levantar la mano
contra su propio principio.

“Lo que debía alimentar,
hirió.”

“Lo que debía cubrir,
desnudó.”

“Lo que debía decir:
vive,
pronunció:
desaparece.”

No fue la naturaleza.

Fue su negación.

No fue el instinto.

Fue su corrupción.

No fue necesidad del ser.

Fue ruptura del amor.


IV — EL SILENCIO DE LOS QUE NO LLORARON

Cuando cae un soldado,
las campanas responden.

Cuando muere un rey,
la historia detiene la pluma.

Cuando desaparece una ciudad,
las generaciones conservan su memoria.

Pero cuando un hijo
es arrancado del lugar
donde comenzaba su existencia,

el mundo
aprendió a callar.

“No hubo duelo.”

“No hubo nombre.”

“No hubo sepultura.”

Sólo una ausencia
administrada como si fuera progreso.

Sólo una estadística
que sustituyó un rostro.

Sólo un lenguaje
capaz de esconder
lo que las manos hacían.

“La palabra
cubrió la sangre.”

“El argumento
ocultó el grito.”

“La técnica
silenció la conciencia.”

Y el silencio
terminó pareciendo paz.


V — LA MADRE QUE TAMBIÉN LLORA

Ningún corazón
fue creado
para olvidar a su hijo.

Puede convencerse.

Puede justificarse.

Puede endurecerse.

Pero no puede dejar
de haber sido madre.

“Hay lágrimas
que no encuentran los ojos.”

“Hay duelos
que se esconden
dentro del pecho
durante toda una vida.”

La memoria
permanece donde la razón
cree haber vencido.

Porque el amor
es más antiguo
que todas las ideologías.

Y la sangre
recuerda
lo que las palabras
quisieron borrar.


VI — EL PADRE AUSENTE

También hubo un hombre.

No siempre violento.

No siempre cruel.

Muchas veces
simplemente ausente.

El que debía permanecer,
huyó.

El que debía proteger,
calló.

El que debía responder,
entregó su autoridad
al miedo.

“Muchos hijos
murieron
porque primero
murió el padre.”

No el cuerpo.

La responsabilidad.

No la fuerza.

El coraje.

Y cuando el padre
abandona su lugar,

el mundo entero
queda un poco
más huérfano.


VII — EL CIELO QUE NO OLVIDA

Ningún nombre
se pierde delante de Dios.

Lo que el mundo
registró como procedimiento,

el cielo
lo llamó por su verdadero nombre.

Lo que los hombres
redujeron a decisión,

el Amor eterno
lo conoció
como una persona.

“Ninguna vida
desaparece en la nada.”

“Ninguna alma
es olvidada
por quien la llamó al ser.”

La tierra
puede negar una tumba.

La historia
puede negar una página.

Los hombres
pueden negar un rostro.

Pero Dios
no olvida
aquello
que amó desde siempre.


VIII — EL RECLAMO

¿Quién devolverá
el primer abrazo?

¿Quién enseñará
a aquellos labios
el nombre de su madre?

¿Quién pondrá
en aquellas manos
el pan que nunca tocaron?

¿Quién devolverá
los cumpleaños
que jamás amanecieron?

¿Quién responderá
al silencio
de millones
de hijos sin memoria?

“No preguntan con odio.”

“No acusan con venganza.”

Sólo esperan
que el hombre
recuerde
quién era
antes de aprender
a llamar derecho
a lo que destruye la justicia.


Porque ninguna civilización
permanece
cuando convierte
el santuario
en matadero.

Ninguna libertad
permanece
cuando rompe
la primera alianza
del amor.

Ningún progreso
merece ese nombre
si comienza
por borrar
al más pequeño.


“Toda madre
fue creada
para decir:
vive.”

“Todo padre
fue creado
para responder:
yo te guardaré.”

“Todo hijo
fue creado
para escuchar,
algún día,
la primera palabra
que ninguna ley
podrá sustituir:

Bienvenido.”


Y mientras exista
un solo niño
a quien se le niegue
la aurora,

la tierra
seguirá esperando
que el hombre
vuelva a aprender
el significado
de una palabra
más antigua
que todas las constituciones,
más alta
que todos los imperios,
más fuerte
que toda voluntad de poder:

Padre.

Y otra,
que sostiene
al mundo entero
desde el principio:

Madre.
 

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