viernes, 19 de octubre de 2012

EXCOMULGADOS POR LA IGLESIA LOS LEGISLADORES URUGUAYOS QUE APROBARON EL CRIMEN DEL ABORTO


La Iglesia en Uruguay, declaró la excomunión



En su carta encíclica Evangelium Vitæ (62), Juan Pablo II declaró solemnemente que el aborto es siempre un desorden moral grave:

"Ante semejante unanimidad en la tradición doctrinal y disciplinar de la Iglesia, Pablo VI pudo declarar que esta enseñanza no había cambiado y que era inmutable.

Por tanto, con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos -que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina-, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente.

Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.


Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia".

Por otro lado, en el mismo artículo de ese documento, refiriéndose al canon 1398 que dice "Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latæ sententiæ (automática y reservada al obispo)", aclara "La excomunión afecta a todos los que cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices sin cuya cooperación el delito no se hubiera producido"

Antes, en el artículo 59, había dicho: "La responsabilidad implica también a los legisladores que han promovido y aprobado leyes que amparan el aborto y, en la medida en que haya dependido de ellos, los administradores de las estructuras sanitarias utilizadas para practicar abortos". 

Los obispos del Uruguay, luego de aprobada por el Parlamento la inicua ley del aborto, han aplicado la doctrina arriba expuesta:

Según informa El Observador, Monseñor Heriberto Bodeant, secretario de la Conferencia Episcopal, explicó a El Observador que los legisladores que votaron este miércoles por la despenalización del aborto se apartan de las creencias de la Iglesia Católica, por lo que quedan excomulgados*.

"La excomunión automática es para quien colabora en la ejecución de un aborto de manera directa, y directa es que se haga ese acto en concreto. (...) Si un católico vota (una ley) con una manifiesta intención de que le parece que la iglesia está mal en eso, se aparta él mismo de la comunión de la iglesia", dijo el obispo; quien además explicó en qué consiste la excomunión en términos religiosos:

"La excomunión significa decir usted no está en comunión con la comunidad eclesial a la que manifiesta abiertamente pertenecer y al hacer algo que lo pone afuera de la comunión, y por lo tanto no puede participar en la eucaristía"


El secretario episcopal volvió a ratificar la posición de la iglesia católica en este tema, al asegurar que el rechazo está fundamentado en la convicción de que la vida humana "comienza desde la concepción". "Y esa vida humana debe ser respetada", manifestó.

¡Era lo que había que hacer y se animaron a hacerlo!

* En total fueron 17 los senadores que lograron con su voto que las mujeres uruguayas puedan matar a sus hijos antes de nacer durante las doce primeras semanas del embarazo.

Fuente: Página Católica

jueves, 18 de octubre de 2012

CUMPLE UN SIGLO EL CATECISMO MAYOR DE SAN PÍO X, UNA OBRA QUE ES UNA VERDADERA JOYA DE VIGENCIA PERENNE


Enlace a esta obra al final del post

  • Todo fiel católico debería de conocerlo y estudiarlo.
  • Es una obra imprescindible en toda biblioteca y hogar católicos.
  • Fue un esfuerzo, único en la historia, de exposición didáctica de la fe que sirviese tanto a niños como adultos y con marchamo pontificio.
  • Fue publicado el 18 de octubre de 1912.

Carmelo López-Arias / ReL



La exposición de la doctrina de la fe mediante preguntas y respuestas memorizables, con vistas sobre todo a la educación infantil, ha tenido a lo largo de la historia numerosas versiones. En España las más célebres son las de los jesuitas Gaspar Astete (1537-1601) y Jerónimo Martínez de Ripalda (1536-1618), ampliamente utilizadas hasta el último tercio del siglo XX.

Una idea de medio siglo antes

De ahí la singularidad histórica del Catecismo Mayor de San Pío X, de cuya publicación el 18 de octubre de 1912 se cumple este jueves un siglo. La pretensión del Papa Giuseppe Sarto era que ese libro sirviese para la enseñanza de la doctrina cristiana no sólo para niños, sino para adultos de cultura media, y que gozase de la universalidad propia de una obra encargada por el sucesor de Pedro.

El desafío era grande, porque la dificultad de formular preguntas y respuestas de forma que no resultase ni demasiado complicada para los pequeños, ni demasiado infantil para los mayores, parecía insoslayable. A esto se añadía la diversidad de culturas nacionales, en particular en países de misión, y la necesaria adaptación a sistemas y tradiciones de enseñanza muy distintos.

La idea provenía del Beato Pío IX, quien la sugirió al Concilio Vaticano I. La Santa Sede lo redactaría, y los obispos se encargarían de la traducción y de su eventual enriquecimiento con capítulos adaptados a sus necesidades particulares. La propuesta fue aprobada, pero el brusco final del concilio por la guerra franco-prusiana en 1870 impidió su ejecución.

El empeño de monseñor Sarto

San Pío X en los jardines vaticanos
En 1889, sin embargo, durante la celebración en Piacenza del I Congreso Catequístico Italiano, el entonces obispo de Mantua, Giuseppe Sarto, quiso relanzar la idea y propuso que se enviase al Papa León XIII una petición: "Que ordene la redacción de un Catecismo de la Doctrina Cristiana fácil y popular, en forma de preguntas y respuestas muy breves, dividido en partes, y que lo declare obligatorio para toda la Iglesia".

Pero este petición no surtió efecto por falta de un impulsor adecuado. Años después monseñor Sarto fue elevado al Patriarcado de Venecia y al cardenalato, y cuando fue elegido Papa en 1903 se puso manos a la obra de forma inmediata.

El 15 de julio de 1905 fue prescrito en una primera redacción, que se basaba básicamente en el catecismo que ya se empleaba en las diócesis lombardas. No resultó, sin embargo, del todo satisfactoria para el Papa, quien por otra parte, fiel a su vocación de pastor de almas, gustaba de enseñar él mismo el catecismo en los patios de San Dámaso o de la Piña, en el Vaticano.

Nombró entonces en 1909 una comisión que perfeccionase el texto, dando lugar al resultado definitivo, un poco más breve que el de 1905. Es el que hoy conocemos, publicado el 18 de octubre de 1912.

Fe, liturgia, historia

El Catecismo Mayor de San Pío X se divide en tres grandes áreas: "De la doctrina cristiana y de sus partes principales", donde se abordan el Símbolo de los Apóstoles o Credo, la oración, los mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia, los sacramentos y las virtudes principales y "otras cosas necesarias que ha de saber el cristiano"; una segunda parte, la "Instrucción sobre las fiestas del Señor, de la Santísima Virgen y de los Santos"; y la tercera, una "Breve historia de la religión", que abarca Antiguo y Nuevo Testamento, y un resumen de historia de la Iglesia.

Aunque fue traducido con celeridad a diferentes lenguas y gozó de amplia aceptación, nunca fue oficialmente un texto obligatorio para toda la Iglesia, sino sólo para la diócesis de Roma. Sí sigue siendo, sin embargo, el mejor resumen de la doctrina católica que puede encontrarse en el nivel para el que está escrito, con el valor añadido de que lo elaboró, merced a una decisión y un esfuerzo muy personales, el único Papa canonizado en los últimos cuatrocientos años de la historia de la Iglesia.
 

ENLACES AL CATECISMO MAYOR


Prescrito por San Pío X el 15 de julio de 1905 y publicado el 18 de octubre de 1912.
Edición de 1973
S.S Pío X


DE LA DOCTRINA CRISTIANA
Y DE SUS PARTES PRINCIPALES
Haz click:
INSTRUCCIÓN SOBRE LAS FIESTAS DEL SEÑOR, DE LA SANTÍSIMA VIRGEN Y DE LOS SANTOS


ENLACES A OTROS CATECISMOS:

Haz click: 

CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA, Primer Grado - Madrid, 1964
CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA, Segundo Grado - Madrid, 1958 .
CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA, Escrito por el P. Gaspar Astete (El "Astete") .
CATECISMO DE LA REALEZA SOCIAL DE N. S. JESUCRISTO Urge su estudio, hoy en día. 
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miércoles, 17 de octubre de 2012

LA BATALLA DE CLAVIJO Y EL MILAGRO DE SANTIAGO (video y texto)


Castillo de Clavijo

Leyenda o realidad, o parte y parte*, los hechos referidos sobre la batalla de Clavijo han marcado una profunda huella en la historia de España.

Clavijo, enclave que se encuentra a 17 kilómetros de Logroño, ha sido considerado como uno de los lugares más emblemáticos de la Reconquista Española. En dicho emplazamiento crónicas medievales hacen referencia a una de las batallas más carismáticas de la cruzada peninsular, no tanto por la táctica, como por la aparición de Santiago Apóstol al Rey Ramiro I.

El Rey Ramiro I de Asturias, se niega a conceder el Tributo de las Cien Doncellas a Abderramán III, con lo que rompe con la neutralidad que el impuesto brindaba. La negativa de la entrega anual de 100 mujeres jóvenes cristianas a los moros a cambio de la paz, es el motivo del conflicto.

El Rey reunió y convocó a toda la región contra los paganos siendo, en un primer momento, derrotados en Albelda (La Rioja), no pudiendo más que refugiarse en el castillo de Clavijo en Monte Laturce. Sabiéndose vencido por la diezma de sus tropas, cuentan las crónicas que en ensoñaciones se le apareció el Apóstol Santiago y le dijo:

"Sepas que Nuestro Señor Ihesu Cristo partio a todos los angeles mis hermanos las prouincias dela tierra e a mi solo dio a España, e sey fuerte e firme en tus fechos, ca yo so Santiago apostol de Ihesu Cristo que vengo por te ayudar. E sepas por verdad que enla mañana venceras conel ayuda de Dios todos estos moros que te tienen cercado avnque moriran munchos delos tuyos, a los quales esta aparejada la gloria de parayso. E por que desto seas cierto ver me has enla mañana encima de vn cauallo blanco con vna seña blanca e grand espada reluziente enla mano. E luego enla mañana confesar vos hedes e rescebiredes el cuerpo de Nuestro Señor Ihesu Cristo e fecho esto non dubdedes de ferir enlos moros llamando 'Dios ayuda a Santiago' que sepas ciertamente que todos los venceras e meteras a espada".


La más antigua crónica conocida data de 1243:
 "De rebus hispaniæ" de Rodrigo Jiménez de Rada


Al día siguiente los ejércitos de Ramiro I, animados por la presencia del Apóstol montado en un corcel blanco, vencieron a sus oponentes.

La batalla de Clavijo, fechada el 23 de mayo del año 844, es una de las claves para que actualmente entendamos el movimiento jacobeo en España. El Camino de Santiago y Santiago de Compostela se convirtieron en la Edad Media, en los lugares de peregrinación por excelencia de los cristianos, al mismo nivel que Jerusalén y Roma.

Las apariciones del Santo recorrerán todo el territorio peninsular mezclándose la realidad con la devoción en la Historia Oficial.

Como agradecimiento de la ayuda prestada en el batalla se instaura el Voto de Santiago. El Rey Ramiro I, dispuso la realización del Voto de Santiago. Será en la Calahorra el 25 de mayo de 844, por medio de un solemne privilegio se concede a la Iglesia de Santiago de Compostela un impuesto procedente de todas las regiones españolas, que comprendía tanto cosechas como botines de guerra e, incluso se crea el compromiso de viajar y peregrinar a Santiago llevando ofrendas. En 1812 es abolido en las Cortes de Cádiz, aquí sorprende que el incumplimiento del Voto por parte de la Nación española haya sido el prólogo al hundimiento de España como potencia en el S.XIX. En 1936 es rehabilitado y renovado simbólicamente por el Rey de España cada año el 25 de mayo, considerando al Apóstol Santiago como patrón protector de España.

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* Aspecto que no se pretende dilucidar aquí, pues es un tema de controversia entre los historiadores y éstos no se ponen de acuerdo. Sin embargo -según considera Alfredo Gil del Río-, se puede afirmar, contrastando las diversas crónicas, que la famosa batalla de Albelda tuvo como escenario las inmediaciones de Clavijo en el año 860, pero no en el 844, que es la fecha que la tradición fija.



NOTA DE CATOLICIDAD (precisión histórica al video): El rey Ramiro I era de Asturias, pues León como reino surge más tarde como continuador del Reino de Asturias.
Fuente: YouTube




Apóstol de Jesús  "Santiago, el Hijo de Zebedeo o el Mayor" (Jacobus), era el hermano mayor de Juan, ambos originarios de Betsaida habitaban en la cercana Cafarnaún, trabajando en el negocio familiar de pesca en las riberas del Lago de Genesaret; pertenecían, pues, a una familia de modestos propietarios con su padre Zebedeo. Estaban asociados con otra pareja de hermanos, Pedro y Andrés en la industria de la pesca del lago para cuyo trabajo contaban con empleados ocasionales. De este círculo de pescadores Jesús se llevó sus cuatro primeros discípulos: Pedro y su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan.

Santiago, gozaba de especial confianza y relación con Jesús, como uno de los discípulos básicos, destacándose con Pedro y Juan del resto de los discípulos, obteniendo el puesto de testigo privilegiado en los momentos más importantes. El mismo Jesús apodó a Santiago y a Juan con el sobrenombre de "hijos del trueno" ( Mc, III, 17 ). Santiago el Mayor, según una vieja tradición, predicó el Cristianismo por la Hispania romana antes de regresar a Palestina donde fue decapitado. Más tarde sería trasladado de nuevo a Hispania por sus discípulos para ser enterrado en la costa gallega.

Desde el descubrimiento del sepulcro en el siglo IX hasta el siglo XIII, la Ruta Jacobea (Camino de Santiago) evoluciona hasta convertirse en la principal ruta de peregrinación de occidente desplazando a las de Jerusalén y Roma.

 
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martes, 16 de octubre de 2012

LAS HUELLAS DE CRISTO (video)



Cuidado con los mensajes comerciales de YouTube, en ocasiones promocionan sitios de sectas anticatólicas que se anuncian -tramposamente- en videos católicos buscando sorprender, como hace el salteador de caminos.

Ver video

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lunes, 15 de octubre de 2012

¿EN CUÁL TRINCHERA ESTÁS TÚ?



“Dios no solamente ha puesto una enemistad, sino enemistades, y no sólo entre María y el Demonio, sino entre la raza de la Santísima Virgen y la raza del Demonio. Es decir, que Dios ha puesto enemistades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos del Diablo; ellos no se aman mutuamente no tienen correspondencia interior unos con otros. Los hijos de Belial, los esclavos de Satán, los amigos del mundo (pues es la misma cosa), han perseguido siempre hasta aquí y perseguirán más que nunca a aquellos y aquellas que pertenecen a la Santísima Virgen. (…) Pero la humilde María tendrá siempre la victoria sobre ese orgulloso tan grande, que llegará hasta aplastarle la cabeza donde reside su orgullo”.


San Luis María Grignon de Montfort.
 Ver texto íntegro AQUÍ
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domingo, 14 de octubre de 2012

sábado, 13 de octubre de 2012

RECORDATORIO DE ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS TRECE DE CADA MES


Te recordamos que hoy, como cada mes, oraremos cinco minutos por las intenciones que se explican en el siguiente enlace:

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viernes, 12 de octubre de 2012

PALABRAS DE LEÓN XIII A PROPÓSITO DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

Con el espíritu de España hinchando el velamen de sus tres carabelas, vence el misterio del mar tenebroso y hace honor al sentido providencial de su nombre: Cristóbal, “Christum ferens”,  “portador de Cristo”.




Recordamos las palabras de su santidad el Papa León XIII, al celebrarse el 400 aniversario de la gesta de Colón:

Al cumplirse cuatrocientos años desde que un hombre ligur, con el auspicio de Dios, llegó por primera vez a las ignotas costas que se encuentran al otro lado del Océano Atlántico, los hombres desean con ansias celebrar la memoria de este evento de grato recuerdo, así como ensalzar a su autor. Y ciertamente no se encontrará fácilmente causa más digna de mover los ánimos e inflamar las voluntades. En efecto, este evento es por sí mismo el más grande y hermoso de todos los que tiempo alguno haya visto jamás; y aquél que lo realizó es comparable con pocos hombres por la magnitud de su valor e ingenio. Por obra suya emergió de la inexplorada profundidad del océano un nuevo mundo: cientos de miles de mortales fueron restituidos del olvido y las tinieblas a la comunidad del género humano, fueron trasladados de un culto salvaje a la mansedumbre y a la humanidad, y lo que es muchísimo más, fueron llamados nuevamente de la muerte a la vida eterna por la participación en los bienes que nos trajo Jesucristo.

Europa, atónita por el milagro y la novedad de este súbito suceso, ha conocido después, poco a poco, cuánto le debe a Colón, cuando debido al establecimiento de colonias en América, los asiduos viajes, los intercambios comerciales, los negocios marítimos, se abrió increíblemente el acceso al conocimiento de la naturaleza, y al bien común, y creció con ello de modo admirable el prestigio del nombre de Europa.

Así pues, en tan grandiosa manifestación de honor, y entre tal sinfonía de voces agradecidas, la Iglesia ciertamente no ha de permanecer en silencio, sobre todo cuando ha tenido por costumbre e institución suya aprobar gustosamente y tratar de fomentar todo cuanto haya visto de honesto y laudable. Ésta conserva los singulares y mayores honores a las virtudes más destacadas y que conducen a la salvación eterna del alma. No por ello, sin embargo, desdeña o estima en poco a las demás; más aún, con gran voluntad ha solido siempre promover y honrar de modo especial los méritos obtenidos por la sociedad civil de los hombres, también si han alcanzado la inmortalidad en la historia. Admirable, en efecto, es Dios sobre todo en sus santos; no obstante, su divino poder deja también huellas en aquellos en quienes brilla una fuerza extraordinaria en el alma y en la mente, pues no de otro lugar viene a los hombres la luz del ingenio y la grandeza del alma, sino tan sólo de Dios, su Creador.

Hay además otra causa, ciertamente singular, por la que creemos que se ha de recordar con grata memoria este hecho inmortal: Colón es de los nuestros. Si por un momento se examina cuál habría sido la causa principal que lo llevó a decidir conquistar el mar tenebroso, y por qué motivo se esforzó en obtenerlo, no se puede poner en duda la gran importancia de la fe católica en el inicio y realización de este evento, al punto que también por esto es no poco lo que debe a la Iglesia el género humano.

En efecto, no son pocos los hombres fuertes y experimentados que tanto antes como después de Colón buscaron con esfuerzo pertinaz tales tierras ignotas y tales aún más ignotos mares. Su memoria es y será justamente predicada por su fama y el recuerdo de sus beneficios, ya que propagaron los fines de las ciencias y de la humanidad, e incrementaron la común prosperidad, no fácilmente, sino con gran esfuerzo, y no raramente a través de inmensos peligros.

Ocurre, sin embargo, que hay una gran diferencia entre aquéllos y aquel de quien hablamos en esta ocasión. Una característica distingue principalmente a Colón: al recorrer una y otra vez los inmensos espacios del océano iba tras algo mucho más grande y elevado que todos los demás. Esto no quiere decir que no lo moviese en nada el honestísimo deseo de conocer o de ser bien apreciado por la sociedad humana, o que desdeñase la gloria, cuyas penas más ásperas suelen estar en los hombres más valerosos, o que despreciase del todo la esperanza de obtener riquezas. No obstante, mucho más decisiva que todas estas razones humanas fue para él la religión de sus padres, que ciertamente le dio mente y voluntad indubitables, y lo proveyó a menudo de constancia y solaz en las mayores dificultades. Consta, pues, que esta idea y este propósito residían en su ánimo: acercar y hacer patente el Evangelio en nuevas tierras y mares.

Esto podrá parecer poco verosímil para quien reduzca su pensamiento y sus intereses a esta naturaleza que se percibe con los sentidos, y se niegue a mirar realidades más altas. Por el contrario, suele suceder que los más grandes ingenios desean elevarse cada vez más, y así están preparados mejor que nadie para acoger el influjo y la inspiración de la fe divina. Ciertamente Colón unió el estudio de la naturaleza al de la religión, y conformó su mente a los preceptos que emanan de la íntima fe católica. Por ello, al descubrir por medio de la astronomía y el estudio de los antiguos la existencia hacia el occidente de un gran espacio de tierra más allá de los límites del orbe conocido, pensaba en la inmensa multitud que estaría aún confusa en miserables tinieblas, crueles ritos y supersticiones de dioses vanos. Triste es vivir un culto agreste y costumbres salvajes; más triste es carecer de noticia de mayores realidades, y permanecer en la ignorancia del único Dios verdadero. Así pues, agitándose esto en su ánimo, fue el primero en emprender la tarea de extender al occidente el nombre cristiano y los beneficios de la caridad cristiana. Y esto se puede comprobar en la entera historia de su proeza.

Cuando se dirigió por primera vez a Fernando e Isabel, reyes de España, por miedo a que rechazasen emprender esta tarea, les expuso con claridad su objetivo: para que creciera su gloria hasta la inmortalidad, si determinasen llevar el nombre y la doctrina de Jesucristo a regiones tan lejanas. Y habiendo alcanzado no mucho después sus deseos, dio testimonio de que pidió a Dios que con su gracia y auxilios quieran los reyes continuar en su deseo de imbuir estas nuevas costas con el Evangelio. Se apresuró entonces a dirigir una carta al Sumo Pontífice Alejandro VI pidiéndole hombres apostólicos. Allí le dice: confío, con la ayuda de Dios, en poder algún día propagar lo más ampliamente posible el sacrosanto nombre de Jesucristo y su Evangelio. Juzgamos que también debe haberse visto transportado por el gozo cuando al retornar por primera vez de la India escribió desde Lisboa a Rafael Sánchez que había dado inmortales gracias a Dios por haberle concedido benignamente tan prósperos éxitos, y que había que alegrarse y vitorear a Jesucristo en la tierra y en el cielo por estar la salvación ya próxima a innumerables gentes que estaban antes perdidas en la muerte. Y para mover a Fernando e Isabel para que sólo dejasen que cristianos católicos llegaran hasta el Nuevo Mundo e iniciaran las relaciones con los indígenas, les dio como motivo el que no buscaba nada más que el incremento y la honra de la religión cristiana. Esto fue comprendido excelentemente por Isabel, que entendió mejor que nadie el propósito de este gran varón. Más aún, se sabe que esta piadosísima mujer, de viril ingenio y gran alma, no tuvo sino el mismo propósito. De Colón afirmó que con gusto se dirigiría al vasto océano para realizar esta empresa tan insigne para gloria de Dios. Y cuando retornó por segunda vez escribió a Colón que habían sido óptimamente empleados los aportes que había dado a las expediciones a las Indias, y que habría de mantenerlos, pues con ellos habría de conseguir la difusión del catolicismo.

De otro modo, si no hubiese sido por esta causa mayor que toda causa humana, ¿de dónde podría haber obtenido la constancia y la fortaleza de ánimo para soportar, incluso hasta el extremo, cuando tuvo que soportar y sufrir? Sabemos que le eran contrarias las opiniones de los eruditos, los rechazos de los hombres más importantes, las tempestades del furioso océano, las continuas vigilias, por las que más de una vez perdió el uso de la vista. Experimentó guerras con los bárbaros, la infidelidad de sus amigos y compañeros, infames conspiraciones, la perfidia de los envidiosos, las calumnias de sus detractores, los grillos que le impusieron siendo inocente. Por necesidad tendría que haber sucumbido ante tan grandes sufrimientos y ataques, si no lo hubiese sostenido la conciencia de la hermosísima tarea, gloriosa para el nombre cristiano y saludable para una infinita multitud, que sabía que iba a realizar.

Que esto sucedió así lo ilustra admirablemente cuanto sucedió en aquel tiempo, pues Colón abrió el camino a América en un momento en que estaba cercana a iniciarse una gran tempestad en la Iglesia. Por eso, en cuanto sea lícito considerar los caminos de la Providencia a partir de los eventos acontecidos, parece que este adorno de la Liguria nació por un designio verdaderamente singular de Dios, para reparar los daños que en Europa se infligirían al nombre católico.

Llamar al género de los Indios a la vida cristiana era ciertamente tarea y misión de la Iglesia. Y ciertamente la emprendió en seguida desde el inicio, y sigue haciéndolo, habiendo llegado recientemente hasta la más lejana Patagonia. Por su parte, Colón orientó todo su esfuerzo con su pensamiento profundamente arraigado en la tarea de preparar y disponer los caminos al Evangelio, y no hizo casi nada sin tener como guía a la religión y a la piedad como compañera. Conmemoramos realidades muy conocidas, pero que han de ser declaradas por ser insignes en la mente y el ánimo de aquél hombre. A saber, obligado por los portugueses y por los genoveses a partir sin ver cumplida su tarea, se dirigió a España y maduró al interior de las paredes de una casa religiosa su gran decisión de meditada exploración, teniendo como compañero y confesor a un religioso discípulo de San Francisco de Asís. Siete años después, cuando iba a partir al océano, atendió a cuanto era preciso para la expiación de su alma. Rezó a la Reina del Cielo para que esté presente en los inicios y dirija su recorrido. Y ordenó que no se soltase vela alguna antes de ser implorado el nombre de la Trinidad. Luego, estando en aguas profundas, ante un cruel mar y las vociferaciones de la tripulación, era amparado por una tranquila constancia de ánimo, pues Dios era su apoyo.

El propósito de este hombre se ve también en los nombres mismos que puso a las nuevas islas. Al llegar a cada una, adoraba suplicante a Dios omnipotente, y tomaba posesión siempre en el nombre de Jesucristo. Al pisar cada orilla, lo primero que hizo fue fijar en la costa el sacrosanto estandarte de la Cruz; y fue el primero en pronunciar en las nuevas islas el divino nombre del Redentor, que a menudo había cantado en mar abierto ante el sonido de las murmurantes olas. También por esta causa empezó a edificar en la Española sobre las ruinas del templo, y hacía preceder las celebraciones populares por las santísimas ceremonias.


He aquí, pues, adónde miraba y qué hizo Colón al explorar tan grandes extensiones de mar y tierra, inaccesibles e incultas hasta esa fecha, pero cuya humanidad, nombre y riqueza habría luego de crecer rápidamente a tanta amplitud como vemos hoy. Por todo ello, la magnitud del hecho, así como la importancia y la variedad de los beneficios que le siguieron, demandan ciertamente que sea celebrada con grato recuerdo y todo honor; pero ante todo habrá que reconocer y venerar de modo singular la voluntad y el designio de la Eterna Sabiduría, a quien abiertamente obedeció y sirvió el descubridor del Nuevo Mundo.

Así pues, para que el aniversario de Colón se realice dignamente y de acuerdo a la verdad, ha de añadirse la santidad al decoro de las celebraciones civiles. Y por ello, tal como cuando se recibió la noticia del descubrimiento se dio públicamente gracias a Dios inmortal y providentísimo por indicación del Sumo Pontífice, así también ahora consideramos que se haga lo mismo para renovar la memoria de este feliz evento. Decretamos por ello que el día 12 de octubre, o el siguiente día domingo, si así lo juzga apropiado el Ordinario del lugar, se celebre después del Oficio del día el solemne rito de la Misa de la Santísima Trinidad en las iglesias Catedrales y conventuales de España, Italia y de ambas Américas. Confiamos asimismo en que, además de las naciones arriba mencionadas, las demás realicen lo mismo por consejo sus Obispos, pues cuanto fue un bien para todos conviene que sea piadosa y gratamente celebrado por todos.

Entre tanto, deseándoles los bienes divinos y como testimonio de Nuestra paternal benevolencia, os impartimos de corazón, a vosotros Venerables Hermanos, lo mismo que a vuestro clero y pueblo, la bendición apostólica en el Señor.

Dado en Roma, en San Pedro, el día 16 de julio del año 1892, decimoquinto de Nuestro Pontificado.
León PP. XIII